sábado, 16 de octubre de 2010

La vida (3)

En la última entrega de esta pequeña forma de homenajear a la vida, os comentaba muy a grandes rasgos las formas básicas en que se cree que se formó la vida en la Tierra.
Fue a grandes rasgos porque he decidido sugerir más que contar nada, porque espero que a alguien le llame suficientemente la atención las cosas que explico como para seguir indagando por su cuenta.
Y con esa metodología continuaré, a partir de este momento, a explicar uno de los mecanismos de aumento de la complejidad de los organismos más aceptados hoy en día, que además enlaza perfectamente con lo comentado al final del post anterior.

Me refiero, en concreto, a lo que académicamente se conoce como la teoría endosimbiótica, que viene a ser algo parecido a que la unión hace la fuerza (la simbiosis es un mecanismo por el cual dos especies diferentes de organismos interactuan, obteniendo ambos un beneficio de la interacción).
Esta teoría, propuesta por la insigne evolucionista Lynn Margulis (viuda, por cierto, del gran Carl Sagan), propone que las células eucariotas (las de verdadero núcleo, las que conforman todos los organismos superiores) proceden, por fusión simbiótica, de células procariotas (las más primitivas, no nucleadas, que conforman el mundo de las bacterias). Es decir, que diferentes células procariotas se fusionaron dando un nuevo tipo de célula (la eucariota), conformando una entidad superior que les producía beneficios globales.
Lo más importante de esta teoría, desde mi punto de vista, es como hace hincapié en la fusión de esfuerzos de diferentes organismos para alcanzar un resultado superior entre todos ellos. Es un tipo de ayuda y beneficio mutuo que se observa muy a menudo en el mundo de la biología, pero que realmente no se contemplaba como un mecanismo básico de añadir complejidad a un organismo, es decir, como un mecanismo evolutivo. Y para mí es clave porque representa una forma distinta de entender la evolución, que hasta ese momento solo se entendía como el resultado final de "conflictos", luchas, peleas y competitividad que hacían que solo los mejores individuos resultaran supervivientes. Una idea muy fuerte que está aun muy arraigada y que en realidad hunde sus raíces en las mejores ideas de Darwin y las peores de Adam Smith.

Esta teoría, que no está aceptada al cien por cien, aunque se da por cierta en el estudio del origen de cloroplastos y mitocondrias (componentes esenciales de las células eucariotas), va por tanto más allá de su propio alcance a nivel celular, pues supone en realidad un cambio de paradigma y una nueva forma de contemplar la realidad biológica.
Desde ese momento se acepta que la evolución puede producirse no solo por especialización y aumento individual de mejoras que se transmiten a la descendencia, sino que pueden existir también mecanismos que faciliten otras formas de aumentar la complejidad. Mecanismos radicales, cualitativos por encima de cuantitativos, saltos que contradicen las duras líneas marcadas por el neodarwinismo, avances en cierta forma Lamarckistas. Y aunque no hay muchas otras teorías de aceptación masiva que vayan por ese camino en la biología moderna, abre el espectro de lo posible a otras posibilidades no estudiadas.


En cualquier caso, el salto que supone pasar de un organismo procariota (sin núcleo definido) a otro eucariota (con verdadero núcleo) es esencial para alcanzar la complejidad biológica observable hoy en día en la naturaleza. Ninguno de los seres vivos con los que uno está acostumbrado a interactuar a un nivel macroscópico es procariota. Las plantas, los animales, los hongos... prácticamente todo lo vivo que cualquiera puede contemplar es eucariota, y debe su existencia a la adquisición del núcleo. Por múltiples motivos, que incluyen una mayor especialización, una mayor estabilidad estructural o numerosas ventajas en el esencial mantenimiento de la homeostasis interna (el equilibrio químico que precisa la célula para mantener su actividad), organismos pluricelulares desarrollados son directamente inviables en un mundo procariota.

La teoría endosimbiótica tiene actualmente su reflejo más interesante en la Simbiogénesis, que propone la fusión de los genomas de diferentes organismos que viven en simbiosis para dar algo totalmente diferente.
Pese a ser muy revolucionaria, poco a poco va abriendose camino entre las teorías evolutivas y, personalmente, tengo confianza en que acabe afianzándose entre ellas para facilitar ese cambio de paradigma en la biología que creo que tanta falta le hace al ser humano. Necesario para dejar de entender todo nuestro sistema vital como una competencia constante, para entender hasta que punto nos necesitamos, no solo como personas, sino también entre diferentes especies, como seres vivos.

No sé si seguiré con esta línea de posts de aquí en adelante, porque en realidad tengo el blog tan poco activo que no puedo asegurar seguir con nada relacionado con él. Pero no puedo dejar de invitaros a profundizar un poco en este tema, pues creo que además nos deparará grandes y agradables sorpresas en un futuro próximo. Algo que, con el inevitable pesimismo al que nos aboca la economía, intuyo esencial para nuestro desarrollo...

miércoles, 28 de julio de 2010

Periódicos y Toros y Yo.

Debería, como en un mantra, recordarme a mi mismo todos los días que no es bueno leer los comentarios que la gente hace en los diferentes periódicos que diariamente leo por internet. Que me encabrono a lo tonto, y que no merece la pena. Y que aunque den ganas de contestar casi uno por uno para pedir a los radicales de unos extremos y de otros que se paren a pensar, más vale no participar en determinados sitios, o se corre el riesgo de que te contesten y encima tengas motivos para seguir mordiéndote la cola (sí, yo llego)...

Hoy ha tocado con el tema de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Está todo tan politizado y enrarecido que uno lee cualquier diario y entre los redactores solo encuentra articulistas volcados hacia una opinión. Y los comentarios de los lectores... bueno, ya lo he dicho casi todo. Generalmente la gente moderada no participa en los forillos que se montan bajo las noticias.
Y es normal, parece que los radicalismos se retroalimentan, y aunque se trate de comentarios limpiados para evitar expresiones malsonantes o salvajadas extremas, lo cierto es que pensamientos exagerados y poco meditados prodigan como las malas hierbas, golpeándose de un extremo a otro como vulgares peleles...
Yo tengo mi blog, y aunque ya no me prodigue mucho y me lean cuatro gatos, creo que prefiero opinar aquí, que me sale al menos más rentable en discusiones estériles.
Y ya que el asunto del día es discutir sobre los toros, opinare sobre los toros, para no quedarme desactualizado: no me gustan, nunca lo han hecho, pese a que en mi casa se vean con frecuencia. No los entiendo bien, y no solo no me preocupa lo más mínimo que se prohiban, sino que lo considero razonable.


En contra de muchos razonamientos que he visto por ahí, no es tanto que lo decida por que no pueda asumir el dolor del animal pues, como ser humano consciente del contexto histórico y cultural que me ha tocado vivir, estoy acostumbrado a obtener muchas cosas como producto de eso mismo, del dolor de otros animales.
Pero es que a medida que he ido pensando en ello me he ido convenciendo de que convertir en arte el dolor de un animal es algo que deja en mal lugar a las personas. En realidad la percepción del acto como algo artístico queda totalmente en el observador, lo que se demuestra en el hecho de que somos muchos los que no lo encontramos por ningún lado. Mientras que es evidente lo que supone de maltrato y de tortura para el animal (objetivamente, una lucha desigual como la que se produce, en la que lo habitual es que el toro muera, no tiene muchas otras formas de verlo). Así que en su conjunto y su contexto, no veo suficientes motivos para pensar que el placer de los aficionados al ver una corrida pueda justificar la muerte del toro de una forma tan cruel.
En cierta forma, me parece humillante para el propio ser humano obtener ese placer estético, y dado que considero que los otros aspectos valorables en la decisión de prescindir de las corridas, básicamente los económicos, son en realidad marginales en nuestro tejido productivo, y prescindibles de cualquier manera (la mayoría de países del mundo prescinden, de hecho), creo que la prohibición es bastante razonable.

Dicho lo cual, soy más humanista que otra cosa y, como ya decía antes, me parecen una tontería la mayoría de argumentos que se basan "solo" en que hay que evitar cualquier dolor al animal.
Me parece un no entender qué es el ser humano, y no contemplar que la vida es también muerte. Que lo habitual es que un animal mate para sobrevivir, y que en el caso humano se va más lejos porque el ser humano en su conjunto va más lejos y tiene muchas más necesidades. El dolor animal causado por el hombre es justificable, pero hasta cierto punto.

Es solo que creo que los toros sobrepasan ese punto en el que el dolor animal es justificable. Lo hacen, de hecho, en el punto en el que el hombre se deshumaniza, obteniendo placer de un dolor ajeno que no contempla como debiera, pese a no ser un dolor humano. Un punto que ha ido moviéndose y que seguirá moviéndose hacia el menor dolor, a medida que el hombre vaya prescindiendo de su parte más violente y menos humanizada.
Pero un punto que hoy en día no podemos obviar por mucho que suponga un enfrentamiento con mucha gente anclada a una determinada forma de sentir que, personalmente, creo que nos hace peores como seres humanos. No se puede defender con el argumento del arte algo que supone un ataque tan grande a las esencias del ser humano.

martes, 6 de julio de 2010

Ventajismo.

Sí, ventajista, que así va a ser esta entrada. Porque llevo queriendo escribirla desde hace ya un par de semanas, pero no había encontrado tiempo para hacerla. Y precisamente con el paso de los días, la reflexión que quería hacer se ha ido haciendo más y más pertinente.
Además, puede que si la retraso un solo día deje de ser válida, así que mejor aprovecho la oportunidad y lo suelto.Vamos allá.
Hoy quiero hablar de Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza. Ese por el que renombraron el polideportivo de Villa Rosa, donde tantos partidos he jugado. El que consiguió hacernos campeón de Europa e inicio la fase de mejor juego de la historia de la selección española de fútbol. Ese magnífico entrenador que, por méritos propios, pasará a la historia del balompié patrio. Y uno al que me cansaría de defender por alguna de sus peores y más desafortunadas expresiones (Henry, y casi cualquiera, sabe de que hablo).


Pero hoy voy a ser ventajista, y voy a aprovechar que la selección española está mucho más lejos de lo que él jamás consiguió llevarla en un mundial para criticar la actitud ventajista con la que ha venido criticando a la selección desde que comenzó éste de Sudáfrica. Algo que me hubiese gustado hacer desde que abrió la boca en la fase de clasificación, aunque entonces decidí ser prudente para ver si se enmendaba. Y algo que creo que se ha ganado a pulso.

Hay quién opina que Luis Aragonés puede decir lo que quiera, que se ganó ese derecho cuando dirigió a la selección que ganó en Viena. Y que a fin de cuentas muchas de las cosas que está diciendo no son más que verdades, expresadas encima desde el conocimiento tanto del mundo del fútbol como de los propios entresijos del equipo que nos defiende estos días en Sudáfrica. De hecho, no hay más que leer los comentarios de cualquier periódico virtual (deportivo o no) para ver la cantidad de forofo que le defiende a muerte y carga contra Del Bosque a cada paso que da.

Pero esa es una idea equivocada, un error que pasa por alto que Luis Aragonés representa el pasado (innegablemente glorioso) y que en ningún caso debería ser una china en el camino hacia un futuro igualmente triunfal. Y que aunque ahora ese riesgo se antoje lejano, estando España ya en semifinales, es más que posible que con otro seleccionador menos relajado que el actual, algo así hubiera podido suceder.

Luis Aragonés mete la pata por el simple hecho de emitir opinión sobre la selección, siendo él como es el seleccionador saliente. Nunca debería hacer una crítica, por muy basada que pueda estar en la realidad, pues corre el riesgo de desestabilizar a un grupo al que, más allá de haber hecho campeón, debe buena parte de su propio éxito.
Pero es que además en muchas de sus opiniones se desprende la mala fe de aquel que no desea al prójimo un éxito igual al suyo, lo cual es de por si bastante mezquino, y se salta por el camino muchas de sus propias ideas sobre lo que son los códigos del fútbol, esos que hacen que las cosas queden en la cancha y no se trasladen al exterior.
Personalmente, me da la sensación de que Luis Aragonés guarda cierto rencor por como salió de la selección, por como no se le dio la oportunidad de continuar con el equipo para intentar ganar él mismo este mundial de Sudáfrica.
Pero no debería olvidar que vivió la eurocopa de Austria y Suiza totalmente de prestado, después de arrepentirse de dimitir si no pasaba de octavos en el mundial de Alemania. Que en realidad llegó allí casi de rebote y jugando mal, pese a que luego el equipo hizo un gran fútbol. Y que la decisión de dejarle fuera fue la consecuencia de la expresión de su propio deseo de dejar al equipo al terminar la eurocopa.
Así que, pese a que el se sienta frustrado por verse fuera, debería dejarse de comentarios hirientes y centrarse en apoyar a unos jugadores que le quieren y le respetan por haber hecho de ellos los mejores. Y que mejor manera de concretar ese apoyo que con un respetuoso silencio hacia el trabajo de unos colegas que están desempeñando un trabajo que él debe saber bien complicado.

Todo lo que sea salirse del silencio o el elogio, por fingido que pueda ser, es un error, y él debe entenderlo como tal. Porque si al final España acaba dando la campanada será en buena medida por alguna de las decisiones que él tomó en su momento, y nadie le va a negar el mérito. Pero si se empeña en continuar desacreditando a sus compañeros, incluso a sus pupilos, lo único que va a conseguir es perder el respeto de todos. Y eso ni es bueno para él ni para la selección española de fútbol...
Mañana tiene que ser un gran día, ojalá.
Espero que todos lo veamos y que al final las cosas que ha ido diciendo el amigo Aragonés queden en el olvido del que perdona lo malo cuando lo bueno es tan grande...

Aun a riesgo de ser un gafe del carajo, que leches...
¡¡Podemos!!

jueves, 13 de mayo de 2010

Equivocaciones.

Sí, una entrada nueva.
Y no, que nadie busque en el título explicación para la ausencia, la única real es que no me apetecía escribir nada, y probablemente vuelva a desaparecer por un tiempo después de esta entrada.

¿De que va el título entonces? Pues de que hoy he oído algo que me ha llegado al alma y, esta vez sí, necesitaba escribir.

El caso es que vivimos tiempos convulsos, y la crisis económica que se cierne sobre Europa nos ha tocado de lleno (más si cabe) estos últimos días. Y eso ha hecho que algunos se despierten de sus equivocaciones y otros cometan equivocaciones nuevas, para hacer de este mundo un lugar igual de malo y cada vez con menos esperanza de cambio.

Zapatero nunca fue santo de mi devoción, pero no puedo negar tendencias izquierdistas, así que, entendiendo como entiendo que la política es a veces necesariamente falsa, prefería no reírme cuando negaba la crisis, y no llorar cuando se dilataban los errores a la hora de acometer las soluciones que se debían tomar. Medidas muy dolorosas, de las que los cobardes eludimos hasta que se llega a un punto de no retorno, pero que uno espera que se tomen desde la responsabilidad del gobierno y la serenidad del deber.
Es parte de mi culpa como votante asumir esa condescendencia hacia sus errores, aunque sigo pensando que, por desgracia, no existe una verdadera alternativa para mi vocación de voto. Y no nos engañemos, la opción de voto opuesta no le gusta ni siquiera a mis antípodas ideológicas, lo cual explica bastante la situación actual, en la que la oposición es tan mala que ni siquiera tendría asegurado el gobierno de darse unas elecciones en este momento.
Si tuviera que definir la situación política actual con una metáfora, diría que estamos en una carrera de Formula 1 en la que los dos coches más potentes y veloces van sin conductor, y el resto parece que llevan triciclos. Es mala, pero creo que suficientemente descriptiva para explicar como seguimos equivocándonos.

Pero la equivocación que más me ha sacado de mis casillas, y la que de verdad ha desencadenado este post, es la que he leído hoy en varios periódicos, extractado del editorial del "Financial Times". Una que reza: 'España, que lleva mucho tiempo reclamando que no merece estar en la misma categoría que Grecia, por fin se ha dado cuenta de que eso es una diferenciación que le corresponde delimitar a los mercados, no a los políticos.'
¿Y porque me toca la fibra especialmente esta frase? Posiblemente porque es cierta. Pero deja implícita el verdadero error en que estamos sumidos: los seres humanos hemos permitido que la economía se haga dueña de nuestra vida, incluso al más alto nivel, y ya ni siquiera los gobernantes de los países más poderosos pueden ejercer un suficiente control sobre ella.

Y no me entendáis mal, no pretende ser una lectura iluminada de alguien que se acaba de percatar de como funciona la maquinaria del mundo, ya tenía claro desde hace mucho que el dinero mueve a las sociedades, igual que el amor mueve al hombre.
Pero es que me da la sensación de que antes los poderosos se apropiaban de la política en su propio beneficio, mientras que ahora ya ni siquiera les hace falta eso. Y eso me roba la esperanza de que algún día alguien bueno pueda cambiar las cosas.

Porque esa es mi verdadera inocencia, confiar en que desde la política se podía luchar contra la corrupción económica del sistema, y ahora cada día me cuesta más creerlo.

Si asumimos que el parqué se mueve en muchas ocasiones marcado por grandes fondos especuladores que son capaces de modificar por si mismos el movimiento de las bolsas, y viendo el espectáculo de como se apuesta a que el precio de la deuda de un país vaya subiendo hasta estrangularlo y casi quebrarlo, nos damos cuenta muy rápido de que hay cosas que se deberían regular cuanto antes en los mercados si queremos asegurar cierto espacio de libertad para el ciudadano común.

Pero da la sensación de que todos los excéntricos y cataclísmicos movimientos que se producen desde los gobiernos para luchar contra la crisis están muy poco enfocados a romper esa tendencia, y duele ver como al final parecen ser los bancos y las entidades financieras quienes menos pagan el pato...

Están equivocados los políticos, que no atacan la base del problema por no tener valor para enfrentar las consecuencias. Están equivocados también los que manejan el engranaje de la riqueza, que exprimen tanto el limón que dañan la estabilidad social que les permite estar donde están. Y estamos equivocados el resto, porque vamos por mal camino y estamos tan adormilados por nuestras comodidades que no tenemos la voluntad de levantar la voz.


Pero uno puede equivocarse solo un número limitado de veces, y al final los errores se pagan. Y siguiendo por este camino, es solo cuestión de tiempo ver como nos vamos todos a la mierda...

lunes, 14 de diciembre de 2009

Paranormal Activity.

El miedo tiene sus claves y no es fácil manejarlo. Hacer una buena película de miedo es complicado y conseguir tocar la fibra de los espectadores, nada sencillo. Pero conseguir dar miedo, si se consigue, puede resultar muy rentable, y en Hollywood (y cada vez más aquí) lo tienen claro. Por eso hay un montón de películas que se gastan muchísimo dinero en intentar provocarnos miedo, aunque a veces sea mucho más simple y barato.

Cada cual tiene sus propios miedos, tan variables como la propia vida, aunque hay una serie de miedos que suelen tocarnos a todos. Es bastante universal el miedo a la muerte, a desaparecer, y a aquello ligado a ella, a los espíritus y los muertos que regresan, a los fantasmas. Y no en vano es la temática más habitual en el género. Una de las películas que más me ha inquietado jamás es "El Ente", y no es solo muy recomendable sino que además es, para mí, una clara precursora de la película que os cuento hoy.
Pero hay un miedo que está en la base de todos los demás y que, posiblemente, sea el más primitivo en su forma, que es el miedo a lo desconocido. Y cuando se juega bien con él se pueden conseguir resultados magistrales.

Uno de los mayores retos a la hora de conseguir dar miedo es lograr la implicación del público en la película. Se puede hacer trabajando bien la historia, consiguiendo que lo que se narra profundice en la cabeza de los espectadores, pero también se puede lograr a través de la técnica y el formato. En ese sentido son cada vez más comunes las películas que parecen documentos personales ("El proyecto de la bruja de Blair") o supuestas grabaciones documentales profesionales ("REC"), que se basan en emplear una narración en primera persona, desde la cámara, que hace que el espectador se sienta literalmente dentro de la película. Y luego ya depende de que se consiga el suficiente clima de terror para que la historia nos atrape o simplemente nos defraude (personalmente la de la bruja siempre me ha parecido un aburrido bodrio muy bien promocionado).

Y aquí llega una nueva muestra de ese tipo de películas, que en este caso combina cosas de un sitio y de otro para conseguir alcanzar un resultado que, a mi juicio, es más que bueno (y al menos seguro que sus autores también lo piensan, después de ver el resultado en taquilla).

La película comienza en el momento en que Micah compra una cámara con la que documentar a actividad paranormal que se produce alrededor de su novia, Katie. A partir de ese momento empieza a grabar todo lo que sucede en su vida común, sobre todo por las noches, intentando analizar si de verdad ocurre algo extraño o está todo en la imaginación de ella.
A partir de este momento, la película se convierte en el ojo de la cerradura por el que espiamos todo lo que acontece en la casa de los protagonistas. Con ello se consigue que nos sintamos partícipes de la situación, aunque se nos plantee desde el comienzo que todo sucede en el pasado. Y una vez captada nuestra atención, empiezan a producirse una serie de situaciones raras que irán inquietándonos poco a poco, hasta llegar al desenlace abrupto e inevitable que suelen tener este tipo de películas cuando simplemente se deja de grabar.

En cuanto a la generación del miedo, la película es muy efectiva por varios motivos. Inicialmente, porque nosotros, como espías de la escena, lo desconocemos todo. Y eso es interesante, pero también inquietante ante lo que vamos a encontrarnos. Lo desconocido es aquí muy palpable y difícil de manejar en la propia imaginación, así que es muy fácil caer en el clima de miedo que se nos ofrece.
Por otro lado, también desde muy al principio se nos plantea que existen entidades paranormales rodeando las vivencias de Micah y Katie, lo cual también hace que nuestra imaginación se desborde hacia nuestros propios miedos sobrenaturales. Y eso asusta.
Y por último, la propia forma de narrarnos las cosas, a veces como una grabación dirigida por Micah y otras como producto de dejar la cámara olvidada o fija en un trípode, sin nadie para manejarla, hace que en determinados momentos se pierda el sentido de control sobre lo que sucede, con lo que eso afecta al propio autocontrol del espectador.

Por todo esto, y pese a que al final la película pierde sutileza y, con ello, algo del miedo que genera, me pareció una película más que interesante. Ante todo, no sé si es una genialidad del autor o si este tuvo la suerte de dar en el clavo, pero la verdad es que el resultado es muy inquietante, y que te mantiene en vilo durante una hora y media en la que en muchos momentos se sufre de verdad. Pero además sorprende y ánima ver como con muy pocos mimbres se pueden hacer cosas tan buenas. Y pensar que la película costó solo 15.000 dólares y leva recaudados más de 100 millones, es algo que seguro que ha matado de miedo a más de uno de algún estudio...

Muy recomendable si te va el terror. Y de cine total, pues solo allí se apreciará adecuadamente el juego de imágenes y sonidos.
Espero que os guste.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Adventureland.

El mundo de la fama es a veces un tanto caprichoso, y otras depende tanto de determinados contextos que resulta impredecible.
Yo no sé hasta que punto los productores de la saga "Crepúsculo" sabían lo que manejaban cuando decidieron realizar las películas tirando de la serie de libros. Si tenían claro que era un bombazo y que iba a generar tanta expectación y alcanzar el éxito de taquilla que finalmente ha alcanzado, o si simplemente esperaban que fuesen películas con una buena rentabilidad, sin tirar cohetes. Pero lo cierto es que por la elección de sus protagonistas, chicos guapos pero no muy conocidos, me da que pensar que en principio no contaban con algo tan grande. Que apostaron por gente nueva para no inflar los presupuestos y seleccionaron entre caras no demasiado vistas. Y que solo a posteriori se han dado cuenta y, eso sí, han sabido incentivarlo y magnificarlo para ampliar al máximo su fama.

El hecho es que hoy en día tenemos nuevos sex-symbols en la oficina. Ellos, el vampiro y el hombre-lobo, robando el corazón de histéricas jovencitas, y ella, la humana, repartiéndose en un montón de películas para desencasillarse mientras continúa la saga vampírica (ganas tengo de verla interpretando a Joan Jett en el biopic de "The Runaways"). Y de la noche a la mañana todo lo que hacen es noticia y parece que son lo más grande que ha parido madre...

No conozco nada de la saga "Crepúsculo", lo confieso. Ni me he leído los libros ni he visto las películas ni tengo bases para juzgar su trabajo. Pero personalmente me sorprende el éxito de esta chica. No es nada fea, pero no es una belleza, y tiene un aspecto tan de persona torturada, aumentado por sus perennes ojeras, que resulta llamativo que sea tan atractiva para tanta gente (aunque quizás la moda del momento sea ese aspecto torturado y ella esté dando en el clavo, claro).

El caso es que gracias a ese éxito suyo se estrenó en España la película "Adventureland", en cuyo rodaje estaba cuando le hicieron el casting para "Crepúsculo", y que seguramente nunca hubiese entrado en nuestra cartelera de otra forma. Ni en la española ni en ninguna otra, ya qué que se estrene en el 2009 cuando fue rodada en el 2007 sólo se explica por ella. Porque no es una mala película, pero tampoco tiene nada que la haga excelente, porque es una película de producción independiente de esas que si no triunfan especialmente en Sundance pasan desapercibidas y porque está protagonizada y dirigida por medio desconocidos que simplemente hacen un trabajo muy decente.

La película se centra en la vida de James (Jesse Eisenberg) en el verano de su graduación en el "high school". Se supone que es un verano de disfrute, de vivir el premio que sus padres le habían prometido por alcanzar el objetivo de conseguir plaza en Columbia, de viajar y divertirse antes de iniciar la universidad. Pero el padre de James se ve descendido en su empresa, y los planes caen a plomo, y James se ve obligado a ponerse a trabajar en Adventureland, un viejo parque de atracciones, para conseguir dinero con los que empezar sus estudios tal como tenía planeado.
Pero Adventureland, que comienza siendo un odioso símbolo de su desgracia, se convierte en lo mejor que le podría pasar a James, un lugar donde descubrirse a si mismo, donde madurar, donde conocer gente y enamorarse. Y ese verano cambia por completo su vida.

Este tipo de historias tan "El guardián entre el centeno" aparecen de vez en cuando en el cine y no siempre están bien llevadas.
Pero en este caso funciona bastante bien. Sin abusar del romanticismo, sin querer resolverle la vida a cada personaje y sin evitar fracasos ni regodearse en los éxitos, resultando realista, Greg Mottola (que hasta ahora solo era conocido por haber dirigido "Supersalidos") crea una ficción creíble y llena de miserias personales y pequeños triunfos, como en la vida misma.
Si además los actores también están bien, el resultado tiene que ser al menos positivo, y lo cierto es que tiene muchas más cosas buenas que malas.

Pero peca en un punto relativamente crítico, y es en el ritmo.
No es que la película decaiga o tenga momentos en los que las cosas se aceleren o ralenticen sin sentido. Es simplemente que es lenta, y corre el riesgo de resultar aburrida para espectadores poco pacientes. Y que hoy en día hay mucho espectador impaciente para apreciar determinadas películas, pues en base a su calidad la película jamás debería haber tenido problemas para estrenarse.

Personalmente, me resultó una película bastante interesante, y me gustó y me sentí implicado con los personajes. No es una película enrevesada llena de situaciones complicadas, es solo una película sencilla que cuenta una historia casi íntima, aunque por el camino no se deja sin contar un montón de tragedias familiares. Y hace de esa sencillez creíble su mejor baza, pues conmueve sin buscar estridencias que puedan desequilibrar su guión.
Así que, para mí, es una película digna de ser vista en el cine. No para buscar unas horas de entretenimiento intrascendente, ni tampoco para comerse demasiado el coco con cuestiones serias, sino para algo intermedio en que nos conformemos con ver un rato importante de la vida de un desconocido. Si te aburren las cosas así, mejor déjala pasar, pero si te puede resultar interesante, es una buena opción.
Ya me diréis.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

The Sounds.

Hacía ya tiempo que no iba a un concierto, así que hacía tiempo que no comentaba ninguno por aquí. Pero este mes de noviembre pasado he tenido la oportunidad de ir a ver dos y me he dicho que no estaría mal romper el ritmo de posts que llevo, que casi solo me dedico al cine.

El primer concierto que fui a ver fue de un grupo escocés que es poco conocido, pero del que ya había hablado en el blog hace un tiempo. Me ha costado encontrar el post original porque ahora me he dado cuenta de que ni siquiera mencioné el nombre del grupo entonces, pero casi que compenso el error: Camera Obscura.
Pero no me voy a centrar mucho en ellos porque, aunque en vivo me demostraron ser una banda estupenda con un magnífico directo, la verdad es que fue un concierto más bien tranquilo, no me generó sensaciones extraordinarias. Si vuelven a venir es posible que vuelva a ir a verlos, pero no serán una prioridad, que queréis que os diga.

El segundo concierto en cambio fue algo distinto, una experiencia magnífica que repetiré cuando quiera que el grupo vuelva a Madrid (si no hay situaciones de orden mayor que lo impidan, claro). Se trata del grupo sueco (que no finlandés, como me dijeron en el concierto) The Sounds.
A The Sounds los vengo siguiendo desde su primer disco, en el 2002, cuando escuché en la radio la canción "Living in America" y enseguida me enamoré de la combinación del órgano con la voz de Maja, la vocalista, y la fuerza y ritmo impuesto por la batería y la guitarra.


Se podría decir que esos son los elementos principales del grupo, una combinación que hace que en la Wikipedia les incluyan como grupo de New Wave, pese a que para mi gusto lo que hacen es más bien rock independiente e incluso, en ocasiones, música pop y punk.
Pero al final da igual como quieras que lo llames si lo que suena suena bien. Y todos los discos de The Sounds suenan muy bien.
Lo que no sabía era que tal sonaban en directo, aunque había oído hablar muy bien de sus actuaciones. Algo sobre que Maja era un espectáculo en si misma, aunque no tenía noticias de que tal resultaba el resto del grupo. Y la verdad es que salí encantado del concierto, de la calidad de la banda y, sobre todo, efectivamente, de la vocalista, una de esas personas cuya actitud merece casi por si sola el pago de la entrada.

Me explico: el grupo es bueno. El teclista tiene momentos grandiosos en los que sus solos se hacen dueños del concierto, y son muy efectivos transmitiendo constantemente su intensidad al público. Apoyados en los sonidos fuertes de guitarra y bajo, y en la potencia de la batería, hacen que las canciones superen en directo toda la fuerza de la producción de los discos. Incluso hubo un momento en que sacaron a escena un par de cajas de batería electrónica y entre el guitarra, el teclista y el batería se combinaron para hacer un tremendo solo a tres manos, perfectamente sincronizados, levantando al público con algo como poco distinto a lo habitual. Y eso que ya de por si se trata de un público muy entregado que se sabe de pe a pa todas y cada una de las canciones.
Pero si el grupo tiene algo que se sale de verdad de lo normal, eso es su cantante: Maja, una chica que no es arrebatadoramente guapa pero que es algo más que resultona, y una tremenda fiera, al menos cuando se sube al escenario. Y su banda es perfectamente consciente de esa baza, así que le saca el mayor partido posible.

Para empezar, la primera canción la tocaron sin ella, cantando el teclista y con mucho efecto de humo, generando intriga. Pero fue terminar y aparecer ella, y revolucionarse la actuación. Lo primero que hizo Maja fue arrojar el cigarrillo que estaba fumando al público. Ella manda y hace lo que le da la gana, y el público lo entiende y lo acepta sumiso. Y después no dejó de seguir arrojando cosas: latas de cerveza, botellas, algún otro cigarrillo. Incluso puede que soltara algún escupitajo, sin perder aun así nada de su glamour salvaje...
Y a lo largo de la actuación acompañó el concierto con palabras constantes para levantar al público y de bailes subidos de tono para levantar a los muertos. Lo dicho, un verdadero espectáculo en si misma.
Os dejo con un vídeo que he encontrado en YouTube del mismo concierto al que fui, y que me ha sorprendido por la calidad del audio. Os haréis una idea de lo que digo:


Si no conocéis el grupo, os animo a buscar cosas suyas y escucharles sin calma: son un grupo destinado al movimiento. Y si podéis ir a verles actuar en algún momento, no lo dudéis; aunque no os guste mucho su estilo es sin duda un grupo que merece la pena ser disfrutado en vivo.
Termino con otro vídeo de una de sus canciones más conocidas. Este no es en directo, su misión es que apreciéis mejor al grupo:


Espero que os gusten.

lunes, 30 de noviembre de 2009

2012

El milenarismo va a llegar...
Después de haber superado la crisis mundial que provocaron los presagios de Nostradamus (que, la verdad, son tan metafóricos que a saber de que narices hablaba el hombre), ahora nos toca lidiar con los mayas y sus antiguas profecías. Unas que, según algunos intérpretes, nos abocan al fin del mundo a finales del año 2012.
Aquí hay un mínimo desacuerdo, según algunos ocurriría el día 21 de diciembre, para otros es el día 22 y otros dicen que será el 23. Pero vamos, que visto lo visto con otras profecías, podemos fiarnos porque el grado de precisión es muy alto...

Cuando uno intenta buscar información al respecto se topa con el muro que supone internet y sus mecanismos de transmisión de la información. Hay mucha, demasiada. Pero como sucede con casi cualquier tema "raro" o que no sea de pura opinión, es una información demasiado filtrada. Tiene muy pocos orígenes muy repetidos. Y en este caso en concreto da la sensación de que todas las fuentes que se pueden encontrar hubiesen captado sus datos de un mismo sitio original. Es muy difícil encontrar nada que se salga de un determinado esquema, con lo que información real hay muy poca.

Personalmente, dadas las fechas a las que se refiere la profecía, tiendo a pensar que nos está hablando más de un cambio simbólico. Uno, además, muy particularizado, en el que el mundo cambie radicalmente para unas pocas personas ("it's the end of the world as we know it", que diría REM). Posiblemente porque les toque la lotería de navidad y sus vidas ya no sean las que eran... Por lo demás, me declaro escéptico.

Pero, curioso como soy, no pude evitar ir al cine, a ver que proponía la película "2012". Porque, aunque no lo parezca y no lo creáis, este es un post de cine; con mucho relleno, pero de cine. Y sacié mi curiosidad con un par de horas y media de mundos en destrucción, interesantes ideas geológicas basadas en improbables ideas sobre la física de partículas, y falsa bonhomía en los peores momentos que, honestamente, resulta increíble y algo cargante.

(Advierto que hoy no me voy a cortar a la hora de hacer de spoiler, así que allá vosotros si seguís leyendo. Ya lo dice el cartel, estábamos avisados)

La película es un contínuo escapar de situaciones al límite, hasta llegar a un final mínimamente ilusionante que casi produce vómito. El director o el guionista debió tomarse muy en serio su propio sentimiento de culpa por lo mal que los mundos desarrollados hemos tratado a África, así que acaba convirtiéndolo en una suerte de última esperanza para el ser humano. Y resulta tan forzado que de no ser porque toda la película lo es me hubiese producido algo de vergüenza ajena.

Pero supongo que después de más de dos horas narrando situaciones físicamente dudables, uno pierde la capacidad de sonrojarse con las tonterías, así que al final da igual.
Y es que a lo largo de la película uno se inmuniza. La primera vez que un movimiento de tierras pone en peligro las vidas de los protagonistas, resulta... no sé, curioso. Pero a base de que las grietas les persigan y el mundo se transforme en una carrera de obstáculos para los diferentes vehículos que se van empleando en su huida hacia delante, todo se convierte en una repetición constante de las mismas catástrofes en diferentes formatos.

Llega un momento en que parece que los desastres les persiguen en exclusividad y casi dan ganas de que se mueran todos, a ver si así las desgracias consiguen su objetivo y dejan de destruir el mundo. Pero no, las limusinas, las caravanas y los aviones siguen evitando la caída de edificios, pedruscos y bólidos, como si no existiesen las leyes de la física, y parece por momentos que la intención del director sea vencernos por extenuación.

Es en ese momento cuando se produce el único giro interesante de la película. Resulta que mientras te han estado haciendo creer en todo momento que los humanos se van a salvar de su destrucción gracias a super-naves espaciales, a los guionistas se les ocurre darle "realismo" a la película. Uno no sabe muy bien por qué después de tanto tiempo de idioteces les da por dejar de exagerar a lo bestia, pero la verdad es que se agradece el cambio y la sorpresa. Y al final se inventan unas super-arcas, como las de Noé pero a lo grande, en las que los futuros salvadores de la civilización se embarcan para esperar que la Tierra recupere su equilibrio mientras ellos navegan en busca de tierra firme.

Por en medio de esta historia hay que rellenar con seres humanos de carne, hueso y sentimientos, así que se recurre a una serie de tópicos que hagan de la narración algo más fumable. Los rellenos en este caso se llaman Chiwetel Ejiofor y Thandie Newton por un lado y John Cusack y Amanda Peet por el otro. Los primeros tiran más por el lado científico y burocrático, lo que les hace más interesantes pero menos sentimentales. Mientras que los segundos se centran en el concepto de familia, y son más entrañables, pero también más aburridos y predecibles.
Sus actuaciones simplemente son. Pero he de destacar que Amanda Peet sigue muy guapa pese a ir notándosele ya los años, mientras que a Cusack no se le notan nada y sigue siendo el ciudadano medio por excelencia. Confieso que el hermano pequeño de Joan siempre me ha caído bien, sobre todo después de interpretar "Alta fidelidad", una de las mejores versiones cinematográficas de un libro que he visto jamas.

Al final la película tiene algo muy positivo, y es que se acaba.
Como era de esperar, los protagonistas sobreviven y son muy felices, lo cual nos hace olvidar la insignificante muerte de varios miles de millones de personas. Y la moraleja que nos queda es que tenemos que ser muy buenos, porque... porque sí.
Evidentemente, es una película para ver en el cine. Solo así se pueden apreciar en su justa medida los efectos especiales que hacen "creíbles" los momentos de más acción de la película. Y, honestamente, son casi lo único que merecen un mínimo la pena.
Ahora bien, si le pides algo más a una película... si le pides algo... quizás puedas esperar a verla más adelante.
Igual incluso se cumplen las peores profecías y el mundo se acaba en el 2012, con lo que a lo mejor no tienes porque verla nunca. "Always look at the bright side of life", que dirían algunos...

martes, 24 de noviembre de 2009

La cruda realidad.

Vuelta a las andadas. Comedieta romántica tontorrona con final cantado y poca chicha.
Y desconexión mental total viendo una tontería amable.

"La cruda realidad" es la última comedia de Katherine Heigl, que desde que se hizo famosa en su papel de Izzie en "Anatomia de Grey" ha orientado su carrera cinematográfica hacia la comedia, y está poco a poco postulándose como una especie de estereotipo de actriz para este tipo de producciones. Atrás queda esa niñez en la que compartía cámara con Depardieu, en aquel remake americano de la francesa "Mi padre, mi héroe". O los años de telefilmes y series que pasan desapercibidas; ahora es el momento de aprovechar la ola y hacer caja con la mayor cantidad de películas sencillotas que pueda acumular.

La película es lo que promete, una tontería simplona que regala algunas sonrisas y algunos sonrojos, hecha a la medida de su protagonista, pero que realmente no aporta nada especial. Confieso que, en ese sentido, entre sus anteriores películas sí me pareció diferente "Lío embarazoso". Quizás porque Jude Apatow sí es diferente, y al fin y al cabo era una película suya. Pero por lo demás, la Heigl corre el riesgo de convertirse en su peor enemiga, pues seguro que acaba cansando y cansándose de hacer siempre el mismo personaje. Algo parecido a lo que le pasó en su momento a Meg Ryan, que con los años ha perdido su hueco y hoy en día uno no sabe que tipo de papel podría interpretar.

En cuanto a la película, la gracia de la misma está en la contraposición del obsesivo y mojigato personaje de Heigl con el cínico y zafio de Gerard "esto es Esparta" Butler. Y más o menos funciona durante un ratito, pero cansa demasiado pronto. Aparte de que la historia resulta poco creíble desde su inicio (¿de verdad ha tenido alguna vez una chica como Katherine Hegl problemas para ligar?), todo su desarrollo resulta completamente previsible, y el intercambio de cualidades que se da entre los personajes es tan obvio que cuando llegamos al final de la película no ha habido ningún instante de sorpresa.
Nada que ver con la última comedia romántica que había visto, pero en realidad da igual, porque no se buscaba sorpresa, solo dar pie a determinadas anécdotas y chascarrillos que pudieran sacar la risa del espectador. Y aunque no puedo decir que lo lograra demasiado en mi caso, a mi desconocido alrededor resultó ser una película bastante efectiva.

Como ya os habréis dado cuenta al leerme, esta es una película a lo sumo de videoclub y, para ser más justos, más recomendable para una sobremesa televisiva de un sábado amuermado. Pero siempre podrá servir para dejarse llevar y olvidarse por un rato de que la vida no siempre es de algodón de azúcar. Cada cual con lo que necesite...
Ya me diréis...

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Millenium 2.

Es lo que tiene aficionarse a algo, que uno no puede dejar de seguir interesándose por las cosas que se relacionan con ello. Aunque la materia en cuestión esté muerta y poco más se pueda saber de ella

En este caso, yo me aficioné en su momento a la serie Millenium, y me leí los libros. Y ahora veré las películas por poco que me aporten respecto a las novelas, solo por mantener el recuerdo. Y a lo mejor, lo dudo, dentro de unos años vuelvo a leerme los libros, para volver a encontrarme con aquellas historias tan entretenidas.

Como era de esperar, la segunda película de la serie continua la senda de la primera en todos los aspectos. El color, la fotografía, la ambientación y la forma de narrar la historia. Aunque en este caso lo cierto es que, al contener mucha más información que la primera película, y al tener una estructura mucho más intrincada, les ha costado prescindir de cosas para hacer de la película una obra compacta, que era una de las virtudes de su antecesora. Quién haya leído los libros se enterará sin ningún problema, y echará en falta muchas cosas, pero quién no lo haya hecho seguramente se perderá en varias partes de la película.
También comete un fallo que se observaba en la primera película, una humanificación excesiva de Lisbeth. No es que piense que el personaje deba ser una especie de deificación intrincada, pero lo cierto es que entre tanta información se pierde de vista que Lisbeth tiene grandes peculiaridades que la convierten en un bicho raro Y eso facilita el desarrollo de la narración, pues no hay porque dar tantas explicaciones, pero le quita buena parte de su gracia

Una vez que se le ha puesto cara a Lisbeth y a Mikael en la primera película, resulta más sencillo asumir a los actores y su historia. Como comenté en aquella crítica, me parecen bien escogidos y me resultan creíbles, lo cual es especialmente complicado cuando se trata de un personaje tan complicado como Lisbeth. Otra cosa son los personajes secundarios con cierta importancia, sobre todo Erika, a la que personalmente le echo en falta algo más de atractivo, y el de Ronald Niedermann, al que imaginaba mucho más imponente.
El resto de personajes, en general, son bastante intrascendentes en la historia tal y como la han contado en la película, así que pasan bastante desapercibidos. Dado que no se le ha dado transcendencia a la investigación policial y esa subtrama prácticamente no se toca, papeles importantes en el libro como los de Sonja Modig, Richard Ëkstrom y Jan Bublanski apenas se ven, por lo que tampoco es fácil opinar sobre la idoneidad de los actores.
Y solo merece la pena comentar que el propio Paolo Roberto se interpreta a si mismo en la película, lo cual le da cierta gracia.

Por lo demás, la historia es entretenida y se ve bien, aunque como ya comenté antes puede que pierda a algunos espectadores. Creo que es una película muy recomendable para los que hayan leído los libros y sigan con algo de mono por la serie. Y que al resto puede divertirles también. Solo puede ser más difícil para los que tengan problemas obsesivos con la estética de serie de televisión alemana, que es la que prima en las dos películas y hace pensar que, en cualquier momento, un perro llamado Rex va a aparecer detrás de la primera esquina.
En este caso me es complicado recomendarla. Se puede ver en el cine o se puede ver en casa, porque tiene mucho de telefilm y no aporta demasiado por si misma, pero soy fan de la serie Millenium, así que casi la recomiendo para la sala. Y si luego alguien se siente insatisfecho, siempre podré decir que las adaptaciones al cine no suelen ser muy buenas...
Disfrutadla.