lunes, 31 de marzo de 2008

Estoy embarazado, querida...

Ayer, mientras cenaba con unos amigos, apareció en la conversación la noticia del transexual Thomas Beatie, que está embarazado de más de 5 meses.
Para el amigo que sacó el tema, era un hecho chocante, y le resultaba raro y muestra de una especie de desorden de la sociedad. De que las cosas sucedían de formas cada vez más extrañas.
El tema le había surgido durante una conversación con sus compañeros de trabajo, en una producción televisiva. Al ser el único que pensaba así, le habían caído una serie de (des)calificaciones como carca y casposo, pero eso no le había hecho cambiar de idea.

Después de hablarlo ayer y de pensarlo con un poco de detenimiento, yo soy de los que apoyan la decisión del señor Beatie. En principio, no estoy de acuerdo con que los transexuales se queden embarazados, así sin más. Respeto mucho su decisión de cambiar de sexo, pero considero que, una vez tomada, debe ser "ejecutada" en todas sus consecuencias, lo cual excluye el quedarse embarazado. Es una cuestión más de valores personales que de moral, de una coherencia con una decisión que, por su importancia, debería ser mantenida hasta sus últimas consecuencias, pues al tomarla se rectificó la esencia de la consideración de esa persona. Y eso debería suponer una responsabilidad muy grande con él mismo y con la gente que forma parte de su vida.

Pero en éste caso en concreto concurre una situación extraordinaria que he decidido valorar especialmente: El señor Beatie y su pareja, Nancy, desean ser padres y lo han intentado por otros medios, pero ella ha resultado ser estéril.
A partir de ese punto, surge la obligación de sopesar si la responsabilidad asumida con la decisión del cambio de sexo es mayor que la de ser padre. Estimar los posibles beneficios y perjuicios que conlleven las diferentes posibilidades. Y valorar así si la opción escogida es o no un error.

Planteándome fríamente la situación, creo que entiendo y respeto la decisión que han tomado. Esta claro que es una situación extraña, y que puede descolocar a más de uno ver a un hombre embarazado, pero ese no es motivo para no llevarlo a cabo. Y parece bastante claro que no es una decisión tomada para ganar fama o por cualquier otra razón banal. No, es una decisión seria impulsada por un deseo legitimo y en busca de un fin que justifica lo rocambolesco de todo el caso.

No niego que podría haber otras opciones que también cumplirían el deseo y resultarían menos "raras". Y si tuviese que decidir yo, posiblemente no sería esa la que escogería.
Pero no veo maldad en la decisión, ni motivo suficiente para oponerme. Así que espero que Nancy y Thomas tengan suerte, y todo salga bien. Y que su hijo o hija sea muy feliz y muy querido, y no sufra rechazo de nadie por lo curioso de su concepción.
Lo demás, honestamente, me da igual.

1 comentario:

David dijo...

Lo cierto es que yo me he planteado este debate por otros derroteros. Además todavía no he logrado posicionarme, me falta información.

Más que la cuestión de la identidad de genero de los padres y de lo extraña que pueda resultar la situación por los roles de cada uno de ellos en la familia, lo que creo que se debe pensar en estos casos es en el bienestar de los hijos.

Lo que me pregunto es si es ético traer al mundo a una persona cuando se sabe de antemano que no hay suficientes garantías de hacerlo con éxito. No estamos ante uno de esos casos extremos en los que los padres saben a ciencia cierta que su hijo o hija heredará una enfermedad grave. Ni siquiera estamos ante una persona con problemas de salud, o no exáctamente. Pero el progenitor es alguien que ha estado alterando su cuerpo de forma que ha anulado en parte su capacidad de ser madre. Además lo ha hecho conscientemente y por propia voluntad, por lo que es doblemente responsable de los posibles perjuicios en los que eso pueda derivar.

Si todavía no he tomado postura en esta cuestión es porque desconozco si el bebé realmente puede nacer con secuelas o corre algún tipo de riesgo. Me gustaría creer que es en esto en lo que pensaron los médicos cómplices de esta situación, porque de lo que sí estoy seguro es de que sin el seguimiento de un endocrino que suministre adecuadamente hormonas y de otros doctores, esto no puede llegar a buen puerto.