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jueves, 5 de abril de 2012

100 días

Escribo poco desde hace mucho, y últimamente nada de lo que cuento es muy interesante, son sólo desahogos. Hoy no creo que vaya a cambiar la tendencia, porque de nuevo toca política, pero realmente es el grito que me apetece dar. Así que allá que voy...



Los del título son, más o menos, los días que lleva Rajoy en el gobierno. Y se le podrá acusar de muchas cosas, pero no de que haya estado quieto, la verdad.
No le envidio el trabajo, a mí no me gusta tener que mentir para conseguir cosas, y en su caso y a su nivel, se ha convertido en todo un requisito. Y aunque no confío en él y menos en su partido, lo cierto es que tampoco se les puede culpar de estar donde estamos. No son ni mucho menos inocentes, pero hay responsabilidades muy superiores.
Aunque eso sí, también hay mentiras más explicables que otras. Y no debemos olvidar que en estos momentos hay quién dispone de mayoría absoluta, poder a tutiplén, y que en esas condiciones es mucho más sencillo ser fiel a las propias promesas que cuando se está obligado a alcanzar compromisos no deseados con otros...

Centrémonos, porque no quería tampoco enfocar el post en la mentira, al menos no de esa manera.
La reforma laboral es una mierda.
A los que somos curritos contratados por una empresa, la gran mayoría, nos reduce un montón de derechos que se habían adquirido a base de pegarse mucho con mucha gente durante muchos años. Y lo peor es que genera posibles situaciones de indefensión del empleado ante su empresa, facilitando interpretaciones torticeras de la ley que sin duda harán que el número de despidos procedentes aumenten, aunque sea en situaciones moralmente reprobables.
  


 Yo prefiero no llamarme a engaño, son derechos que dudo que se vayan a volver a recuperar, ni siquiera con un cambio de gobierno a tendencias más de izquierdas. Y me duele, pero cuando uno mira a su alrededor (muy interesante la comparativa realizada por RTVE aquí), se ve que la reforma laboral nos sitúa en condiciones más cercanas a países con los que nos gustaría compararnos. Esperemos que también tendamos a compararnos con ellos en salario medio, ¿no?.

El problema es que cuando se analiza más en profundidad la situación, uno se da cuenta de que en realidad no podemos compararnos en absoluto con esos países.
En el mundo en que vivimos, con el tipo de economía que tenemos, predomina el egoísmo. Hay países que tienen éxito y otros que sufren el éxito de los demás. Y dentro de los que tienen éxito, los hay que lo consiguen a base de producir mucho, explotando al máximo sus recursos más baratos (si son naturales, de forma generalmente nada sostenible, y si son humanos, con trabajadores-esclavos) y los que, en cambio, maximizan el valor de sus recursos, a base de I+D+i, de forma que poca producción implica mucho beneficio.


 
Pues bien, los países con los que queremos compararnos pertenecen a esta última categoría, en la que se produce "poco" pero con muchísimo valor. ¿Y que producimos nosotros que entre en esa categoría?... Responded vosotros, si podéis.
Y cuando se presentan unos presupuestos generales cómo los que se han presentado en los últimos días, vemos que tampoco son unos presupuestos que nos acerquen lo más mínimo a conseguir ese estatus, todo lo contrario. Así que, ¿cómo pretendemos ser competitivos?, ¿vamos a serlo por el valor añadido de nuestra producción?, ¿o acaso pretendemos serlo por lo barato de nuestros recursos humanos?

La conclusión es que se nos reducen derechos para asimilarnos a países que, dada su situación de privilegio, no se han visto obligados a proteger esos derechos.
En esos países privilegiados, si alguien es despedido de una empresa, es relativamente fácil que consiga otro empleo rápidamente, por lo que no precisará tanta protección. Y además se cobra lo suficiente cómo para que los trabajadores se hayan planteado y podido permitir asegurar su vejez, y eso hace que los recursos sociales que ha de gestionar el estado sean menores. Así que no se concibe esa necesidad de socializar los problemas, cómo si lo es en países más pobres cómo el nuestro.
La realidad es que de ninguna manera podemos pretender parecernos a esos países, mucho menos a corto plazo y ni de coña con las políticas que planteamos. Por lo que el camino emprendido sólo puede acabar derivando en pérdida de más privilegios para acabar siendo competitivos por la vía de tener recursos humanos muy baratos. Es decir, con estas políticas, lo que tenderemos es hacia esos países con trabajadores-esclavos...





  

Pero dicho todo lo anterior, confieso que creo que en cualquier caso da igual.
El verdadero problema no es parecernos a unas u otras de las economías antes descritas; es que el propio sistema en el que estamos inmersos es erróneo.
Nos empeñamos en querer apañar lo que tenemos en vez de cambiarlo por algo nuevo. Pero no va a funcionar, porque es una fórmula insostenible basada en sistemas piramidales que precisan una entrada cada vez mayor de recursos desde su base. Y al final vivimos en un sistema cerrado con los recursos limitados, un crecimiento constante es, directamente, imposible. 


Eso es algo a lo que no podremos escapar, se tarde el tiempo que se tarde en llegar a un fallo irreversible, el sistema fallará.
Por ahora lo está haciendo en las lindes de la economía, hay mucho desequilibrio social que ya está rebosando de diferentes formas. Y está por ver si, cuando acabe colapsando, lo hará destruyendo lo que había o reconvirtiéndose a algo nuevo más sostenible.


Para la mayoría de nosotros, dar con esa solución está sólo en nuestras ideas. Pero para algunos está incluso en sus manos.
Cien días han pasado muy rápido, pero ojalá que no sigamos perdiendo el tiempo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Velocidad y tocino.

Sabéis, aunque para la mayoría de los que me conocen soy un cabezón muy poco razonable, lo cierto es que me gusta hacer lo posible por contrastar fuentes. Claro está que "lo posible" es un precioso eufemismo nada preciso, y que en la mayoría de las ocasiones no lo hago porque, dentro de las ideas que uno ya tiene decididas sobre lo que está bien y está mal, muchas veces ni si quiera me doy cuenta de que hay algo que contrastar (por ejemplo, si me dicen que Jiménez Losantos ha propuesto en la radio o en una columna de opinión esterilizar a la cúpula del PSOE para evitar que se extienda su prole, a estas alturas ya me lo trago sin más; eso y muchas otras barbaridades).
Pero creedme, cuando me llega alguna noticia exagerada o un titular con pinta de querer llevarme al huerto, procuro buscar por ese maravilloso mundo que es internet, no sea que efectivamente me estén dando gato por liebre una vez más, y no sea oro todo lo que reluce...

Pues hoy he leído algo que me hubiese gustado contrastar más, pero que tendré que creerme viniendo de fuentes más o menos fiables cómo el Daily Mail. Por desgracia, mi conocimiento del árabe es nulo, porque hay que admitir que me encantaría proundizar en la noticia.
El titular que leí originalmente en El País es el siguiente:

"Insulto a la inteligencia: 'no habrá vírgenes' si las saudíes conducen"

Al parecer, para evitar que se levante la ley que prohibe conducir a las mujeres saudíes, el más alto consejo religioso de Arabia (Majlis al-Ifta’ al-A’ala) ha difundido un estudio "científico" encargado al antiguo profesor Kamal Subhi, de la Universidad Rey Fahd de Arabia Saudita, en el que se afirma que, en caso de acabar permitiendo conducir a las mujeres en aquel país, se obtendrían los siguientes resultados en un plazo de diez años:

- Perdida de las vírgenes en el país.
- Aumento de la homosexualidad (tanto masculina cómo femenina).
- Mayor difusión de pornografía.
- Crecimiento de la prostitución.
- Aumento del número de divorcios.

Planteándome esas conclusiones, no he podido evitar recordar la teoría difundida por mi muy querida iglesia del Flying Spaghtti Monster en la que se demostraba, con un indiscutible gráfico, la correlación perfecta que existe entre la disminución de la piratería en el mundo y el calentamiento global...

Pero he preferido tomarme la idea en serio e intentar comprobar la certeza de la propuesta del señor Subhi, basándome en mis propias vivencias. Y esto es lo que he podido concluir:

- La oficina del Registro Civil aquí en Madrid está relativamente mal comunicada, en la calle Pradillo, en un punto que no queda del todo bien ni para la parada de metro de Alfonso XIII, ni para la de Concha Espina, ni siquiera del todo cogiendo el autobús número 40. Ahora, en coche, a veces se puede hasta aparcar enfrente...
Si las mujeres condujeran, llegarían con mucha más facilidad a la oficina y podrían tramitar muchos más divorcios (!!).

- Que viviendo tan cerca cómo vivo de una de las calles predilectas de la prostitución de Madrid, puedo afirmar cómo un hecho indiscutible que cuantos más coches pasan por ella de noche, más servicios se realizan.
Por otro lado, si las mujeres condujeran, sería lógico pensar que por las noche pasarían más coches por dicha calle, pues habría más conductores.
Luego, por propiedad transitiva, si las mujeres condujeran, crecería la prostitución (!!!).

- Es indiscutible que con un coche se va más rápido que andando, en patines o en bicicleta. Si una persona tarda 20 minutos en acercarse a un quiosco a comprar una revista pornográfica, con el coche tardará a lo sumo 10.
De lo que se deduce que el factor limitante que supone el tiempo que se tarda en conseguir pornografía se ve drásticamente reducido por el efecto de conducir.
Por lo tanto, sí, si las mujeres saudíes condujeran, tendrían tiempo para consumir mucha más pornografía (!!!!).

- ¿Quién no ha oído hablar del tópico de la "lesbiana camionera"? Y no nos engañemos, la mayoría de "osos" que uno se puede cruzar dando un paseo por la calle Fuencarral tiene una pinta de camionero que tira para atrás (de camionero estadounidense, para ser más concretos, probablemente transportadores de madera, me atrevería a decir). Y cuando el río... se oye a la lejanía... igual... puede ser que alguien haya abierto un grifo...
Evidentemente, no puede haber camioneras sin permiso de conducir. Luego permitir a las saudíes tener permiso de conducir, sólo puede acabar en un aumento flagrante de la homosexualidad (!!!!!).

- Y por último ¿que conductor no se ha perdido alguna vez conduciendo un coche? Imaginen ahora a todas las vírgenes de Arabia Saudita conduciendo, a la vez, con lo complicado que debe ser conducir allí que el paisaje debe ser todo de lo más parecido con sus dunas y sus oasis aquí y allá. En diez años fijo, fijo, que todas ellas se han perdido alguna vez.
Así que sí, si se deja que la mujer saudí conduzca, en un plazo de diez años se puede apostar a que seguro que todas las vírgenes se han perdido.
Al menos textualmente...



Pues eso, que vamos...

jueves, 19 de mayo de 2011

Democracia real...

No, no estoy acampando por las tardes en la Puerta del Sol, protestando porque nuestros políticos son malos y el sistema no funciona, pero la verdad es que entiendo muy bien ese movimiento de indignación.
Y no, no voy a dejar de depositar mi voto para estas elecciones (entre otras cosas porque este año he votado ya, por correo, que el domingo no estaré en España). Pero confieso que de haber sabido de este movimiento con anterioridad, me hubiese planteado hacer algo diferente con él.

La verdad es que no soy un líder de opinión ni una fuente de ideas insurgentes, ni siquiera un ideólogo muy proselitista. Soy más bien un tipo muy analítico que profundiza en su entorno para tomar decisiones en función de lo que encuentro.
Por eso contemplo el movimiento desde fuera con mucha incertidumbre, pero también con bastante esperanza.
Porque, aunque me da la sensación de que no va a desembocar en nada especial de cara a los próximos comicios, espero que tenga alguna relevancia en las generales del año que viene.
Creo que después del domingo todo seguirá más o menos igual, que el avance de la derecha va a ser muy fuerte en España tras las elecciones y que, aunque este movimiento a los únicos que puede favorecer es a IU y UPD, no creo que eso suponga un cambio importante en el panorama político más cercano.
Pero confío en que, con cierto tiempo para que esa indignación fragüe y se concrete en unas ideas claras y con una dirección más definida, empecemos a apreciar cambios que nos hagan recuperar algo de fe en la política.


Personalmente, me gustaría que, aupados por la gente que se moviliza, ganen fuerza los partidos minoritarios. Y que los dos grandes estancados en el poder no puedan dejar de tener en cuenta ese movimiento, y empiecen a considerar propuestas tan obvias como la adopción de un nuevo sistema electoral. Si quieren ideas, haberlas haylas muy razonables, y que ni originarían un fraccionamiento excesivo ni impedirían una participación más acorde con el verdadero porcentaje de voto que tiene cada partido en la realidad. Solo se necesita algo de la voluntad política que habitualmente falta.

Y también me resulta fundamental que poco a poco se vayan dando pasos para asumir que hoy en día existe tecnología suficiente para que la gente pueda participar en nuestra política de una forma mucho más directa. Que la idea de una democracia parlamentaria no esta nada mal para facilitar la gestión de entidades tan importantes como países, provincias o ayuntamientos. Pero que es necesario facilitarle, a la gente interesada, un acceso más cercano y constante a la política que gestiona nuestro entorno.
Porque somos muchos los que nos sentimos frustrados por sólo poder opinar una vez cada cuatro años y ver como después ese voto se usa para apoyar proyectos, leyes y políticas con los que estamos en total desacuerdo.

Ya he dicho antes que yo no soy realmente un creador, pero me fijo en lo que me rodea e intento adoptar ideas poco a poco (poco a poco porque soy bastante cabezota).
Bueno, pues cada día estoy más convencido de que lo que nos hace falta es algo muy parecido a lo que propone el Partido de Internet (PDI), aunque quizás con una orientación ideológica más definida y multiplicándose en diferentes partidos que cubran más o menos el espectro ideológico real de España sin generar controversias graves dentro de un mismo partido.

Y confío en que el movimiento recién surgido acabe dándose cuenta y apoyando de forma masiva algo parecido.
Según como evolucione la idea, igual hasta me afilio.
Por ahora, sigo analizando...


Nota final: No podía dejar de comentar una cuestión, el tratamiento que se le da a la palabra antisistema en los medios de comunición. Porque se identifica por defecto con algo malo, y no me parece del todo justo ni real.
Entiendo que en el movimiento del que hablo en este post hay dos tipos de personas antisistema: unos, los anarquistas, que no aceptan ningún tipo de sistema, y otros, la mayoría, simplemente hastiados por el sistema que tenemos, y deseosos de establecer otro más participativo y donde pese menos el poder del dinero.

Yo, pese a trabajar en una entidad financiera (el lado del mal, sic), me siento muy identificado con los segundos, porque evidentemente este sistema no funciona.
Me produjo una tremenda ternura ver hace un par de semanas en la tele, en el programa ese en el que se han traído a España a unos indígenas de diferentes tribus del mundo, criados en un estado de modernización más bien precario, como éstos chicos primitivos y sin civilizar se quedaban realmente tristes e indignados al ver que en plena Gran Vía de Madrid había personas pobres viviendo tirados en la calle. Miraban los edificios a su alrededor y preguntaban extrañados como era posible que con todo lo que tenemos haya gente que viva así.

Está claro que algo no funciona bien, y está claro que tiene que ver con como compartimos el mundo en el que vivimos todos. Si no empezamos a asumirlo y a establecer los mecanismos que lo cambien, estamos condenados, como especie, a pasarlo muy mal a medio plazo.
No puedo dejar de preguntarme cuanta gente de un país muy desarrollado tiene que estar en la miseria para empezar a movilizarse hacia algo más justo, y aun no tengo la respuesta.

viernes, 11 de marzo de 2011

Metrobuses...

Ayer se le ocurrió al merluzo del Consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, José Ignacio Echevarría, decir que el metrobus no existe.
Puede que sea un lapsus linguae, muestra de sus deseos más que otra cosa, visto como ha ido evolucionando su precio en los últimos tiempos, haciendo cada vez menos rentable adquirirlo. Pero da igual lo que sea, eso es lo que se le escapó y ya está dicho...

Asumo que se equivocó.
Una persona que ha hecho subir el precio del ticket desde los 7,40 que costaba el 31 de diciembre de 2009 a los 9,30 que cuesta hoy (sí, menos de 15 meses después) no creo que no conozca el objeto de tal subidón. Se equivocó, más allá de las pobres justificaciones que ha dado después en la Cope, (que a veces es mejor callarse que decir ciertas cosas: me imagino al locutor delante suyo, mirándole con cara de pena y pensando "pero hombre, pide perdón y no intentes hacernos creer esta patraña, que somos un medio amigo"); y es una equivocación grave.

Pero si soy sincero, realmente no es eso lo que más me indigna.
Cuando uno escucha y ve la situación, queda claro el tono en el que se estaba cometiendo el error: desafiante y burlón. Y ante su error, del que estoy seguro que buena parte de su propia bancada se dió cuenta (no todos tendrán coche oficial, digo yo), no es que se produjera un respetuoso e incómodo silencio del tipo "Jose Ignacio, que estás metiendo la pata", no. Lo que hubo fue un rápido aplauso ante la bravuconada, que seguramente fue en parte también un burdo intento de acallarle para que no siguiera diciendo tonterías.
Y eso, en lo que nadie parece reparar porque está convirtiendose en algo habitual el faltarse al respeto hasta en los diferentes parlamentos, es muy triste. Es algo grupal, fomentado, un tipo de reacción de partido irracional, apoyar lo que dice el nuestro sea lo que sea y como sea que lo haya dicho, que hace que la política de este país cada día sea más patética.

Mi inclinación política está clara, pero no quiero hacer de esto una cuestión partidista: esa reacción la he visto también en otras ocasiones en mi mismo lado ideológico.
Con este post sólo pretendo incidir en el hecho de que esas formas son terribles y cada día desvirtúan más lo que debería ser una democracia parlamentaria. Nos estamos embruteciendo, vulgarizando, y deberíamos meditar profundamente sobre el sitio al que queremos dirigirmos y hacia donde estamos yendo en realidad.

He empezado fuerte, como no suele ser habitual en mí, diciendo de este hombre que es un merluzo.
Lo creo no por lo que dijo, porque ya digo que estoy seguro de que es una equivocación más que qué directamente no lo supiera. Pero me parece un merluzo por cometer esa equivocación en un discurso parlamentario, y teniendo la posición que tiene. Directamente es un fallo inexcusable, impropio de su cargo, propio de un merluzo.
Si tuviesemos cierta dignidad política, ese tipo de errores (y muchos otros de otros partidos y colores) deberían ser sinónimos de una dimisión inmediata.
No lo será.

Y eso solo nos deja como conclusión todo lo que ya he dicho.
Equivocación inconcebible en su discurso, error intolerable en su cargo y actitud política lamentable en el parlamento por parte de los que le aplaudieron.
Joyas.

martes, 26 de octubre de 2010

Riesgo moral

Ayer estuve viendo Wall Street 2, la continuación de aquella gran película de Oliver Stone, de finales de los 80. No está mal, me entretuvo bastante, aunque no termine de apreciar el final. Pero hoy no quiero hablar de cine.
No, hoy quiero hablar de algo que se llama "Riesgo moral", y que apareció en la película en diferentes momentos. Un término que sospecho que mucha gente no conoce bien.

Se define el riesgo moral, de una forma muy genérica, como la situación que se crea cuando alguien toma una decisión sin tener conocimiento de las posibles consecuencias. En esa situación, el individuo corre el riesgo de actuar equivocadamente, pero realmente no actúa voluntariamente mal.
Y hoy en día, en el ámbito económico, se emplea la vuelta de tuerca al término que le dio Kenneth Arrow, que hace hincapié en el tema de la delegación de la responsabilidad. En ese sentido, se incurre en riesgo moral de dos formas :
- Cuando se delega la responsabilidad en otros y se abusa de esa delegación, pidiendo más de lo que pediríamos si ejerciéramos la responsabilidad de forma directa (ejemplo clásico del que abusa de la sanidad pública, por ejemplo, pudiendo llevarla a la quiebra)
- Y cuando la persona en la que hemos delegado nuestra responsabilidad empieza a actuar en su propio beneficio sin medir el nuestro, que es el que se supone que protege (ejemplo típico del político corrupto, creo que todos lo entendemos)

Escuché el término por primera vez cuando comenzó la debacle financiera de hace un par de años, y surgió la "necesidad" de salvar a los bancos para evitar que su caída desembocara en la caída de todo el sistema. En aquel momento, diferentes opiniones críticas con la actuación avisaron de lo obvio: si se salvaba así a aquellos que nos habían metido en aquella situación, no se castigaba con la dureza necesaria ciertas actividades que habían facilitado llegar hasta ella. Cosas como el perseguir beneficios inmediatos, sin pensar en los riesgos de cara al futuro, buscando sólo el bonus inminente que enriquecerá al que maneja la operación pero quizás no asegurará como debiera la inversión. Y con ello se corría el riesgo de que todo se repitiera, de no aprender de la situación.

Por entonces, la mención al riesgo moral surgía realmente desde mentalidades muy liberales, en referencia a que no se podía dejar en manos de papá estado esa salvación del sistema. Los niños-bancos habían metido la pata hasta el fondo, y precisaban pagar por ello, y no se podía poner el peso de la recuperación sobre los contribuyentes, obligándoles a pagar a través de sus impuestos el dinero que otros habían mal-gestionado.
Está claro que muchos de esos ciudadanos habían contribuido a generar el problema desde el otro punto de vista del riesgo moral, dejando que alguien gestionara sus fondos sin mirar cómo, preocupándose sólo de que les devolvieran los beneficios (esta es la forma en la que observaba el riesgo moral Adam Smith, por cierto). Y en el mismo sentido, muchos habían ayudado a acentuar el problema dedicándose a la pura especulación inmobiliaria, la gran burbuja que se ha llevado todo por delante, ignorando la posibilidad de que los precios bajaran, como cualquier análisis sensato sugería.
Pero también estaba claro que el peso de la culpa recaía mayoritariamente en los gestores, supuestos expertos contratados para el fin de optimizar los beneficios, y que en su búsqueda de aumentar los suyos propios, habían facilitado el hinchado de la burbuja diseñando un conjunto de productos financieros que, lejos de reducir el riesgo como pretendían, no hacían sino aumentar y esparcir la mierda.

¿Y que tenemos hoy en día? Los bancos que fueron rescatados en los EEUU se recuperaron gracias a las ayudas y devolvieron el dinero que el estado les puso para quitarse de en medio cualquier obligación para con él. Este año están haciendo un reparto de primas récord, quizás resarciéndose de lo que dejaron de repartir en años anteriores...
A mí todo esto me indigna, claro, como a cualquiera que no sea parte del reparto y tenga un mínimo de memoria y conciencia crítica. Pero más allá de esa indignación, lo que me hace pensar es en la propia esencia del riesgo moral, cómo todos somos responsables y hasta que punto deberíamos cambiar el mundo en el que vivimos para que las cosas no fueran tan despreciables.


No voy a hacer aquí una crítica exhaustiva sobre la responsabilidad de cada uno, más que nada para evitarme el resultar dolorosamente hipócrita, y me centraré en un aspecto que me parece esencial para conseguir ese cambio: liberarnos progresivamente del peso burocrático que atenaza nuestro propio desarrollo social.
No quiero hacer apología liberal, considero esencial un estado fuerte capaz de regular el sistema para evitar los excesos de algunos, establecer un cierto orden equilibrador y facilitar la gestión de servicios públicos esenciales.
Pero echo de menos que los ciudadanos dispongamos de unas herramientas de decisión mayores. Me agobia el mundo político en el que vivimos, en el que opinamos una vez y otorgamos con ello a un determinado agente toda la responsabilidad sobre nuestras decisiones en los siguientes cuatro años (el riesgo moral sobre los gobernantes es en estos casos brutal). Me agobia que ese agente sea un partido que al final actúa con mecánicas propias, y preferiría que fuese algo más directo, un sistema en el que eligiésemos a personas, personas complejas con matices y diferentes ideas. Echo de menos, además, que se me consulte con más frecuencia en aspectos significativos y críticos en nuestra vida, y me gustaría que se trabajara en la dirección de cambiar la política para facilitar el acceso del ciudadano, de hecho creo que a través de la red se pueden facilitar muchas cosas.
Y, en gran medida, me asusta depender de los políticos, sintiéndome un mero peón en un mundo en el que creo que ellos me consideran una piececilla reemplazable, en vez de valorarme como el motivo de su existencia social, que es lo que en realidad somos todos...


Creo que hace falta un cambio, un cambio radical en nuestra forma de entender la política. Pero me asusta pensar que ese cambio solo sea viable fuera del sistema, que las estructuras actuales se hayan aferrado tanto a su poder para evitar esos cambios que el cambio solo sea viable de una forma "violenta", casi revolucionaria.
Me asusta que este asco que le voy cogiendo por momentos a los políticos no hace sino profundizar en esa idea, y que dentro de nada no encontraré en mi panorama político una alternativa en la que delegar que me ofrezca un mínimo de confianza.
Y que cuando acabe votando en blanco tendré encima quién me diga que así he desperdiciado mi voto, y que habré perdido legitimidad para protestar...

Tengo unos amigos que participan activamente en un partido político mínimo (creo que es el PUM+J, "Por Un Mundo mas Justo" ), pero realmente la idea no termina de convencerme, no deja de ser un partido, con mejores ideales, pero sin grandes pretensiones. Y últimamente me ha dado por pensarme el hacerme del "Partido de Internet", que tienen propuestas que me resultan interesantes, pero del que en realidad no sé demasiado...

¿Alguien tiene alguna buena idea? Por favor...

jueves, 13 de mayo de 2010

Equivocaciones.

Sí, una entrada nueva.
Y no, que nadie busque en el título explicación para la ausencia, la única real es que no me apetecía escribir nada, y probablemente vuelva a desaparecer por un tiempo después de esta entrada.

¿De que va el título entonces? Pues de que hoy he oído algo que me ha llegado al alma y, esta vez sí, necesitaba escribir.

El caso es que vivimos tiempos convulsos, y la crisis económica que se cierne sobre Europa nos ha tocado de lleno (más si cabe) estos últimos días. Y eso ha hecho que algunos se despierten de sus equivocaciones y otros cometan equivocaciones nuevas, para hacer de este mundo un lugar igual de malo y cada vez con menos esperanza de cambio.

Zapatero nunca fue santo de mi devoción, pero no puedo negar tendencias izquierdistas, así que, entendiendo como entiendo que la política es a veces necesariamente falsa, prefería no reírme cuando negaba la crisis, y no llorar cuando se dilataban los errores a la hora de acometer las soluciones que se debían tomar. Medidas muy dolorosas, de las que los cobardes eludimos hasta que se llega a un punto de no retorno, pero que uno espera que se tomen desde la responsabilidad del gobierno y la serenidad del deber.
Es parte de mi culpa como votante asumir esa condescendencia hacia sus errores, aunque sigo pensando que, por desgracia, no existe una verdadera alternativa para mi vocación de voto. Y no nos engañemos, la opción de voto opuesta no le gusta ni siquiera a mis antípodas ideológicas, lo cual explica bastante la situación actual, en la que la oposición es tan mala que ni siquiera tendría asegurado el gobierno de darse unas elecciones en este momento.
Si tuviera que definir la situación política actual con una metáfora, diría que estamos en una carrera de Formula 1 en la que los dos coches más potentes y veloces van sin conductor, y el resto parece que llevan triciclos. Es mala, pero creo que suficientemente descriptiva para explicar como seguimos equivocándonos.

Pero la equivocación que más me ha sacado de mis casillas, y la que de verdad ha desencadenado este post, es la que he leído hoy en varios periódicos, extractado del editorial del "Financial Times". Una que reza: 'España, que lleva mucho tiempo reclamando que no merece estar en la misma categoría que Grecia, por fin se ha dado cuenta de que eso es una diferenciación que le corresponde delimitar a los mercados, no a los políticos.'
¿Y porque me toca la fibra especialmente esta frase? Posiblemente porque es cierta. Pero deja implícita el verdadero error en que estamos sumidos: los seres humanos hemos permitido que la economía se haga dueña de nuestra vida, incluso al más alto nivel, y ya ni siquiera los gobernantes de los países más poderosos pueden ejercer un suficiente control sobre ella.

Y no me entendáis mal, no pretende ser una lectura iluminada de alguien que se acaba de percatar de como funciona la maquinaria del mundo, ya tenía claro desde hace mucho que el dinero mueve a las sociedades, igual que el amor mueve al hombre.
Pero es que me da la sensación de que antes los poderosos se apropiaban de la política en su propio beneficio, mientras que ahora ya ni siquiera les hace falta eso. Y eso me roba la esperanza de que algún día alguien bueno pueda cambiar las cosas.

Porque esa es mi verdadera inocencia, confiar en que desde la política se podía luchar contra la corrupción económica del sistema, y ahora cada día me cuesta más creerlo.

Si asumimos que el parqué se mueve en muchas ocasiones marcado por grandes fondos especuladores que son capaces de modificar por si mismos el movimiento de las bolsas, y viendo el espectáculo de como se apuesta a que el precio de la deuda de un país vaya subiendo hasta estrangularlo y casi quebrarlo, nos damos cuenta muy rápido de que hay cosas que se deberían regular cuanto antes en los mercados si queremos asegurar cierto espacio de libertad para el ciudadano común.

Pero da la sensación de que todos los excéntricos y cataclísmicos movimientos que se producen desde los gobiernos para luchar contra la crisis están muy poco enfocados a romper esa tendencia, y duele ver como al final parecen ser los bancos y las entidades financieras quienes menos pagan el pato...

Están equivocados los políticos, que no atacan la base del problema por no tener valor para enfrentar las consecuencias. Están equivocados también los que manejan el engranaje de la riqueza, que exprimen tanto el limón que dañan la estabilidad social que les permite estar donde están. Y estamos equivocados el resto, porque vamos por mal camino y estamos tan adormilados por nuestras comodidades que no tenemos la voluntad de levantar la voz.


Pero uno puede equivocarse solo un número limitado de veces, y al final los errores se pagan. Y siguiendo por este camino, es solo cuestión de tiempo ver como nos vamos todos a la mierda...

miércoles, 14 de octubre de 2009

A glimpse at the future (Un vistazo al futuro)

Este verano pasado, estando de vacaciones, tuve un momento de lucidez mental, y en una de esas calurosas noches de agosto, me dio por investigar en internet sobre algunos aspectos de la economía que nos rige. No es nada del todo nuevo, ya en otras ocasiones he introducido posts sobre el tema. Pero en este caso me dio por ver un vídeo que, en cierta forma, ha cambiado mi perspectiva de lo que el futuro nos depara.
Y no puedo decir que mi nueva perspectiva sea especialmente optimista, la verdad...

El vídeo en cuestión ha sido rebautizado como "The most important video you'll ever see" ("El vídeo más importante que verás jamás"), aunque en realidad se titula "Arithmetic, Population and Energy" ("Aritmética, Población y Energía"), y es la grabación de una conferencia expuesta por el profesor emérito Albert A. Bartlett, de la Universidad de Colorado-Boulder (EEUU).
Podéis encontrarlo sin dificultades en YouTube buscándolo por su nombre artístico, ese tan rimbombante y pretencioso. Y merece la pena hacerlo para ir viendo cada una de sus 8 partes, aunque cada una dure unos 10 minutos, y aunque esté en ingles y puedan perderse detalles -mejor dejarlo si no se sabe inglés, no he encontrado nada con subtítulos.
(Os dejo aquí un enlace a la lista de reproducción de las 8 partes en YouTube, y aquí debajo la primera de ellas):



El vídeo es, en general, debatible.
Puede que deje cosas fuera al realizar sus análisis, y es posible que algunos datos que aporta no sean correctos (o sí, simplemente me limito a transcribir las dudas de algunos que comentan el vídeo en la red, no he comprobado nada). Pero al menos sus exposiciones matemáticas sí son precisas, y su explicación de lo que significa un crecimiento exponencial es totalmente correcta, como lo es en gran medida la exposición que se hace de lo mal que interpretamos muchos datos por no saber extrapolar esa idea.

Os recomiendo muy encarecidamente el vídeo, y que después cada cual saque sus propias conclusiones. Las mías están aun en proceso de maduración, y posiblemente las exponga por aquí a no tardar demasiado, en uno o varios posts, según se me dé.
Pero una cosa sí puedo adelantaros: a poco que tengáis unas mínimas preocupaciones, no os dejará indiferente.
Espero vuestras noticias...

miércoles, 8 de julio de 2009

Oportunidades

Lo había oído por la radio, a primera hora de la mañana. Que en septiembre saldría en la semana de la moda de Nueva York un nuevo diseñador español. Uno cuya principal curiosidad era que nunca antes había presentado su colección en la pasarela.

No le di mucha importancia, simplemente pensé "que bien, un tipo que ha conseguido llegar", imaginando que algún organizador de la feria habría visto su trabajo y, al verlo bueno, le habría facilitado un sitio en ella. Una de esas historias en plan "sueño americano", que tanto nos gustan...

Pero después leí el artículo, y fui indignándome poco a poco, al ver de que iba realmente la historia.

"Misterioso novato en Manhattan"

Resulta que esa idea tan bonita que yo me había creado al respecto era totalmente errónea.
El diseñador en cuestión no es que nunca hubiese presentado su colección, es que ni siquiera la había enseñado. Es más, dicen que sus modelos se colocan los trajes en las pruebas con los ojos cerrados, para evitar que alguien los vea, y ni siquiera los posibles compradores han accedido a ver las prendas terminadas.

¿Como entonces había conseguido esa oportunidad?


El artículo no deja espacio para pensar mal.
Directamente lo explica. Resulta que el chico, de 28 años, pertenece a una familia bien que vive entre Marbella y Madrid. Un chico que vivió desde los 11 hasta los 16 años en Estados Unidos, en una academia de tenis de Florida. Y que aunque estudió empresariales y su familia quería que fuera banquero, siempre supo que lo suyo era la moda.
Resulta también que en el consejo asesor de su firma está ni más ni menos que Covadonga O'Shea, cuñada del señor Botín y directora de Telva, y que el director de la empresa y, al parecer, máximo inversor, es el señor Ángel Sartorius Carvajal, dueño de una consultora de proyectos inmobiliarios relacionados con el golf. Nombres que, inevitablemente, huelen a dinero.

Y resulta que el joven opina, no sin cierta razón, que "En España se vive muy bien de la subvención, pero hay que ponerse a producir". Lo cual no es que sea una mala opinión, pero en su caso suena un poco a cachondeo.

Personalmente, sin mucha idea de moda, y sin haber visto su colección (evidentemente), me cuesta opinar sobre lo buen o mal diseñador que es. De hecho, no estoy muy seguro de que nadie opine sobre estos temas sin poner grandísimas dosis de subjetividad en la opinión, por lo que tampoco me molestaré demasiado en saber por otros si es bueno o malo.

Pero lo que sí está claro, más allá de que le salga bien o mal el negocio y de su propio esfuerzo personal, del que no dudo, es que las facilidades que ha tenido para ponerse en el mercado no las tiene un diseñador cualquiera. Que no es fácil conseguir dinero para un nuevo producto comercial, sin haberlo siquiera enseñado, como para encima conseguir financiación para empezar a lo grande.
Y que su opinión sobre las subvenciones, por acertada que resulte en muchos casos, no deja de ser una hipocresía, teniendo en cuenta que él quizás no tenga subvenciones, pero tiene sin duda ciertos mecenazgos que realmente no se sustentan en nada que haya producido todavía.

A veces, cuando se habla de la igualdad de oportunidades, pasamos por alto detalles así. Cómo esa igualdad es más falsa que un dolar con la cara del pato Donald cuando se compara a gente que ha tenido y tiene todas las facilidades para acceder a lo mejor con los hijos de gente que las pasa putas para subsistir.

Y cómo el sistema nos separa cada vez más, creando élites tan grandes y lejanas que parece imposible que sus proyectos, por descabellados que parezcan, tengan posibilidad de fracasar, perpetuando las riquezas.

jueves, 2 de julio de 2009

Los políticos que no amaban a sus ciudadanos.

Aunque, como comenté en un post anterior, el título original de la primera novela de Stieg Larsson no es exactamente como nos lo han traducido en España, la verdad es que, para lo que quiero comentar hoy, me viene al pelo.
Hace ya un tiempo que ando un tanto hastiado del mundo político que nos ha tocado vivir. De todos ellos, de los "míos" y de los que me son ajenos, de los grandes, de los más pequeños y de los más periféricos, de los que son y no saben ser, de los que no son y desean ser más allá de como consigan serlo y de los que podrían ser pero no son más que un aire que siempre me olió muy mal... de todos ellos...

Nos están acostumbrando a que la política sea una guerra donde las ideas se pierden en el fragor de la batalla, donde lo único importante sea vencer sin importar lo que se dice u ofrece.

Los principales partidos se dan de tortas empleando para ello toda su maquinaria mediática asociada, con escándalos que vienen y van y que de tanto viajar ya ni siquiera influyen en las elecciones.
Cuando les interesa, nos hurtan los debates, para qué examinarse ante la opinión pública si resulta mejor manipularla a través de los periódicos amigos. Y cuando son incapaces de tomar decisiones importantes, globo sonda que va y viene para olisquear como respira el personal, no sea que la idea no resulte tan buena...
Cuando toca tomar una decisión complicada y susceptible de limar apoyo social, se hace siempre después de los comicios, para que no nos acordemos a la hora de emitir el voto. O si se trata de atacar al oponente, digamos que es el diablo en vez de ofrecer una medida política alternativa, no vaya a ser que al intentar ser constructivos nos ganemos la animadversión de algunos...
Da la sensación de que lo único que interesa es destruir al contrario, como si fuese un enemigo más que un simple opuesto, pasando por alto que en ocasiones tendrá tanta razón como uno mismo y que de lo que de verdad se trata, el motivo por el cual les pagamos, es de sacarnos a todos adelante, de hacer lo mejor posible para los ciudadanos.
Vamos, un asco.

Los pequeños y los periféricos, por otro lado, juegan demasiadas veces entre la sensatez y el categoricismo, ideológico o nacionalista. En muchas ocasiones ofrecen las mejores ideas en los asuntos más prácticos, pero también son los que se tiran al monte con más facilidad, defendiendo imposibles indefendibles, y perdiendo así mucha credibilidad. Se equivocan, como todos, pensando que se deben solo a los suyos, que están ahí para luchar hasta la extenuación por ideales irrealizables. Y a veces se enrocan en planteamientos innegociables para el resto, cuando quizás deberían pensar en avanzar poco a poco hacia el camino que pretenden.
Me jode mucho ver como se les desprecia cuando ofrecen buenos planteamientos, pero lo cierto es que la desmesura de otros hace que no resulten del todo confiables. Y es una lástima, porque lo cierto es que por lo general me parecen los menos culpables de este mal ambiente generalizado.
Aunque también es verdad que, cuando pretenden hacer palancas estratégicas basadas en la fuerza que tienen para constituir mayorías, se convierten en grupos ávidos de poder que pierden así buena parte de las razones que les sustentan.

Los que me huelen mal son, paradójicamente, a los que les deseo mejor fortuna.
Porque se les necesita mucho, aunque hayan hecho parte de su fuerza basándose en la negación categórica de conceptos que me parecen (dentro de unos límites) irrenunciables.
Porque sin ellos esto va camino de convertirse en un mundo polarizado donde el bipartidismo mal entendido nos haga olvidar que nuestros políticos tienen responsabilidades mucho más allá del color de sus ideas.
Y, sobre todo, porque hace falta un tercero capaz de mediar entre aquellos que creen que nuestras vidas son sólo su medio para alcanzar el objetivo del gobierno.
Aunque en principio no correspondan con mis propios planteamientos ideológicos, aunque sea de los que voto por ideas y no por personas, aunque dudo que les vaya a votar jamás, deseo que crezcan hasta ser un grupo con poder de decisión, pese a lo que ese mismo poder suele implicar.
Y pese, sobre todo, a que me huela que ese poder es lo que de verdad buscan sus dirigentes ("algo huele mal en Dinamarca")...

Quizás debería haber escrito este post hace unas semanas. O más, hace ya unos 15 meses; o dentro de un tiempo, antes de las próximas elecciones.
Pero la verdad es que da igual, es solo un eructo de hastío que necesitaba sacar y que al final, fuera de mí, va a servir lo mismo que si ni siquiera lo hubiera escrito. Solo me queda sentarme a esperar y ver como nuestra clase política sigue decepcionándonos, pasito a pasito, hasta que dejemos de creer en ellos e inventemos algo mejor.
Con suerte solo nos quedarán algunas generaciones de cansancio y desamor...

jueves, 21 de mayo de 2009

SIDA y condones.

El otro día encontré en "El País" la siguiente noticia:

"El arzobispo de Granada dice que el preservativo ha propagado el SIDA en África"

Leí la información con la frustración con la que suelo leer estas cosas, y me leí los comentarios a ver que opinaba la gente.
Como siempre, había un montón de comentarios muy críticos con lo que se decía, como siempre muchos de ellos demasiado pasados de rosca hasta resultar demagógicos. Y, como siempre también, había algunos defensores de esa idea tan cegados como algunos de los críticos.
Pero hubo un comentario que me resultó interesante porque me redirigió a un artículo que no conocía, y que por lo que he visto después fue comentado en "La Razón" (por lo que tampoco me sorprende que no lo conociera). Uno en el que un científico de Harvard, Edward Green, venía a decir que el condón no estaba contribuyendo a controlar el SIDA en África.

Así que, intrigado por todo ello, decidí leerme el artículo completo del obispo, él del investigador Edward Green, y la reseña crítica de "La Razón". Y sacar mis propias conclusiones.

Y mi conclusión es la siguiente: que es muy fácil intentar manejar la verdad para que ésta nos dé la razón. Aunque sea a base de colegir de lo que dice alguien una idea diferente que nos beneficie en otra cuestión.



El asunto es que el artículo del señor Green lo que dice es que la idiosincrasia sexual de muchas zonas de África hace que el empleo del preservativo no sea muy eficaz. Pero no porque el preservativo no sea eficaz como medida para evitar la transmisión del SIDA, que lo es, sino porque la forma de vivir las relaciones sexuales de esas personas es diferente de lo que estamos acostumbrados en una sociedad de profundas raíces judeo-cristianas como la nuestra. Digamos que las evidencias que encuentran son empíricas: se suministran condones, pero sigue aumentando el número de casos de SIDA. Lo cual, no nos equivoquemos, no establece una relación causa-efecto.
En África, se nos dice, es muy habitual tener múltiples parejas más o menos estables, lo cual conforma una red de parejas que cruza prácticamente toda la sociedad, llegando a casi todos los habitantes adultos. Y, por otro lado, se observa que el solicitar a la pareja que se ponga el condón o el decidir hacerlo de forma autónoma, se entiende como una muestra de desconfianza que no es del todo compatible con la propia relación.
La combinación de ambas situaciones resulta en que es más complicado detener el avance del SIDA que si simplemente hubiese que tratar con grupos de riesgo focalizados, pues acaba siendo un problema muy globalizado en las sociedades africanas.

Además Green añade un factor que denomina "compensación del riesgo". Es decir, que los africanos, al disponer de un método que les limita el riesgo de contraer el SIDA, se sienten más seguros y se meten en más relaciones de riesgo en las que no emplean el condón, compensando una cosa con otra.
He de confesar que no entiendo del todo el razonamiento. Es decir, si uno es consciente de que se trata de una actividad de riesgo, y conoce cual es el riesgo real, la decisión es usar el condón sí o sí. Pero decidir usarlo solo 2 de cada 4 veces me parece absurdo. Y me plantea que, o bien el razonamiento no es correcto o bien nos lleva a una causa mucho mayor: la falta de educación y de adquisición de conciencia ante el problema.

Por último, el artículo de Green indica qué políticas han funcionado en África: las que se enfocan hacia el mantenimiento de relaciones estables y fieles, y a descender la promiscuidad. Y se da el dato de un país como Uganda, en el que esas políticas han funcionado muy bien, o el de Swazilandia y Botswana, los países con mayor índice de SIDA, en los que se están implantando medidas de promoción de la fidelidad.

Lo que me sugiere el artículo de Green y alguna de las cosas que dice el obispo es que las medidas que se han tomado hasta el momento en cuanto a evitar la propagación del SIDA en África han sido equivocadas. Posiblemente se han impuesto formas de pensar occidentales para atacar la enfermedad, y no se ha puesto suficiente interés en comprender la idiosincrasia de cada país para encontrar la solución que mejor se le ajustara.
Creo que hasta hoy se ha puesto mucho énfasis en la distribución del condón como método de bloqueo, pero no se ha trabajado lo suficiente en la educación sobre como usarlo (en una forma global no me refiero solo a como ponérselo). Y no voy a negar que medidas que conduzcan al mantenimiento de parejas estables sea fructífero, pero creo que el enfoque que se realiza de los datos es erróneo: no se trata tanto de fomentar una forma de actuar alejada de como se entiende la sexualidad en esas zonas como de mantener sus modos y costumbres minimizando el riesgo. Es decir, concienciando a las personas de que el condón deben usarlo siempre, a no ser que busquen procrear.


El artículo de "El País" incide en los errores del obispo sin entrar en la crítica que hace sobre los intereses económicos que mueven a actuar con una determinada política sanitaria. Lo hace porque le interesa llamar la atención con el titular, ante una idea que todos tenemos asumida porque es cierta: el condón reduce al mínimo la posibilidad de contraer SIDA. Pero con ello sesga la información.
El obispo se cierra en banda a aceptar que haya diferentes formas de entender la sexualidad, e incluso hace referencias a que usándola de determinadas maneras acercamos nuestra conducta a la de los animales. Conjuga en su texto el rechazo de plano al matrimonio gay, al sexo por placer o al empleo de la píldora del día después, empleando una argumentación moralista que comete el error de estimar un único punto de vista y un único comportamiento éticamente aceptable. Algo típico de la jerarquía eclesiástica, pero, desde mi punto de vista, profundamente equivocado, fundamentalista. Su escrito está lleno de opiniones que pretenden ser verdad, y por tanto esta sesgado desde su origen. Directamente, es bastante tendencioso, y miente...
"La Razón", en su artículo sobre las ideas de Green, se centra en que las soluciones pasan por la abstinencia y la fidelidad. Incluso menciona la monogamia, aunque el propio Green indica en su artículo que una poligamia en la que se mantenga la fidelidad es igualmente válida para impedir la propagación del SIDA. Y hace eso para acercar el ascua a su sardina, ofreciendo a sus lectores unas ideas más cercanas a sus propios ideales, aunque sea también a costa de sesgar la información.
Y por último, el señor Green analiza la situación desde los datos, ofreciendo la verdad estadística que indica qué políticas han resultado más o menos válidas en la lucha contra la propagación del SIDA. Lo hace con argumentación científica y diciendo cosas que no nos gusta oír. Pero, acertando como acierta en la idea de que es necesario cierta disciplina a la hora de emplear el condón cuando no existe suficiente confianza en la compañía sexual, creo que no hace suficiente hincapié en el peso que una mejor educación sexual podría tener para contrarrestar el aumento del SIDA. Una política que, personalmente, creo que a la larga es mucho mejor que asustar a la gente para que no mantengan relaciones sexuales.
Eso sí, en cualquier caso, creo que Edward Green es sincero y ofrece su interpretación de una forma honesta, y basada en hechos reales, por lo que, aunque no esté de acuerdo con él, me parece que resulta la opinión más valorable en este asunto.

Y vosotros, ¿que opináis?

martes, 31 de marzo de 2009

Gran Torino

Lo primero que me vino a la mente al terminar "Gran Torino" fue: "¿No era esta película una producción de 2008? ¿Estuvo nominada a algún Oscar?".
Y cuando me he puesto a investigar al respecto y he descubierto que sí, que efectivamente era del año pasado y que simplemente fue obviada por la Academia de Cine norteamericana, me he acordado de que cada vez que escribo el nombre del premio, esa estatuilla dorada llamada Oscar, no sé si escribirlo en mayúsculas o en minúsculas. Y que al final solo lo pongo en mayúsculas porque tengo algún amigo llamado Óscar, y no deja de ser un nombre propio. Porque si fuera por el nivel del premio, con injusticias así debería quedarse en minúsculas...

Y es que solo después de verla empecé a dudar de mi idea original sobre cual fue la mejor película del 2008. Hasta el momento no tenía duda de que la mejor que había visto y la que más me había hecho sentir era "WALL-E", otra olvidada del año pasado en alguna de las categorías estrella, aunque en su caso entendía que tenía mucho que ver el que sea una película de animación. Y ahora tengo dudas, aunque creo que sigo prefiriendo a ese maravilloso robot por encima del cascarrabias Walt, tan increíblemente interpretado por un actor tan grande como Clint Eastwood.

Las preguntas ahora son otras. "¿Como es posible que Clint Eastwood no fuese nominado a Mejor Director y Mejor Actor?" y "¿Como es que no estuvo entre las nominadas a Mejor Película o Mejor Guión?".
Creo que las respuestas solo las tienen en Hollywood, así que no me empeñaré en descubrirlas. Pero tengo la idea de que tiene mucho que ver con el hecho de que, en un año marcado por la llegada de Obama, una película que muestra algunas de las peores lacras que aun marcan la personalidad de la "América profunda" (ese par de palabras tan mal empleadas para referirse a los pueblos que conforman la raíz de los EEUU) no era del todo bienvenida. Por no mencionar el recuerdo que los Hmong suponen para su país. Así que este año tenía que ganar algo que saliera de la ilusión, de la victoria desde la chabola...


"Gran Torino" es una película maravillosa que trata del miedo. A lo desconocido, que se refleja en los choques culturales y, sobre todo, a lo conocido, a aquello que no enfrentamos porque sabemos que supone nuestro mayor error. Y trata, en definitiva, de la redención de ese miedo, que se consigue cuando uno descubre la bondad del contrario, o cuando consigue el perdón, propio o ajeno. El sufrimiento de Walt a lo largo de la película es tan fuerte que sorprende saber los motivos, en un giro que aleja al personaje del soldado que fue y lo convierte en el hombre que debería haber sido. Y el posterior giro final no es más que la consecuencia de haber encontrado el camino para perdonarse, la redención que su esposa siempre quiso para él.

Supone la despedida de Clint Eastwood como actor, al que se echará de menos de ahora en adelante. Ha hecho papeles tan fuertes a lo largo de su carrera que el simple hecho de verle ya supone ciertas cosas. Y él lo usa de maravilla para jugar con sus personajes, convirtiéndoles en personas cuando aparentemente son solo unos machotes salvajes. Me cuesta pensar en otro actor capaz de conseguir eso solo con su presencia.
Así que tendremos que conformarnos con seguir disfrutando de él como director. Pero mientras viva y sea capaz de crear películas como ésta, aun nos queda mucho que disfrutar.

Una injusticia que la película no adorne con un montón de premios su paso a la historia, aunque estoy seguro de que será recordada por encima de muchas otras más galardonadas ("Slumdog Millionaire", sin ir mas lejos). Y creo que, como me pasa con "Cadena Perpetua", "Gran Torino" será de esas que repitan con frecuencia en televisión y me enganchen una y otra vez como si fuera la primera vez que la veo.
Imperdonable perdérsela.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Maquiavelo y "El Principe"

Nicolás Maquiavelo fue un político florentino que ejerció distintos cargos de consejero y diplomático durante el final del siglo XV y comienzos del XVI.
Una mente muy incisiva, con una gran capacidad de análisis, que ha pasado a la historia menos por sus actos que por su obra literaria. Y una persona a la que se le recuerda sobre todo por "El Príncipe", un tratado sobre como debe actuar un gobernante en el ejercicio del poder para mantenerse en él, evitándose problemas y creciendo como estado.

Referirse a alguien como "maquiavélico" se ha convertido, con el paso del tiempo, en una forma elegante de llamar a esa persona "cabrón retorcido". Y es algo que en cierta forma se ganó Maquiavelo con "El Príncipe", aunque la verdad es que la obra tiene muchos méritos como tratado político y que su forma de valorar los actos en función de los resultados no deja de ser una consecuencia clara de la observación del pasado y la historia del poder.

Pero "El Príncipe" fue posiblemente la primera obra en presentar de forma realista el tipo de actos que un gobernante debe asumir, tanto honrosos como envueltos en fango, y ha conseguido que el nombre de Maquiavelo quede para siempre ligado a la idea de que el fin justifica los medios.

La obra queda muy centrada en el propio contexto personal de Maquiavelo, y en el histórico de Florencia.
Las vivencias de Maquiavelo como diplomático junto con algunos de los más importantes gobernantes de la época, así como su caída en desgracia tras el regreso al poder de los Medicis, le impulsaron a escribir su propio tratado político. Con él pretendía no solo volver a ganarse el respeto de la conocida familia mecenas, sino que intentaba además dar unas directrices que permitiesen al conjunto de estados italianos alcanzar una unión y una fortaleza similar a la alcanzada por otros estados de la época como Francia, Alemania o España. Y es entendiendo eso y conociendo un poco la historia como se encuentra una justificación fría y sin complejos morales de lo que Maquiavelo escribió.

Decir hoy en día que Maquiavelo fue un diablo (como sugiere el "Old Nick" con el que parece que se refieren a uno y otro los ingleses) resulta un tanto injusto, pero es evidente que ese nombre se ha convertido en algo que va mucho más allá de los actos y escritos del pobre Nicolás. Y es así como se le seguirá recordando por mucho tiempo que pase, ante el desconocimiento real de su obra por parte de la gran mayoría de nosotros.

Toda una demostración de que, por mucho que uno quiera ser recordado por sus actos, serán las palabras de los que nos sucedan y describan las que quedarán para la historia.

jueves, 26 de febrero de 2009

El desafío: Frost contra Nixon

La última película candidata a los Oscar que vi fue justo la tarde del domingo, apurando antes de la ceremonia. "El desafío: Frost contra Nixon".
Dirigida por Ron Howard, que para mi gusto es algo así como una especie de versión mala de Steven Spielberg (y del que últimamente me gusta más su hija que sus films), la verdad es que es una película muy interesante que, al igual que la ya comentada sobre Harvey Milk, hace un repaso de una situación histórica poco conocida en España: las entrevistas que David Frost realizó a Nixon un par de años después de dimitir éste último.

Y al igual que ya dije sobre "Mi nombre es Harvey Milk", ésta es una película más interesante que entretenida, que después de verla deja unas grandes ganas de ver las entrevistas reales de Frost para hacerse una idea personal de lo que ofrece la película. Siempre la persistente realidad, tan atractiva...

Tal y como está planteada, la película es un verdadero combate de boxeo, de apariencia desigual y resultado sorprendente. Es como si alguien hubiese reescrito "Rocky", y Apollo Creek se hubiese transformado en Nixon y Rocky en Frost, y el viejo campeón hubiese permitido al menos probable de sus vencedores retarle a un duelo. Y claro está, al final el pobre Frost consigue vencer a base de aguantar carros y carretas, recibir en donde más duele, el orgullo, y transformarse en un implacable periodista que roba, en su propio ring, el cinturón de campeón al viejo zorro.

Como digo, la historia es muy interesante. Frank Langella está magistral como Nixon y Michael Sheen hace un papel bastante bueno como David Frost. Y uno sale del cine deseando poder ver las entrevistas (que pueden comprarse en aquí). Pero también se sale con la duda de hasta que punto lo contado es real, si Frost era tan superficial y la situación resultó tan dramática, y si todo ha sido rebozado en una croqueta de misticismo trágico para convertirlo en un thriller irresistible pese a su obvio final...

Después de leer algunas cosas al respecto por internet, y sin haber tenido tiempo de verlas (aquí), me inclino a pensar que es lo segundo, que las dificultades se han sacado de quicio, y que las situaciones fueron menos espectaculares de lo que la película indica. Y me siento un pelín engañado por la pericia de los guionistas a la hora de convertir aquella historia en una obra cinematográfica tan retorcidamente convincente.
Pero no puedo dejar de reconocer que la película es muy buena, y que sea cual sea la verdad, uno se mete muy fácilmente en su trama y se deja llevar sin problemas por los caminos que se nos ofrecen. Incluso aunque por ello Nixon acabe cayéndonos bien...


Por tanto, una obra muy interesante que recomiendo a todo aquel que disfrute del buen cine, y especialmente a aquellos que se dejen llevar por las historias basadas en la realidad. No decepciona, aunque uno pueda sentirse engatusado, y está especialmente bien interpretada por Frank Langella, que podría haberse llevado el Oscar perfectamente de no ser porque Sean Penn está mejor haciendo de Milk.
Espero que os guste.

lunes, 23 de febrero de 2009

Milk

Otra de las películas nominadas a los Oscar que me he tragado para estar preparado de cara a la gala, es "Mi nombre es Harvey Milk", o simplemente "Milk", que tiene tantas como 8 nominaciones y que es muy probable que al final no se lleve ninguna, pese a la magnífica interpretación de Sean Penn.

El señor Harvey Milk fue un activista gay que pasó a la historia por su acceso a la concejalía de la ciudad de San Francisco y su lucha por defender los derechos de los homosexuales.
Un tipo que decidió no solo salir del armario, sino pelear en campo abierto contra todos los prejuicios que producía su forma de vivir su sexualidad, orgulloso de ello y sin intentar ocultarlo o pasar desapercibido. Y que fruto de su pelea se convirtió a su muerte en un mártir por la causa gay, lo cual facilitó, aun más si cabe, que San Francisco se convirtiera en la capital del mundo homosexual.

La película está dirigida por un director como Gus Van Sant, habituado a trabajar con historias de crecimiento personal (vease por ejemplo "El indomable Will Hunting" o "Descubriendo a Forrester"). No es una dirección que llame especialmente la atención, pero consigue conducir al espectador hacia donde él busca, permitiéndole ver tanto las grandezas como las miserias del personaje, lo cual se agradece en este tipo de películas. Y si bien en este caso la historia real de Harvey Milk se lo da casi todo hecho, no es menos cierto que el guión está muy bien cerrado, conjugando las vivencias privadas de Milk con su ámbito público de una forma muy natural y creíble.

Pero lo mejor de la película está sin duda en la labor de Sena Penn, que si el mundo fuese justo con esta película debería llevarse un nuevo Oscar. Este año parece que todo se decanta hacia Micky Rourke, al que aun no he visto su interpretación, pero me cuesta creer que pueda resultar más creíble en su papel de lo que Penn ha conseguido ser con el suyo. Y es que a uno, que le ha visto interpretar a personajes tan diversos como al asesino de "Pena de muerte" o al discapacitado de "I am Sam", le resulta bastante inexplicable no haberse dado cuenta hasta ahora de lo alocadamente homosexual que es Sean Penn...


Por lo demás, la película es más interesante que entretenida. Me gustó por que me pareció curioso conocer como había evolucionado el movimiento gay en San Francisco, y el tipo de luchas que tuvo que afrontar. Pero la verdad es que todo queda en manos de la capacidad para transmitir de Sean Penn, porque en ese aspecto lo cierto es que la película podría ser un simple documental y el resultado hubiese sido el mismo.
No apta para personas con prejuicios ante los homosexuales ni para aquellos que, sin ser homófobos, prefieran no ver besarse a personas del mismo sexo. Que, aunque no hay nada especialmente subido de tono, tampoco es plan de ir al cine a pasarlo mal con según que escenas.

Ineludible para fanes de Sean Penn y para cualquiera que sea capaz de ver cualquier película solo por una buena interpretación. Para los demás, una película para pasar el rato y aprender un poco de historia actual, con pocos atractivos más...

miércoles, 11 de febrero de 2009

Sun Tzu,”El Arte de la Guerra”

Aunque habitualmente se ha adoptado a Sun Tzu como un general chino procedente del estado Ch’i, y se le ha conocido como el autor de “El Arte de la Guerra”, lo cierto es que no hay referencias históricas suficientemente fiables sobre su procedencia ni existencia real, y es probable que no existiese más que como escritor y nunca llegara a ser un guerrero.
Ahora bien, sea como fuere, el propio estilo y desarrollo del libro hacen pensar que fue escrito por una única persona, como un conjunto y una obra completa. Por lo que el mérito del personaje no deja de ser muy grande, al contemplar lo avanzado de su compendio de ideas sobre las confrontaciones.

Como obra, se puede datar “El Arte de la Guerra” entre el 400 a.C y el 320 a.C, basándose en sus referencias y en algunas de sus ausencias (la falta de un capítulo específico para la caballería siempre se ha interpretado como prueba de que el libro es anterior al uso militar de ésta). El libro se divide en 13 capítulos, cada uno de los cuales se centra en tratar diferentes aspectos a considerar por un buen estratega a la hora de combatir (la topografía, la forma de maniobrar, la disposición del general y de las tropas, el empleo de espías…).

Estos capítulos se estructuran en forma de versículos cortos que explican distintos aspectos del capítulo a tratar, dando pautas de comportamiento ante las diferentes posibilidades que un general puede encontrarse en la batalla, tanto en aspectos tácticos como estratégicos. Y aunque pueden llegar a ser bastante específicos, lo cierto es que sus explicaciones pueden ser siempre entendidas de forma metafórica y extrapoladas a cualquier situación de confrontación que hallemos en nuestra vida común, por lo que aun hoy en día aportan un conocimiento muy aprovechable en casi cualquier ámbito de nuestra realidad.

Sin entrar en muchos detalles, Sun Tzu hace una valoración de cómo debe ser un general, que resulta especialmente rica en el tema psicológico, y otorga claves de comportamiento esenciales para aprender a dirigir a un grupo en casi cualquier contexto. Y en esas claves, se hace un especial hincapié en:
1. La capacidad de prevenir cualquier situación de riesgo, incidiendo en la necesidad de poder analizar las situaciones de una forma rápida y emocionalmente despegada.
2. En mostrar una gran flexibilidad de posturas, para poder cambiar ágilmente un comportamiento que no esté rindiendo frutos, centrándose en este caso en no mostrarse obstinado con planes que no den resultados y en ser capaz de emplear diferentes estrategias ante situaciones parecidas, para evitar la anticipación del rival.
3. Conocerse uno mismo tanto como al rival. El conocimiento es fundamental en cualquier batalla. Es necesario conocer al rival y el contexto en que se va a combatir, pero también es necesario ser consciente de las propias fortalezas y defectos, para poder anticipar fallos y emplear ventajas.

Finalmente, la filosofía guerrera de Sun Tzu se destila en dos ideas:
- Que el arte de la guerra se basa en el engaño.
- Y que el supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar. Lo cual solo se consigue con una total superioridad estratégica sobre el rival.

En ambos casos es fundamental tener muy en cuenta los puntos anteriores.

Hoy en día Sun Tzu podría parecer un simple recuerdo.
Pero su estilo, tan oriental, de ofrecer metáforas de muchos significados y pensamientos profundos escondidos en palabras simples, hace que se sigan empleando sus enseñanzas en ámbitos empresariales, o en cualquier otro que implique liderar un grupo en pos de un objetivo y en competición con otros.

Sin duda, "El Arte de la Guerra" es una gran obra de la que se pueden sacar muchísimas conclusiones. Echadle un ojo, que es corto y no aburre en absoluto...

viernes, 6 de febrero de 2009

Rien ne va plus!

Una de las cosas que siempre se debe tener muy claro al ir a un casino es que la banca siempre gana. Que la suerte que uno pueda tener no deja de ser una concatenación de sucesos exitosos en una serie que, como hecho estadístico, siempre suma más fracasos. Y que más vale ir a divertirse e imponerse un límite de pérdidas, o retirarse cuando se está ganando, que dejarse llevar por la codicia y la mala sangre, buscando vencer a quien, por norma matemática, siempre va a sacar beneficios.


Y en la vida fuera del casino pasa casi exactamente lo mismo, que la banca siempre gana. Y en un año de comienzo de crisis, en el que los bancos se acorazan para que sus balances no se descuadren y no poner en riesgo su existencia, vemos como el Banco de Santander acumula beneficios de 8.876 millones de euros, tan solo un 2% menos que el año pasado, y eso tras descontar los 1300 millones en acciones que va a dar a sus timados por el caso Madoff. Nada mal si tenemos en cuenta que su índice de morosidad ha subido del 0,95% con que cerró el 2007 a un 2,04% del año pasado, con lo que eso implica en provisiones para cumplir con el Banco de España.

El otro día discutía con un amigo si los bancos y cajas españolas tienen o no dinero, y porque no lo prestan. Según él, los bancos no prestan por falta de confianza en el cliente. Quieren asegurarse de que se les va a devolver ese dinero, y ahora mismo la situación no es propicia. Según mi hipótesis, a los bancos no les sobra el dinero, pues tienen que hacer frente a muchos vencimientos muy cercanos, y saben que el aumento de la morosidad les obliga a provisionar más. Sin más, creo que no tienen verdadera liquidez pues lo que les llega tal cual entra se va.
Y seguramente la realidad esté en un punto intermedio entre ambos.

Pero cuando uno ve determinadas cifras de beneficios y observa hasta que punto han restringido el acceso al crédito sin ningún tipo de discriminación (se ha acabado estudiar al cliente, los bancos no están bloqueando el crédito solo a los de más difícil pago, no, lo hacen casi a todos por igual), no puede dejar de indignarse con las entidades bancarias que han sido cómplices activos de la situación económica actual, y que no cumplen con cierto deber moral contraído con aquellos a los que ayudó a inflar.
Y, sobre todo, con el contraído con un país que, a través de su gobierno, les ha ayudado a deshacerse de activos que les sobraban en un momento para ellos crítico (por mucho que lo nieguen), facilitando su subsistencia. Y con el que ahora no mantienen ningún tipo de reciprocidad, condenando a un montón de empresas a un paulatino deterioro que puede desembocar en su quiebra.
Con ganancias como esas, claro que se pueden permitir dar más créditos, y por su propio futuro, más vale que lo hagan.

Me molesta la banca, me molesta escuchar esos tremendos beneficios, inmorales, cuando todos vamos hacia abajo. Y me duele constatar una vez más que el sistema bancario, por muy necesario que resulte en el tipo de sistema social que vivimos, no deja de ser un tremendo engaño en el que unos pocos siempre se benefician.
Y solo me hace sacar una sonrisa ácida, torciendo el gesto, pensar que somos como Remedios Amaya en Eurovisión, buscando unos puntos que nos dejen en un lugar digno, cantando "Ay, quien maneja mi banca quién... que a la deriva me lleva quién...".


Ahí les dejo una foto del diablo, con sus inconfundibles camisa blanca y corbata roja (sí, siempre usa la misma combinación, en cualquier foto que encuentren. JD me lo hizo saber)...

lunes, 19 de enero de 2009

Resistencia

"Resistencia" es la última película de Edward Zwick, y narra la vida de un grupo de partisanos judíos que sobrevivieron a los nazis en los bosques de Bielorrusia. Una película entretenida, con varios defectos, que mantiene el interés aunque hoy en día, con la guerra israelita-palestina, sea fácil tener prejuicios hacia el pueblo judío.

La película está bien interpretada, con Daniel Craig, Jamie Bell (aka Billy Elliot) y Lieb Schreiber como principales protagonistas. Queda muy bien ambientada en el interior profundo de un bosque, con una fotografía muy fría, típica de este tipo de películas, que realmente ayuda mucho a meterse en lo terrible de la historia. Y no tiene nada especialmente bueno ni malo en su dirección, esta bien sin estridencias.
Pero falla más en cuanto al desarrollo de la historia y las licencias de los guionistas para conjuntarlo todo y darle una forma más narrativa. Así, se centra mucho en la figura de Tuvia (Daniel Craig), dándole un protagonismo y unas características demasiado heroicas, muy cinematográficas, pero poco realistas. También, quizás en busca de una justicia divina, carga en demasía contra los partisanos soviéticos, obviando el hecho de que los Bielsky eran muy cercanos a ellos (de hecho Asael, el personaje interpretado por Jamie Bell y que, en cierta forma, representa el honor en toda la película, acabó integrando el ejercito rojo por propia voluntad). Y, curiosamente en una película de este estilo, muestra a unos nazis bastante estúpidos y con muy poca habilidad para atacar y defenderse, menos crueles de lo que se podría esperar.


El verdadero interés de la película está en el hecho de plantearnos una resistencia activa desde un "comando" judío, algo habitualmente poco visto, ya que siempre se ha preferido mostrar al judío como una víctima contemplativa de la masacre nazi. En ese aspecto, la película podría resultar novedosa y muy interesante, pues obliga a los protagonistas a luchar contra ellos mismos para poder luchar contra la crueldad de sus enemigos, asimilando con ello parte de la maldad del otro.
Pero la idea no termina de fraguar en toda la película, y la historia decide darle a los Bielsky una imagen demasiado depurada, demasiado buena y bonita que, siendo perfecta para completar un guión épico, resulta muy poco creíble en una historia basada en hechos reales.

Como último comentario, aunque posiblemente sea lo más importante, hay que decir que a la película se le da un aire profundamente prosemita, no ya al tratarse de una historia de partisanos judíos, sino al convertir todas y cada una de sus peripecias en parábolas sobre las claves históricas del pueblo judío.
Así, hay muchas huidas e incluso un éxodo masivo. También hay lucha entre hermanos, con una separación manifiesta entre el que busca un bien más cercano a su dios, manteniendo unido al pueblo, y el que se deja llevar por una pasión más terrenal y violenta. Hay una clara lucha de David contra Goliath, que se resuelve a favor del primero en una escena final bastante increíble. Y, sobre todo, hay mucha persecución y finalmente, victimismo, con un pueblo judío odiado por todos, que no encuentra justicia ni siquiera dentro del ejercito rojo para el que lucha.


Y ahora perdonad que me salga del tiesto y de lo que es una crítica más cinematográfica, y voy a dar una visión más personal.
He de confesar que, tras los ataques de Gaza de las últimas semanas, lo que menos me apetecía era recibir una muestra como ésta de empatía hacia el mundo hebreo. Honestamente, no creo que lo merezcan.
Pero lo cierto es que hay mucho Hollywood muy inclinado hacia Israel, y este tipo de películas se emplean como verdaderas armas de "concienciación" que apoyan su causa.
Así que si te pasa como a mí, igual prefieres no verla para no salir del cine pensando que quieren comerte el coco.
Porque mi conclusión sobre este tipo de películas, y en general sobre la comunicación de ideas del mundo hebreo, es que se emplea un victimismo excesivo para que todos nos sintamos culpables por los horrores que han vivido históricamente los judíos (horrores injustificables e inhumanos, todo sea dicho). Y se hace de forma racional, buscando tanto una complacencia general ante los excesos de Israel como una reafirmación del propio judío en su concepción de pueblo elegido y, por tanto, envidiado por el resto.
Y creo que es una política que solo conduce a más rencor, que aumenta el odio de los que son antisemitas y favorece la manía de los que no lo son.
Como me dijo un buen amigo al salir del cine, "ni pidas a quién pidió, ni sirvas a quién sirvió", pues ocurre a veces que pierden el sentido de la medida, y se permiten excesos inapropiados. Lo de Israel, por desgracia, es un magnífico ejemplo de como alguien que ha sufrido es capaz de repetir ese mismo mal, olvidándose de sus propios valores.

Para terminar, por lo que he leído por ahí, hay una película que narra la historia de los partisanos soviéticos en Bielorrusia, llamada "Masacre (ven y mira)", que acerca con más crudeza lo que fue la resistencia contra los nazis en las mismas zonas que esta "Resistencia" de Zwick. No está centrada en los judíos, y posiblemente sea menos épica, pero tengo entendido que es más real y permita sacar una mejor idea histórica de aquella vivencia.