viernes, 23 de mayo de 2008

Fernández Míguel

Sí, Fernández Míguel, en ese orden y con esa tilde en la i.
Durante buena parte de mi vida fue mi mejor amigo. Mi único amigo tal vez, posiblemente...
Crecí con él y desapareció cuando crecí, pero en cierta forma nunca se fue, porque en cierta forma nunca estuvo. Y sin embargo era tan real...

Fernández Míguel fue mi amigo invisible hasta que un día se despidió de mí y dejé de saber de él. No tengo muy claro cuando llegó ni cuando se fue, y nunca me dijo porque se llamaba así. Nadie lo supo jamás y buscando en mi pequeña biografía no hay ningún rastro de ningún Miguel Fernández para inspirarme, aparte del poeta, que era un ilustre desconocido para mí cuando era un niño. Así que todo debió ser producto de mi imaginación, aunque muchas veces prefiero fantasear con que fue alguien de verdad. Y, de verdad, para mí fue alguien...

Sé, o creo saber, porque llegó, y me imagino el motivo de que desapareciera. Yo era un niño solitario, con hermanos demasiado mayores para jugar con ellos y ninguna persona de mi edad cerca para sentirme identificado. Así que seguramente me inventé a alguien, una persona que era todo lo que yo no era y a la que dejaban hacer todo lo que a mí me prohibían. Si a mí me enviaban a la cama pronto yo protestaba porque a Fernández Míguel le dejaban quedarse a ver la tele (Shogun, "Hai, Toranaga Sama"). Y si a mí me obligaban a bajarme de un árbol, Fernández Míguel me decía que no tenía porqué, que allí se estaba bien.

Yo era un niño bastante listo, muy curioso, con hermanos mayores a mi alrededor para alimentar muchas inquietudes. Jugaba con mis click y mis construcciones de Lego y Tente, y me entretenía dibujando o haciendo juguetes. Y escuchaba, mucho. Pero a veces debía estar demasiado solo. Y Fernández Míguel rellenó un hueco.
Más tarde, cuando empecé a ir al colegio, debió desaparecer perdido en alguna circunvolución de mi cerebro, entre los pollitos que una vez tuve de mascotas y los paseos que me daban en sus motos los amigos de mi hermano mayor. Creé mi primer círculo de amigos de verdad, aprendí a leer para ampliar mi mundo y dejé de estar solo, deje de necesitarle... Y un día, sin más, ya no estaba, se habia ido.

Aun hoy recuerdo a Fernández Míguel con mucho cariño. Más que a algunos amigos de carne y hueso que tuve y desaparecieron de mi vida tanto como él.
Y aunque no tenga ni idea de como era físicamente (nunca lo supe en realidad) y sea imposible identificarle con algo concreto, es una presencia muy viva en mi memoria...

Aunque alguno se hizo realidad, nunca uno de mis sueños fue tan real como él. Así que...

Hola Fernández Míguel. Nos seguiremos viendo.

PD: En la foto, Fernández Míguel, volviendo del trabajo.

4 comentarios:

STEVE dijo...

aunque la imatge parece ser que con la mano derecha el mismo se fotgrafia......... que mundo el nuestro..que te voy a explicar.
un abrazo

oligoqueto dijo...

Pues en realidad la foto se la tomé yo...
Saludos.

Luna Carmesi dijo...

Que buena gente esta... La que no te falla.
;-)

Anónimo dijo...

Esta es una de las entradas que esperaba con ganas! Paradójica personalidad ésta, con un nombre tan sonoro y sugerente siempre me lo imaginé como un tipo serio que inevitablemente terminaría por ir a trabajar con traje y cartera en ristre (¿qué será "en ristre"?). ¿Ya no se sube a los árboles, donde se está tan bien :-P? Bonita foto y bonita historia, sigo esperando,...

Un abrazo!