miércoles, 30 de abril de 2008

José Alfredo.

A José Alfredo Jiménez le conocía desde hace tiempo porque es un compositor de rancheras (el más grande para algunos) que le gustaba especialmente a Enrique Urquijo. Y alguien que ha crecido escuchando a Los Secretos y a Los Problemas, necesariamente ha oído alguna versión de sus canciones.

Pero este no es un post sobre música, sino sobre un bar. Un bar muy especial que lleva su nombre y que descubrí gracias a mi amigo Luca, que me llevó hace no mucho mientras esperábamos mesa para cenar en un restaurante cercano y que me pareció una joya especialmente comentable.

El José Alfredo es un bar muy agradable que homenajea al señor Jiménez como el rey de la parranda que fue. Evidentemente, quiere recordar su vena fiestera y divertida, aunque olvida que murió de cirrosis hepática y que quizás ese no sea el mejor nombre para un local que ofrece cócteles alcohólicos como la mayor de sus atracciones. Pero se le perdona la frivolidad porque seguramente se le ha puesto el nombre más con cariño y desconocimiento que con ánimo de recordar su alcoholismo.

Decorado con una estética muy setentera, con cómodos asientos y mesas bajas al fondo y espejos y terciopelo de cardenal en las paredes, es un lugar estupendo para tomarse un buen combinado (San Francisco en mi caso, porque no me ofrecían ningún otro sin alcohol) mientras se conversa ligeramente con los amigos. No es especialmente barato, porque los cócteles nunca lo son, pero resulta un lugar muy confortable, con su buena música a volúmenes de charla, sus asientos acolchados y su luz tenue.
Imagino que se va volviendo incómodo al profundizar en la noche, pues supongo que se llena irremisiblemente según muere el día, pero como sitio para empezar pronto la salida con los amigos resulta perfecto.

Es ante todo acogedor, así que no esperes un local donde emborracharte al ritmo de cualquier música repetitiva. Se encuentra en la calle Silva 22, casi enfrente de la mítica tienda Madrid Comics, y os lo recomiendo a todos seáis o no bebedores, para disfrutar una buena charla alrededor de sus mesas mientras se buscan miradas en sus juegos de espejos.
Un lugar de lo más placentero.

martes, 29 de abril de 2008

Bodies.

Como estaban a punto de quitarla aquí en Madrid y ya llevaba tiempo deseando verla, me he pasado a ver la exposición "Bodies", esa tan interesante que te enseña como es el ser humano desde dentro , a través de cuerpos reales donados a la ciencia.

La verdad es que me hubiese encantado verla hace muchos años, cuando, de niño, pensaba que el interior de los cuerpos era como enseñaban los gráficos de los libros de ciencias. O al menos hace unos cuantos, cuando estudiaba biología y las imágenes de cortes histológicos eran a veces demasiado abstractas. Porque es una exposición diseñada para llamar la atención de aquellos que no saben mucho, y para ser disfrutada en profundidad por aquellos que saben un montón. Y porque yo me he quedado en tierra de nadie y he salido de la muestra con la sensación de que la había aprovechado poco.

Recomiendo encarecidamente (bonita palabra, encarecidamente) ir a verla si aun se está a tiempo. Y recomiendo no dejar de coger las audio-guías, porque sino es muy posible que resulte un poco corta. Yo no lo hice y tan solo me pasé 25 minutos andando entre los muertos, recordando mis clases de histología, fisiología y embriología. Pero cualquiera dispuesto a escuchar e intentar comprender los mensajes de la audio-guía sacará un partido enorme a la colección. Porque, sin duda, la colección merece la pena.

Dividida en secciones centradas en distintos sistemas, la exposición comienza enseñándonos la distribución y funciones de los huesos, músculos y piel. Nos enseñan nuestras formas y porque somos como somos, para ir después adentrándonos en órganos más complejos. Y así, poco a poco, vamos viendo el cerebro, el corazón, el sistema circulatorio y respiratorio, el sistema nervioso, el digestivo y el excretor, los órganos reproductores... Incluso hay un aparte en el que se pueden ver distintas fases del desarrollo embrionario, con algunas de las que, a mi juicio, son las mejores muestras del recorrido, aunque puedan herir espíritus muy sensibles.
Completando la exposición, hay muestras de distintas patologías y de órganos poco cuidados (interesante una vez más volver a ver porque es mejor no fumar), cortes de tumores y, constantemente, diferentes tipos de secciones del cuerpo humano en todos los planos imaginables (transversales, sagitales, frontales...) para no dejar de saber en ningún momento como relacionar lo que vemos con la realidad del cuerpo. Y, por supuesto, las piezas de cuerpo entero, mostrando colecciones completas de órganos como si estuviésemos viendo un maniquí sin piel, grasas ni rellenos.

Para los mas aprensivos, decir que las muestras están tratadas de tal forma que resulta fácil olvidar que algún día estuvieron vivas, pero al mismo tiempo permiten profundizar en nuestros conocimientos de anatomía y facilitan hacerse una idea de conjunto de como funcionamos los seres humanos. No creo que sean desagradables (aunque quizás unas cuantas disecciones te dejan preparado de por vida, no sé), tan solo muy curiosas e interesantes. Y entre los asistentes había tanto niños como adultos y ancianos, que pasaban por las muestras sin expresar ningún asco.

Para todos los demás , por favor, no dejéis de verla, porque a saber cuando vuelve a pasar por aquí, y seguro que su visionado os dejará algo bueno que recordar. Disfrutadla.

PD: Me acabo de enterar, tras escribir todo el post, de que lo han prorrogado hasta el 13 de Julio, así que no digáis que no teneis ocasión...

lunes, 28 de abril de 2008

Pavlov.

Leo en la Wikipedia que se llamaba Ivan Petrovich Pavlov, y que, aunque lo he oído mayoritariamente pronunciado como Paulov (acentuado en la o) se pronuncia Pávlov.

Es el de los perros, seguro que le recodáis, la comida, la saliva y la campana.
El tipo que desarrolló la teoría de la respuesta condicionada, según la cual una determinada respuesta natural a un estímulo (estímulo incondicionado) se puede conseguir también con otro estímulo diferente (estímulo neutro) que se ha asociado de alguna manera al anterior. En el proceso de asociación entre el estímulo incondicionado y el neutro, éste último pasa a convertirse en un estímulo condicionado: un estímulo que por si solo no produciría respuesta, pero que ha acabado por darla al establecerse esa relación con el estímulo incondicionado.

A veces uno puede llegar a creer que, por ser mecanismos muy básicos, nosotros los humanos estamos por encima de ellos. Pero es todo lo contrario, precisamente por estar en la base del funcionamiento de nuestro cerebro y de nuestros mecanismos de asociación de ideas, nos afectan como a cualquier animal mínimamente complejo.
Y en nuestro caso, además, hemos desarrollado una compeljidad simbólica tan grande que hoy en día nuestra vida se ve matizada permanentemente por multitud de condicionamientos, provocados a veces, autoalimentados muchas otras.

Como también dice la Wikipedia, la escuela conductista tiene enfrente a muchos pensadores que reflexionan sobre el grado de manipulación que esto supone sobre el individuo. Cómo se le puede convertir en un objeto condicionable sin pensar en como se siente. Pero lo cierto es que el condicionamiento funciona experimentalmente, y cualquiera que necesite manipular masas hará uso de él, de alguna forma u otra.


Pero si hoy me he decidido a escribir sobre el tema no es para prevenir contra la manipulación. No, es más que nada porque en los últimos tiempos he caído en la cuenta de un condicionamiento que, día a día, he ido perfeccionando sobre mi propia persona. Un condicionamiento que tiene mucho que ver con la satisfacción que produce el terminar la jornada laboral y poder partir hacia casa.

En mi puesto de trabajo dispongo de mi ordenador personal, herramienta fundamental para casi toda mi actividad. Se trata de un equipo de sobremesa conectado a la red de la empresa para la que trabajo, y que cuando empecé allí procuraba dejar siempre apagado al final del día, para no acortar su vida útil.
Pero con el paso del tiempo, uno va acumulando tareas, que además se alargan en el tiempo. Y poco a poco el equipo se va dejando encendido con más frecuencia por las noches, para no tener que abrir cada día una multitud de programas diferentes, y poder recuperar a la mañana siguiente el hilo del trabajo con mayor facilidad. Y si encima has de acceder en remoto desde casa, facilita aun más las cosas...
Ha llegado a un punto en que sólo suelo apagar el equipo una vez por semana, los viernes, y a veces ni eso. Así que cuando me voy a casa, para no dejar un montón de programas y archivos abiertos y a la vista, bloqueo la máquina con la consabida combinación "Ctrl + Alt + Supr" y pulsando después "Intro" (trabajo con Windows). Y día tras día repito la operación, sin falta, cuando me vuelvo a casa.

Yo no salivo como los perros de Pavlov, ni creo que produzca una respuesta obvia para los que me rodean. Pero en mi interior el salir del trabajo para irme a casa produce unos efectos purificadores. Una especie de corriente de descanso.
Y el caso es que el viernes pasado, al terminar la jornada y comenzar el fin de semana, caí en la cuenta de que el sonido inconfundible y ya perfectamente acompasado del "Ctrl + Alt + Supr" + "Intro" me hacía sentir extrañamente libre y ligero.

Como un perro de Pavlov perfectamente adiestrado para reconocer el momento en que le dan su tiempo de esparcimiento, respirando profundo al escuchar su campanilla...

viernes, 25 de abril de 2008

Los chicos de la playa.

Ayer por la tarde estuve escuchando un disco recopilatorio de los Beach Boys, y se me ocurrió que no estaría mal meterles en mi blog. Así que me decanté a por mi canción favorita dentro de su repertorio, "Sloop John B".

Como me gusta tener claro que es lo que estoy poniendo antes de lanzarme a escribir, me he puesto a buscar información sobre la canción, y me he encontrado con que ésta no es de los Beach Boys. Ni siquiera de los Kingston Trio, en cuya versión está más inspirada la de los Beach Boys. No, resulta que la versión original es una canción folk tradicional de la zona de las Antillas. Y que los primeros en grabarla comercialmente fueron seguramente The Weavers, con el nombre "The Wreck of the John B", y después les siguieron muchos, entre ellos el mítico Johnny Cash o los propios Beach Boys.

La verdad es que supone un descubrimiento (y cierta decepción) saber que no es suya, cuando Brian Wilson me parece un compositor genial y daba por hecho que era su creador. Pero sigo pensando que es lo mejor que grabaron los Beach Boys, así que seguiré con mi personal homenaje.

A mí los Beach Boys me traen recuerdos de vinilos y cintas de cassette, de un LP glorioso que les dejaron a mis hermanos mayores cuando yo no era más que un enano y lo escuchaban a todas horas en su tocadiscos. Y de un descubrimiento de unos juegos vocales y unas melodías que me han marcado para siempre el gusto, y que no he dejado de escuchar desde entonces. Así que, aparte de que esta canción sea una obra de arte, tiene un fuerte valor sentimental para mí y en cierta forma me hace sentir un crió de 8 años, o por lo menos me trae buenos recuerdos de cuando los tenía.

Espero que a vosotros también os guste y sepáis apreciar este vídeo musical de los Beach Boys, el original de la canción, toda una joya del amateurismo videográfico. Que ustedes lo disfruten:

jueves, 24 de abril de 2008

Back to the past

Como comentaba el otro día, mi ocupación actual es la de informático. Y desde hace unos meses, tenemos entre manos, entre otros proyectos, el desarrollo del plan de contingencias de la empresa (de la parte tocante a la informática, claro).
Un plan de contingencias, aunque resulta bastante obvio, es algo en lo que nadie con suficiente responsabilidad parecía haber caído hasta que sufrimos un amago de incendio un par de años atrás. Y seguramente hubiera seguido en el olvido si eso no hubiera implicado que todo el mundo parara de trabajar unas horas, provocando bastantes traumas y algunas perdidas. Aunque también es cierto que el incendio de la torre Windsor ayuda a cogerle miedo, y que se trata de algo absolutamente prioritario.

Lo malo de un plan de contingencias que pretenda mantener la actividad de una empresa totalmente centralizada en un edificio y medianamente grande como en la que trabajo es que implica duplicar multitud de cosas y roba muchísimas horas de trabajo. Y todo para proveernos de una serie de equipamientos, sistemas y protocolos que difícilmente se pondrán en uso jamás, con lo que es un trabajo arduo y poco satisfactorio.

Ahora bien, he de confesar que hay algo de todo el proyecto que a mí me encantó y que me ha reportado una satisfacción muy tonta y a lo mejor algo malsana, pero satisfacción a fin de cuentas.
Se trata de la ubicación a la que nos trasladaríamos en caso de sufrir un percance suficientemente importante. Un edificio que, estéticamente, es algo así como una vuelta a los 70. Y no cualquier vuelta, para ser más precisos, una vuelta a los 70 en una república de la extinta URSS. Una especie de bloque de cemento y ladrillo, antiguo cuando no definitivamente rancio, con una valla a la entrada y un rótulo de letras con una tipografía perdida en el tiempo...
Aunque lo mejor se encuentra dentro del edificio, porque está en total consonancia con el exterior y entrar en él es como dar un salto al pasado de 30 años. El pasillo punteado de fotos viejunas y sus despachos repletos de muebles y papel de pared de las que le gusta poner en sus películas a Almodóvar... y esas revistas de productos del sector, en las salitas de espera, con fechas que te hacen creer que estás en un mercado de almoneda y antigüedades...
De camino a lo que sería la ubicación de mi departamento hay que pasar por un ascensor de esos en los que tu abres y cierras las puertas, de paredes metálicas, con mensajes intrigantes en ellas y que trepa por su hueco a la vertiginosa velocidad de una planta cada 20 segundos.


Pero sobre todo eso hay un viejo almacén repleto de elementos electrónicos olvidados, de esos para los que la palabras "vida útil" dejaron de tener sentido décadas atrás y cuya función fue sustituida hace tanto por elementos más modernos que hoy son casi reliquias tecnológicas. Confieso que me lo pasé como un enano entre todos aquellos viejos trastos y cachivaches.
Os dejo unas fotos de algunas de aquellas joyas, que espero volver a ver, aunque no por traslado, claro.
1. Un Microprocesador (60 cm. x 60 cm.):


2. Un Nanoprocesador (25 cm. x 25 cm.):


3. Un posible sustituto para mi reproductor de mp3:


4. Un vídeo último modelo:


5. Un recambio para el pen drive:

miércoles, 23 de abril de 2008

21 Blackjack

Hacía ya varias semanas que no iba al cine y tenía algo de mono. Así que, rompiendo mi máxima bíblica de descansar en domingo, allá que me fui al cine, a sesión de 16:30, que creo que no iba a una película tan pronto desde que era un niño.

Como es habitual últimamente, me es complicado escoger películas que crea que van a ser demasiado duras o espesas. Tiene que ver con el ánimo de no hacer ningún esfuerzo fuera del trabajo, y solo dejo de escoger cosas ligeras cuando tengo buenas referencias o con determinados autores con los que sé que me valdrá la pena hacer el esfuerzo.
El caso es que me tiré a ver "21 Blackjack", que habían visto un par de días antes los amigos con los que suelo ir al cine todos los fines de semana, para evitar así que la semana que viene fuera más difícil escoger, y porque tenía referencias de que no estaba muy mal. Y salí moderadamente satisfecho...

La película me gustó nada más empezar porque han escogido como canción de inicio "Time to pretend" de MGMT, todo un temazo, y así es fácil convencerme. Y, siguió gustándome según avanzaba porque la temática de fondo, el Blackjack, me llama mucho la atención (algún día tendré que hacer un post sobre mi malsano interés por el juego).
El caso es que como película no ofrece mucho más que ser simplemente entretenida. Pero con buena música e interés personal, a mí ya me tenía ganado. Tiene un espectacular actor como Kevin Spacey ahí en medio, otro decente como Lawrence Fishburne y a Kate Bosworth, que parece que supera su anorexia, como miembros del reparto más conocidos.
Pero el gran protagonista es Jim Sturgess, que interpreta a Ben, un joven prodigio estudiante del MIT, que en busca de dinero para sufragarse sus estudios de medicina en Harvard es reclutado por su profesor de cálculo como miembro de un grupo de contadores de cartas destinados a enriquecerse en Las Vegas.

Basado como está en una historia real, la película se centra en enseñarnos como el joven e inocente Ben descubre un nuevo mundo de lujo y adrenalina, y en como ese mundo le atrapa y le convierte en algo que solo había llegado a soñar. Pero claro, la realidad tiene también su cara mala, y al final Ben se ve envuelto en esos típicos problemas peliculeros con los matones de Las Vegas, poco dispuestos a que alguien juegue con algo más que azar, y todo se complica, revolcándose su vida como una croqueta hasta llegar al final que todos sabíamos que tendría la película. Bueno, no está mal, no decepciona, entretiene... Y toda la banda sonora está muy bien, muy discotequeras algunas canciones, pero siempre en un nivel muy alto.

Vamos, que al final lo que me ha quedado claro después de ver la película es que voy a tener que culminar mis planes de ir a Las Vegas a no tardar demasiado, mientras el dolar esté bajo y se pueda pagar un viaje así. Lo llevo deseando desde hace tiempo y ahora que un amigo mío se va a hacer las américas lo veo cerca y muy deseable. ¿Alguien se apunta?
Ahí os dejo una imagen del Strip, para abrir apetitos...

martes, 22 de abril de 2008

The dark side...

M y C son dos hermanos, de 31 y 33 años, miembros de la familia D-M, toda una institución entre las 4 generaciones de alumnos a las que reunieron en mi colegio. Son amigos míos desde hace muchísimos años, sobre todo C, con el que compartí un par de años de clase. Y las últimas temporadas me han acogido en su casa familiar de Asturias para pasar algunos días del verano, lo cual les agradezco en el alma porque es un sitio espectacular.

Charlando entre ellos en un local con mucho ruido. Ahora se conocen mejor...

Versión de M. Empieza él:
- He conocido a una tía que me gusta mucho.
- ¿Como es?
- Bueno, guapa, negrita, muy maja...
C pone cara rara.
- ¿Como que negrita? ¿Y eso?
M se asusta. Tantos años para descubrir eso en su hermano...
- Pues no sé, es así.
- ¿Y por qué?
M empieza a pensar que C se está pasando. ¿De que va? Le mira serio, preocupado.
- ¿Por que qué?
- Por qué negrita.
- Porque me gusta, tío, si es muy maja...
- ¿Y no te puedes buscar a otra que también sea muy maja pero no...?
Los hermanos se miran como si acabaran de descubrirse, sin saber que decirse, mezcla de desprecio mutuo, preocupados...

Versión de C. Empieza M:
- He conocido a una tía que me gusta mucho.
- ¿Como es?
- Bueno, guapa, me grita, muy maja...
C creía conocer a su hermano, pero eso de que le guste que le griten le ha dejado muy extrañado. Es un tipo abierto, pero clásico...
- ¿Como que te grita? ¿Y eso?
A C empieza a extrañarle la cara de su hermano, que le mira como si gustarle que le gritaran fuera lo más normal del mundo y él el depravado.
- No se, es así.
- ¿Y por qué?
Para C las cosas se están yendo de las manos. No sabía de ese tipo de gustos en un hermano con el que ha convivido tanto. No le gusta.
- ¿Por que qué?
- Por qué te grita.
- Porque me gusta, tío, si es muy maja...
- ¿Y no te puedes buscar a otra que también sea muy maja pero no...?
C mira a M con preocupación y extrañeza. M mira a C con cierto desprecio y preocupación.
No están muy seguros de conocerse bien...

PD: Versión libre de una anécdota real que me contaron el otro día. Autorizada por los participantes...

lunes, 21 de abril de 2008

Cultura Pop

Este viernes pasado acudí con unos amigos al festival "Cultura Pop", que organiza todos los años desde hace 3 la Junta de Distrito de San Blas, aquí, en Madrid.
Es un pequeño festival, concebido para ser diferente a lo habitual y con la intención de ser un evento que incluya todos los aspectos que definen hoy en día un movimiento cultural y no centrarse exclusivamente en la música.
Así, en este festival se puede acudir a mesas redondas, audioforums de artistas exponiendo sus tendencias o presentaciones de libros. Pero también hay proyecciones de películas (incluida la representación de "The Rocky Horror Picture Show: Audience Participation", de la que ya he hablado aquí con anterioridad), exposiciones, desfiles de moda, puestos para venta de discos raros, de camisetas, de ropa "distinta"...


El festival es aun muy humilde, y los grupos que participan no suelen ser muy conocidos. Entre los del cartel de éste año, estaban Grande Marlaska, Los Imposibles, Fanta, Bombones, La Granja o TV Personalities. Pero tiene a su favor el ser una iniciativa municipal, por lo que todas las actividades son gratuitas. Y este año han ido a poner en el cartel a La Casa Azul, como grupo de cierre de los conciertos del viernes, así que mi asistencia era voluntariamente obligada...

Como me tocaba currar hasta las siete, no pude apuntarme a alguna actividad que me llamaba la atención y al final solo fui de concierto. Llegué tarde, pero a tiempo para ver a Fanta. Actitud chulesca, chaquetas de cuero, camisetas negras, vaqueros y all-stars en los pies. Ramonianos a más no poder. No es lo más Pop que se me pueda ocurrir, pero tienen algunas canciones que no están nada mal, y el público disfruto de su entrega y su ritmo frenético: creo que no respiraron hasta terminar el concierto.
Después tocaron Bombones. Esta banda se identifica más con el puro concepto Pop, aunque les gusta definirse como Power-Pop. En el concierto les falto power para ganarse la etiqueta, pero las canciones de su MySpace les acreditan. Y en cualquier caso no sonaban nada mal. Como no les conocía de antes, solo puedo decir que me gustaron sus versiones, especialmente la de "Genie in a bottle" que mejoró la original de la Aguilera. Seguiré investigándolos, porque parecen interesantes.
Y para terminar la noche, La Casa Azul, de quién he hablado tanto en este blog que, para no repetirme, solo diré que estuvo mejor que en Joy Slava, aunque dado el formato fue un poco más corto de lo que podría haber sido. Lo mejor de la noche, y el público, muy adulto aunque parezca mentira, disfrutándolo como loco.

Un festival muy a tener en cuenta para próximas convocatorias, con un encanto especial y muy buen gusto. Extremadamente recomendable.

viernes, 18 de abril de 2008

Asuntos de familia (II).

Hoy me toca hablar de mi abuelo materno.

A mi abuelo lo conocí durante 4 años, y siempre tuve la sensación de que era uno de esos ancianos duros y estrictos, aunque solía darnos caramelos a todos sus nietos y me llevaba a tomar el aperitivo a los bares de la zona de su casa.

Pero, por lo que me cuenta mi madre, en realidad era un tipo muy diferente. De hecho, al parecer, era todo lo contrario.
La familia de mi madre tenía una sastrería en el centro de Madrid. Una de las más conocidas de hecho. Mi bisabuelo decidió que el primero de sus hijos se haría cargo de ella, y que el otro varón estudiaría una carrera (al parecer las hijas no contaban mucho en los planes). Y en aquellos tiempos eso no se discutía, por lo que mi abuelo acabó de sastre sin tiempo para decidir si le gustaba.

En cualquier caso, tampoco le fue mal así. Siendo joven, mi abuelo era un bon vivant, un tremendo vividor, un irredento juerguista. Sus hermanas colocaban en la puerta de casa almohadillitas para que la puerta no hiciera ruido cuando llegaba de madrugada, para evitar despertar a mi bisabuelo. Y con frecuencia empalmaba las noches de un día con la hora de irse a trabajar, como un gran pionero de la movida madrileña...
Llevaba una vida muy acomodada, con coche propio desde joven (y estamos hablando de antes de la Guerra Civil, así que haceos una idea), y su vida transcurría entre fiestas y correrías con su pandilla de amigos. Entre estos se contaba Pedro Chicote, el fundador de la Casa Chicote, que montó su local (el actual Museo Chicote) muy cerca de la sastrería de mi abuelo (de hecho algo oí en su momento sobre alguna ayuda para que el joven Chicote encontrara su trabajo en el Ritz antes de tener su propio negocio, pero ahora mismo no tengo certeza sobre los detalles).
Posiblemente fue en esas fiestas y esa vida de espectáculo en la que conoció a mi abuela, y se hicieron novios antes de la Guerra Civil. Pero no se casaron hasta que ésta terminó, pues no era un momento adecuado.

Mi abuelo era muy proclive al bando nacionalista (sus lecturas de "El Alcazar" cuando ya era un anciano así lo atestiguan), pero cayó en zona republicana. Probablemente influyó en su juicio el hecho de que le requisaron el coche para uso del ejército de la República, pero el caso es que su disposición a luchar fue nula. Estaba hecho para la diversión, y no estaba dispuesto a cargar un fusil. Así que, aprovechando un contacto, consiguió que se le destinara al control de abastos, por lo que jamás tuvo que pegar un tiro y su participación en la Guerra Civil fue prácticamente nula.

Al terminar la guerra, mis abuelos se casaron, y tuvieron dos niñas y un niño. La mayor de esas niñas es mi madre, que fue educada como una señorita de bien, aunque con libertades bastante impropias de su época, como no solo ir a la universidad, sino hacerlo conduciendo su propio coche.

Mi abuelo dirigió su sastrería hasta el momento de su muerte. Dejó de ser el negocio que era y de producir los pingües beneficios que le permitieron llevar una vida tan cómoda, no evolucionó ni creció. Pero fue feliz hasta su muerte y dejó a sus hijos bien educados y en buena disposición para defender su futuro.
Me hubiese gustado conocerle cuando era un joven gamberro y juerguista, pero me alegro de haber tenido al menos la posibilidad de conocerle, y de haber sabido ahora un poco mejor como fue mientras estuvo vivo.

Os dejo por aquí unos pocos frames del vídeo del que saqué la imagen del otro día:

jueves, 17 de abril de 2008

Alfredo's Barbacoa

Como le dije a David, amigo y lector esporádico de éste blog, aparte de el Knight'n Square, por la zona de Plaza de Castilla, hay alguna otra hamburguesería digna de ser mencionada. Y entre ellas la más conocida y seguramente la mejor es Alfredo's Barbacoa.

Para algunos paladares, Alfredo's Barbacoa sirve las mejores hamburguesas de Madrid. Yo, la verdad, no conozco suficientes hamburgueserías ni soy un fan fatal de esos platos, pero si he de confesar que allí me he comido la mejor hamburguesa de mi vida. Y, pese a lo cutre del local, lo apretado que te sitúan y las colas interminables, sigo repitiendo de vez en cuando con mis amigos.


El secreto de sus hamburguesas está en la carne, que no es la típica apegotonada de otros sitios y sabe a vacuno de verdad. Y en la parrilla en las que las preparan, a la vista del público en la planta superior del local. El conjunto de ambas las convierte en un alimento exquisito, pese a lo poco respetado que resulta el plato.

Como ya he dicho antes, el local no es muy grande, y suelen juntar demasiado las mesas. Amenizan la comida con imágenes de deportes americanos y música country, y es habitual ver pasar a Alfredo, con su barba, su gorra o sombrero y su chaquetilla vaquera, como el tejano fuera de lugar que representa. Y si después de cenar te pasas por uno de los bares de alrededor, también es fácil encontrarle tomándose algún que otro bourbon. Las paredes de la zona de entrada tienen algunos cuadros con recortes de periódico, a través de los cuales puedes leer algunas críticas, conocer un poco más a Alfredo o descubrir que incluso el príncipe Felipe celebro allí un cumpleaños (fíjate).

En lo referente a otras comidas, la carta es más bien parca. Pero creo que no conozco a nadie que vaya allí y no coma hamburguesa, la verdad. Y dudo que en realidad merezca la pena. No están mal los postres, y la ensalada de col es casera, pero uno va al Alfredo's a lo que va, así que si lo visitáis os recomiendo no complicaros con cosas raras. Eso sí, también os recomiendo reservar, porque es habitual descubrir colas larguísimas a la entrada.

Lo dicho, un gran lugar para comerse una magnifica hamburguesa, que merece la pena visitar aunque solo sea para juzgar por uno mismo su fama. Te echa un poco para atrás al entrar, pero te convence desde el primer bocado.