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martes, 6 de julio de 2010

Ventajismo.

Sí, ventajista, que así va a ser esta entrada. Porque llevo queriendo escribirla desde hace ya un par de semanas, pero no había encontrado tiempo para hacerla. Y precisamente con el paso de los días, la reflexión que quería hacer se ha ido haciendo más y más pertinente.
Además, puede que si la retraso un solo día deje de ser válida, así que mejor aprovecho la oportunidad y lo suelto.Vamos allá.
Hoy quiero hablar de Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza. Ese por el que renombraron el polideportivo de Villa Rosa, donde tantos partidos he jugado. El que consiguió hacernos campeón de Europa e inicio la fase de mejor juego de la historia de la selección española de fútbol. Ese magnífico entrenador que, por méritos propios, pasará a la historia del balompié patrio. Y uno al que me cansaría de defender por alguna de sus peores y más desafortunadas expresiones (Henry, y casi cualquiera, sabe de que hablo).


Pero hoy voy a ser ventajista, y voy a aprovechar que la selección española está mucho más lejos de lo que él jamás consiguió llevarla en un mundial para criticar la actitud ventajista con la que ha venido criticando a la selección desde que comenzó éste de Sudáfrica. Algo que me hubiese gustado hacer desde que abrió la boca en la fase de clasificación, aunque entonces decidí ser prudente para ver si se enmendaba. Y algo que creo que se ha ganado a pulso.

Hay quién opina que Luis Aragonés puede decir lo que quiera, que se ganó ese derecho cuando dirigió a la selección que ganó en Viena. Y que a fin de cuentas muchas de las cosas que está diciendo no son más que verdades, expresadas encima desde el conocimiento tanto del mundo del fútbol como de los propios entresijos del equipo que nos defiende estos días en Sudáfrica. De hecho, no hay más que leer los comentarios de cualquier periódico virtual (deportivo o no) para ver la cantidad de forofo que le defiende a muerte y carga contra Del Bosque a cada paso que da.

Pero esa es una idea equivocada, un error que pasa por alto que Luis Aragonés representa el pasado (innegablemente glorioso) y que en ningún caso debería ser una china en el camino hacia un futuro igualmente triunfal. Y que aunque ahora ese riesgo se antoje lejano, estando España ya en semifinales, es más que posible que con otro seleccionador menos relajado que el actual, algo así hubiera podido suceder.

Luis Aragonés mete la pata por el simple hecho de emitir opinión sobre la selección, siendo él como es el seleccionador saliente. Nunca debería hacer una crítica, por muy basada que pueda estar en la realidad, pues corre el riesgo de desestabilizar a un grupo al que, más allá de haber hecho campeón, debe buena parte de su propio éxito.
Pero es que además en muchas de sus opiniones se desprende la mala fe de aquel que no desea al prójimo un éxito igual al suyo, lo cual es de por si bastante mezquino, y se salta por el camino muchas de sus propias ideas sobre lo que son los códigos del fútbol, esos que hacen que las cosas queden en la cancha y no se trasladen al exterior.
Personalmente, me da la sensación de que Luis Aragonés guarda cierto rencor por como salió de la selección, por como no se le dio la oportunidad de continuar con el equipo para intentar ganar él mismo este mundial de Sudáfrica.
Pero no debería olvidar que vivió la eurocopa de Austria y Suiza totalmente de prestado, después de arrepentirse de dimitir si no pasaba de octavos en el mundial de Alemania. Que en realidad llegó allí casi de rebote y jugando mal, pese a que luego el equipo hizo un gran fútbol. Y que la decisión de dejarle fuera fue la consecuencia de la expresión de su propio deseo de dejar al equipo al terminar la eurocopa.
Así que, pese a que el se sienta frustrado por verse fuera, debería dejarse de comentarios hirientes y centrarse en apoyar a unos jugadores que le quieren y le respetan por haber hecho de ellos los mejores. Y que mejor manera de concretar ese apoyo que con un respetuoso silencio hacia el trabajo de unos colegas que están desempeñando un trabajo que él debe saber bien complicado.

Todo lo que sea salirse del silencio o el elogio, por fingido que pueda ser, es un error, y él debe entenderlo como tal. Porque si al final España acaba dando la campanada será en buena medida por alguna de las decisiones que él tomó en su momento, y nadie le va a negar el mérito. Pero si se empeña en continuar desacreditando a sus compañeros, incluso a sus pupilos, lo único que va a conseguir es perder el respeto de todos. Y eso ni es bueno para él ni para la selección española de fútbol...
Mañana tiene que ser un gran día, ojalá.
Espero que todos lo veamos y que al final las cosas que ha ido diciendo el amigo Aragonés queden en el olvido del que perdona lo malo cuando lo bueno es tan grande...

Aun a riesgo de ser un gafe del carajo, que leches...
¡¡Podemos!!

martes, 1 de septiembre de 2009

El sexo de los ángeles.

El otro día venía en "El País" un artículo muy interesante que trataba sobre le definición del género en las competiciones deportivas.
El artículo tomaba el caso de Caster Semenya, la campeona de 800 metros en los últimos campeonatos de atletismo de Berlín, de cuya identidad sexual se duda, para narrar como ha evolucionado la percepción del sexo de los atletas desde la perspectiva de las reglas deportivas. Y trataba de explicar una serie de nociones sobre la diferenciación sexual cuya base biológica resulta especialmente interesante (algo estudié al respecto)...

El caso es que hay cosas que no mucha gente sabe. Por ejemplo, que el ser un hombre o una mujer no es una cuestión genotípica (determinada exclusivamente por lo que marcan los genes) sino fenotípica (determinada por lo que finalmente expresan los genes).
Así, aunque para el común de los mortales que saben un poco de genética la mujer es XX y el hombre XY, lo cierto es que se dan casos de hombres XX y mujeres XY. Muy raros, sí, pero se dan.
Y eso se debe a que en realidad que una persona se desarrolle como hombre o como mujer se debe a una conjunción de procesos que, en su desarrollo, no siempre conduce a un único resultado. De hecho, hay resultados intermedios (estados intersexuales) que realmente no entran ni en una ni en otra categoría.


En base a esto, el artículo venía a decir que decidir quién puede o no competir como hombre o como mujer es mucho más complicado de lo que parece.
No basta con hacer una simple prueba para ver si se tiene o no cromosoma Y. No solo porque, por ejemplo, se puedan dar casos de mujeres muy femeninas con genotipo XY (no hay más que buscar rumorología relacionada con el Síndrome de Insensibilidad a Andrógenos, SIA, o Síndrome de Morris para encontrarse con personas no solo muy bellas, sino muy famosas), sino porque en muchos casos, y especialmente en los intersexuales, es el individuo en cuestión quién decide su propia identidad.
Y parece que hoy en día es precisamente el argumento de la identidad el que más pesa a la hora de decidir si una persona puede o no competir como mujer.

Resultaba muy interesante leer el debate encendido que se daba en los comentarios del artículo, entre personas incapaces de aceptar ese argumento de la identidad personal y los que en cambio lo defendían. Muchos daban argumentaciones muy perdidas, en las que el simplismo del XY suponía todo lo necesario para calificar a una persona como hombre. Y algunos simplificaban en el sentido contrario, indicando que "sentirse" mujer e identificarse como una era suficiente.

Pero personalmente me resulta muy difícil dar una opinión definida. Siendo tan amante del deporte, me parece casi imposible decir si la posibilidad de que se adultere la competición ha de limitar las verdadera sensación identitaria de una persona.
Pero entiendo que es injusto para otras competidoras el verse luchando con una persona cuya identidad quede confusa y pueda obtener ventaja de ello. Y, sin embargo, me queda el regusto amargo de que a a la señorita Semenya se le juzga con demasiada dureza para la falta de pruebas que rodea el caso...

Son estas imperfecciones las que hacen que nos planteemos las cosas, los detalles que se salen de lo normal y ante los que nuestra mente no sabe exactamente como reaccionar.
Es una lástima que no se pueda quedar la pregunta en el aire, pues al final en una carrera ha de haber un vencedor. Pero aunque al final se dé una respuesta determinante al caso de Caster Semenya, y a cualquiera que se produzca en el futuro, estoy convencido de que los debates y las novedades continuaran siempre.

martes, 25 de agosto de 2009

Relámpagos...

Hubo un tiempo, cuando era un adolescente, que formé parte de un club de atletismo junto con algunos compañeros de colegio. Alguno de ellos es, de hecho, de mis mejores amigos hoy en día.

Ya desde antes de aquello me gustaba mucho el atletismo, correr, saltar... Pero desde entonces la afinidad es algo diferente, entendiendo lo difícil que son algunas cosas, los esfuerzos que implican, y admirando especialmente a quienes dedican su vida a un deporte que, pese al profesionalismo de muchos atletas, tiene todavía mucho de amateur y falta de recursos. Sobre todo aquí, en España.

Este verano he podido disfrutar en casa de uno de los mejores campeonatos del mundo de atletismo que ha habido jamás. El gran protagonista, y al que se recordará para siempre al pensar en Berlín 2009, es Usain Bolt, pese a que seguramente él mismo se encargará de que sus marcas no queden para la historia. Pero se corre el riesgo de que, ante la grandilocuencia de la prensa y su desenfadada actitud, se pierda de vista la magnitud de lo que ha hecho.
Y es que lo que ha hecho es inmenso...


En un mundo donde los pasos evolutivos se miden en niveles de una centésima, Bolt crece en décimas, haciendo que parezca fácil superar los límites que gente tan grande del atletismo como Carl Lewis jamás hubieran siquiera soñado alcanzar. Porque, en un mundo realista, sus marcas son de sueño. Y porque, además, muchos creemos que puede llegar más lejos, viendo su juventud y los defectos que aun le quedan por pulir...

Dicen que con Bolt nos estamos acercando a los límites del ser humano, aunque es posible que dentro de unos años un tipo gigante de 2,20, con una coordinación extraordinaria y que haya preferido el atletismo a otros deportes que den más dinero, sea capaz de moverse más rápido que él, y romper cualquier previsión.
Pero, sea como sea, nunca olvidaré el sentimiento de vivir un momento único cada vez que he visto a este monstruo batir un récord mundial. Aunque haya sido tan a distancia, y aunque la televisión sea tan fría. Momentos de esos que, por muy silencioso que se sea, se quieren compartir y se disfrutan comentando.

Usain Bolt ha batido todas las marcas que el hombre había marcado en el último siglo de deporte, reales y ficticias. Y su importancia va más allá de los récords y los títulos, pues entra de lleno en el mundo de la imaginación y la fantasía, el mundo que el ser humano más gusta de explorar.
Solo espero que el relámpago duré mucho más que un centelleo resplandeciente, y que su luz continúe cegándonos la razón por muchos años más.
Que soñando así se duerme mucho mejor...

miércoles, 29 de abril de 2009

Eros y Tánatos.

En la teoría psicoanalítica de Freud, Eros representa la pulsión de vida. El deseo y el sexo, el instinto de supervivencia (aunque en el caso humano sea menos instintivo), el amor...
En cambio Tánatos representa la pulsión de muerte, el sufrimiento, la autodestrucción también, y el dolor.
Y se supone que entre una y otra pulsión vivimos los seres humanos, a veces dejándonos llevar por la pasividad de Tánatos, y otras veces actuando impulsados por Eros hacia la máxima expresión de la vida.

Efectivamente, ya lo habréis adivinado, hoy vuelvo a hablar de fútbol. Del Madrid-Barça del próximo fin de semana concretamente, y de hasta que punto un partido así es también un símbolo de lo que somos y vivimos...

Si hubiese tenido que decidir hace unos meses cual de los dos equipos representaba un rol y cual representaba el otro, no hubiese tenido dudas. El Madrid era un equipo que se dejaba llevar hacia la muerte, cometiendo errores impropios que le conducían a la autodestrucción, casi a la carrera. El Madrid era Tánatos, al cien por ciento.
En cambio el Barça representaba la pasión y el deseo, deseo de belleza, la atracción, una forma creativa de entender el fútbol y con ello su propia existencia, casi con humor, buscando sobrevivir y pervivir a través de cada uno de sus actos. Cien por cien Eros.

Hoy, en cambio, uno no sabe si cambiar de roles o de planteamientos.
O dejarse de tonterías con simbolismos psicoanalíticos sin aplicación futbolística.
El Barça parece ir acercándose poco a poco al abismo, dejando su clasificación para la final de la Champions como una posibilidad mucho más lejana hoy que ayer. Y viendo como se deja comer el terreno en la liga por un equipo de juego muy inferior que, aparentemente, solo sabe sufrir.
Y mientras, el Madrid demuestra paso a paso una fe inquebrantable en si mismo, y una capacidad de supervivencia casi infinita, que le da un aire de luchador espartano capaz de salir vencedor de cualquier batalla. Algo que le convierte en un enemigo terrible, porque sabe que solo podrá vencer arriesgándose a morir, y está dispuesto a hacerlo solo por la necesidad de aferrarse a la vida...

Queda poco para saber que pasará, pero creo que si Sigmund Freud hubiese sido aficionado al fútbol, hace mucho tiempo que hubiésemos dejado de contemplarle como un insigne psiquiatra con cierta obsesión por el sexo, y ahora le encontraríamos envuelto en bufandas de su equipo favorito, con una bandera como capa y una enorme trompa de plástico con la que animar en el estadio. Loco, como casi todo el mundo, y ansioso por ver ganar a su equipo.

Ojalá gane el mejor, o al revés. Y que todo siga siendo tan demente como hasta ahora...

miércoles, 15 de abril de 2009

Heinze y Guardiola.

Sí, voy a hablar un poco de fútbol.
Hacía mucho tiempo ya, y no deja de ser el deporte nacional. Y aunque yo sea un desengañado que prefiere irse al cine antes que ver un partido, sigo jugándolo con verdadera pasión un par de veces por semana. Digamos que, por mi propio carácter, no conozco ni los amistosos ni las pachangas entre amigos.

Y sí, no puedo evitar enterarme de como va el mundo del balón y formarme mis opiniones para esas discusiones tan absurdas que a veces tenemos los estúpidos aficionados sobre lo que tal o cual equipo necesita, o sobre lo bien y mal que va tal otro. Ni puedo evitarlo ni lo evito demasiado, pues todas las noches me duermo con el típico programa deportivo nocturno. Aunque cada vez me duermo antes...

Hoy quiero hablar de Heinze. Ese lateral izquierdo ni demasiado rápido ni demasiado hábil pero muy argentino que tiene el Real Madrid. Y no se crean que eso es hablar mal de él, todo lo contrario. En fútbol, cuanto más argentino mejor jugador profesional eres.
Ahora bien, tampoco crean que eso es hablar bien de alguien. En fútbol, ser muy buen profesional muchas veces se pega de frente con ser un buen tipo en el campo...

El caso es que hace unas semanas Heinze hizo el idiota contra el Liverpool y fabricó de la nada una falta tonta. Una falta tonta muy peligrosa que facilitó que el equipo de Benítez metiera el gol de la victoria en los cuartos de final de la Champions, en el Santiago Bernabéu. Y que, irracional pero irremediablemente, me provocó cierto enfado instintivo hacia él por lo estúpido de su acción.

Pero la semana pasada Heinze dijo algo que le redimió ante mis oídos, al hablar de Guardiola en unos términos que parecen contradictorios con la enconada rivalidad entre el Madrid y el Barça. Vino a decir que se alegraba de su éxito y que le parecía un tipo muy sensato que se merecía cualquier éxito que le llegara.
Y me gustó porque estoy de acuerdo. Porque me gusta Guardiola por su forma de entender el fútbol y porque las cosas que dice son casi siempre muy correctas. Y porque me gustaba mucho como jugador y ahora como entrenador está intentando dar el mismo sentido a su carrera que le daba al balón dentro del campo. Algo muy complicado de ver en el agobiante ritmo del fútbol actual, si bien también es cierto que posiblemente está en el único club del mundo que, hoy por hoy, puede permitirse jugar así.

Es bueno encontrarse con gente como Guardiola. El mundo del fútbol es de todo menos humilde, en mayor medida cuanto más exitoso es el club o el jugador. Incluso los dirigentes parecen casi todos ególatras mafiosos con más ínfulas que un obispo.
Dar con alguien que, después de un 4-0 con el Bayern de Munich es capaz de recordar como Ken Perry ha perdido el Masters de Augusta fallando cuando nadie lo esperaba es como encontrar una bolsa de aire fresco en una avalancha de nieve.

Así que gracias, Heinze, por recordármelo y por darme motivos para volver a creer en él.
Y gracias a Guardiola, por ser como es. Por mucho que no pueda evitar desearle una mísera derrota en la liga en curso, ojalá hubiera muchos más como él en el fútbol español...

miércoles, 7 de enero de 2009

Soy minero...

Todo el mundo tiene sus cosas para relajarse. Los hay que hacen punto de cruz, otros que son adictos a los masajes. Y hay a quién le da por las maquetas, la pintura, los soldaditos de plomo...

Yo no iba a ser menos, y no soy el más raro, la verdad. De hecho, las actividades que me relajan son bastante comunes. Por un lado, hay pocas cosas con las que me sienta más a gusto que jugando un partido de fútbol bien peleado, uno con mucha rivalidad en el que haya estado corriendo todo el tiempo. Una afición que comparto con muchísima gente...
Y en casa, cuando me apetece dejar de pensar, recurro al "Buscaminas". Sé que hay otros como yo (sin ir más lejos, J.K. Rowling es bastante buena en el jueguecito, y también le da cuando quiere dejar de pensar en escribir), pero ésta es una afición menos común. Vamos, al menos aun no he visto a cien mil personas ir a un estadio a ver a nadie jugar al Buscaminas...

Aunque para mucha gente lo del Buscaminas es pura suerte, y en buena parte tengan razón, la verdad es que para conseguir un buen récord es importante tener una buena estrategia, haber practicado mucho y dominar las diferentes funciones de botón que proporciona el juego. Porque mucha gente no sabe siquiera que puede colocar banderitas para marcar las banderas pasadas, y para la gran mayoría el uso simultáneo de los botones derecho e izquierdo del ratón es un secreto desconocido. Y ese es el secreto más importante para poder desvelar bombas a toda velocidad...

Recuerdo que aprendí a jugar gracias a mi hermana. Le veía jugar tan rápida, despejando las 16x30 casillas del nivel experto, con sus 99 minas escondidas, a un ritmo que me parecía imposible y me admiraba de su capacidad. Luego, con los años, conseguí superarla, y dejé mi récord particular en 102 segundos para ese mismo nivel, que no está mal pero tampoco es gran cosa viendo algunos resultados que hay por ahí. Aunque desde que cambié de ratón a uno inalámbrico, con menor nivel de precisión, me resulta difícil bajar de 150 segundos. Y ya no juego con tanta entrega...


En mis buenos tiempos podía pasarme muchos minutos delante de la pantalla, terminando partidas a una media de 125 segundos, fallando solo cuando la suerte resultaba decisiva. Incluso desarrollé teorias de juego y relacioné algunas estrategias con situaciones de vida reales... Pero hoy en día me lo tomo más en plan relax, y sigue resultándome una actividad muy tranquilizante.
Ahora bien, de cuando en cuando me surge la idea e comprarme un mejor ratón y ponerme a jugar en busca de bajar de esos 100 segundos que separan a los mejores de los que solo somos aficionados. Serán los últimos estertores de rebeldía que me quedan, no sé, pero estoy seguro de que acabaré haciéndolo.
Y a fin de cuentas, estas son de las pocas bombas que no hacen daño a nadie, ¿no?
Venga, todos a jugar...

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Sigamos tocando.

Hay una historia por ahí, no sé si será cierta o no, que dice que la orquesta que amenizaba las veladas en el Titanic, la "Wallace Hartley Band", una vez iniciados los acontecimientos que acabaron con el hundimiento del barco, siguieron tocando para intentar evitar que la gente cayera en el pánico. Y que después, comprendiendo que su muerte era segura, continuaron su recital en la cubierta del barco, despidiéndose de la vida con la canción "Nearer, my God, toThee" (Mas Cerca, Oh Dios, de ti).

Por ese comportamiento, se dice de personas o entidades que encaran una situación muy grave, decidiendo continuar con su rutina como si nada pasara, que actúan como la Orquesta del Titanic, esperando que ese dejar hacer dé una solución o desemboque en un final. Y se ha convertido en una expresión muy dura para atacar la supuesta indolencia de la gente que, cuando vienen mal dadas, confía en una solución positiva porque creer es lo único que pueden hacer, pero no hacen nada activo para afrontarla.

Pues bien, yo hoy quiero oponerme frontalmente a esa idea, que hace que el recuerdo de aquella orquesta sea tan negativo. Porque se usa mucho contra la inacción de los gobiernos y la de todos aquellos que no hacemos lo suficiente porque el mundo vaya mejor. Pero se olvida de aquellos ocho hombres que dieron su vida intentando hacer felices a los que les rodeaban, infundiendo de un mínimo de esperanza a los que aun quedaban en el barco.
Que al fin y al cabo los pobres músicos simplemente afrontaron la realidad que estaban viviendo con la certeza de una muerte segura, y se dedicaron a convertir aquellos minutos de calvario en un momento más agradable para todos. Si hubiese habido algún tipo de solución, todavía, pero en su situación ¿que se les podía pedir?

Así pues, me da mucha pena que la gente use esa expresión como reflejo de la indolencia. Si acaso debería emplearse como una frase que expresara grandeza, honor, en situaciones en las que, aun con todo perdido, la gente sigue haciendo su deber, peleando. Por ejemplo: "Los jugadores del Madrid actuaron el sábado como la Orquesta del Titanic". ¿No queda así claro el mensaje?

Dicho todo esto, si alguien se ha pensado que este post era solo para meter esa última frase... nada más lejos de la falsedad.

Sean felices y hagan como la Orquesta del Titanic. Toquen, toquen, toquen... como los jugadores del Madrid. ¿O son los del Barça?...

martes, 9 de diciembre de 2008

Bolt.

Es curioso como hay cosas que se conjuntan perfectamente en el tiempo, como si un demiurgo nos controlara y provocara coincidencias tan idílicas. Porque para mí es una coincidencia que el más rápido corredor de todos los tiempos se llame Usain Bolt (una de las acepciones de bolt es rayo), y que precisamente el año en que se hace archiconocido la película animada escogida por Disney para sus navidades sea también "Bolt".

Claro que la película no tiene nada que ver con el velocista, y que comparar a este con el perro protagonista del film puede ser incluso ofensivo. Así que me voy a centrar en la crítica, que es a lo que había venido...

Bolt es una nueva obra de arte del cine animado. No tanto porque lo que cuente sea muy especial como porque, año a año, los prodigios técnicos que alcanzan estas películas van en aumento, y llega a un punto en el que uno se plantea hasta donde llegará la calidad de las animaciones. Aquellos detalles como las rebabas de plástico de los juguetes de "Toy Story", que observaba admirado de la credibilidad que otorgaban a los propios dibujos, son hoy una constante que hace que se puedan ver este tipo de películas en repetidas ocasiones encontrando nuevas sorpresas en cada visionado. Y la perfección de los movimientos, la física de todos los objetos y la textura de las superficies es tan buena que uno se pregunta como es posible que luego otros hagan bazofias como "Beowulf".

En cuanto a su guión, lo habitual en las películas Disney que esperan encontrar también acomodo entre los adultos. Algo ñoña en algunos aspectos, pero más que correcta en general, distribuyendo muy bien las risas, y dejando que la historia transcurra por cauces lo suficientemente livianos como para que los niños mantengan el interés.
Los dramas no son tales, no hay traumas al descubrirse las debilidades, pero tampoco chirría nada llamativamente, pues en todo momento se sabe que se está ante una película para niños. Hay personajes destinados a hacer reir como el hamster Rhino y otros a hacer llorar, como la desesperada Mittens. Y Bolt es un héroe muy clásico, obligado a enfrentarse a sus propias debilidades para alcanzar su objetivo.

Así que, en resumen, la película es lo suficientemente agradable como para ir a verla, y es de esas que dejarán contentos a pedres e hijos. No es ni mucho menos una seria candidata a destronar a "WALL-E" como mejor película de animación del año, porque a "WALL-E" hay pocas películas que puedan discutirle el premio a la mejor sin más. Pero es más que satisfactoria, y seguramente sería la ganadora del oscar en cualquier año normal (pendiente de ver la última de Miyazaki, eso sí).
Recomendable para gastarse el dinero.

Que la disfruteis.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Yes we can...

Ayer la selección española de tenis ganó la Copa Davis. Algo así como un mundial por selecciones que se juega anualmente, y que representa lo más grande que se puede ganar en tenis a nivel de equipo nacional.
Una ensaladera de un valor incalculable que ganamos por tercera vez.
Y que cierra con ello el mejor año que ha tenido jamás España en el deporte rey dentro de los de raqueta, posiblemente uno de los tres deportes de mayor seguimiento en el país, junto con el fútbol y el baloncesto.

Ya he hecho ver en alguna ocasión que este tipo de cosas me producen bastante satisfacción, pese a que no me hagan ninguna gracia los nacionalismos y mi sentimiento patrio sea reducido. Simplemente no puedo evitar ir con España y alegrarme por las victorias de nuestras selecciones y de cualquier competidor que lo haga por ella. Es un sentimiento profundo del que normalmente me gustaría prescindir, pero que sale a relucir con orgullo en este tipo de ocasiones.

Posiblemente este año puede ser considerado el mejor de la historia del deporte español: victoria en la Eurocopa de fútbol, deporte de masas y emperador de entre los deportes en España (y encima con un dominio abrumador del juego), plata que sabe a oro en baloncesto, en los Juegos Olímpicos de Beijing, Tour de Francia, Giro de Italia y otros triunfos importantes en ciclismo, Rafa Nadal dominando el tenis mundial... Éxitos por doquier en los deportes más masivos que nos sitúan en un lugar en el que jamás hubiésemos soñado estar...

No sé si tendremos la suerte de volver a vivir este tipo de situaciones en el futuro. Así que por ahora lo mejor será disfrutar del presente y confiar en que la suerte vuelva a estar de cara.
Pero creo que hay algo que deberíamos aprender de este año para intentar que se repita en el futuro. Me refiero a una observación importante que surge sola al analizar esos éxitos:
En todos los casos surgen de la lucha y la fe ante las adversidades, y del esfuerzo y la humildad como los valores más destacables.


Solo asumiendo esa realidad seguiremos en la senda abierta del triunfo. Y considero además que son premisas que siempre dejan satisfecho al aficionado, que acepta mejor las derrotas cuando observa el sacrificio del deportista.

Para mí la selección de fútbol es un verdadero ejemplo de fusión de aptitudes en un conjunto muy superior a sus partes. Es lo que debe ser un equipo.
Y la de baloncesto lleva años demostrando ese concepto, permitiendo luchar de tú a tú con un equipo muy superior individualmente como es la selección estadounidense.
Incluso los equipos nacionales de ciclismo suelen mantener férreas disciplinas de equipo para lograr la victoria individual de uno de sus componentes (en un deporte que, más allá del tema doping, es posiblemente el más duro que existe).

Pero ayer la selección de tenis demostró como un equipo de "segundones" bien avenidos y dispuestos a sacrificarlo todo por el equipo eran capaces de ganar una eliminatoria que, a priori, casi nadie pensaba que se pudiera ganar (yo el primero). Una ética del trabajo encomiable de la que todos deberíamos aprender.


Ojalá vivamos muchos años tan curiosos como éste, ¿verdad? Podemos...
Enhorabuena a todos.

viernes, 21 de noviembre de 2008

El muro.

Como ya comenté por aquí, el año pasado estuve unos días en Berlín, disfrutando de una ciudad que me parece maravillosa y llenándome de conocimientos maravillosos sobre la ciudad, sus museos, su historia. Fue un viaje increíble que prometo repetir.

Una de las cosas más visitadas y recordadas de Berlín es, incuestionablemente, el muro, esa franja de pared que separó el Berlín liberado de la Alemania Oriental que lo rodeaba. Y ese muro cayó en 1989, historia que podéis leer con mayor interés en la Wikipedia.

Pero hay otros muros que van cayendo día a día. Muros de los que solo aquellos que hayan corrido algún maratón saben de verdad, y que están tanto en nuestra cabeza como en nuestras piernas. Muros como el que derribó el pasado 28 de septiembre Haile Gebrselassie, al batir el récord del mundo de la distancia (42.195 metros), dejándolo en 2:03:58; también en Berlín, como si fuera una señal. Un tiempo que es algo así como una salvajada...


Hace unos años decidí, junto con un compañero de un equipo de fútbol sala en el que jugaba, hacer un maratón. Nos preparamos durante unos meses, y ambos conseguimos completarlo, si bien en tiempos muchísimo más discretos. Y aunque por aquel entonces yo ya conocía el concepto de "el muro" relacionado con el maratón, la verdad es que pude descubrir por mi mismo exactamente a que se refería.

Se conoce como el muro al punto kilométrico 30 del maratón. Bueno, más que al punto físico, a todo lo que se siente en él, lo que implica.
Es un momento crítico, porque es un punto en el que la distancia que resta es todavía muy larga, pero el cansancio acumulado hace una mella muy importante. Y es el muro porque, si estás sufriendo mucho y no estás bien preparado mentalmente, se transforma en un obstáculo insuperable. La retirada es casi segura.
Si alguno de vosotros ha participado en maratones o ha hecho carrera de larga distancia, sabrá a que me refiero. Hay momentos cuando uno sale a correr en que, si te puede el cansancio, hechas espuma por la boca y sientes que te vas a morir en el esfuerzo. Bueno, pues cuando uno es un corredor aficionado sin mucha preparación, esos momentos llegan seguro a lo largo de un maratón, es una distancia muy larga. Y solo si estás muy convencido de terminar la carrera consigues atravesar el muro.

En mi caso, mi complexión física no es muy propicia para el maratón. No soy muy alto, y no estoy gordo, pero tengo piernas muy fuertes, bastante recias después de muchos años de deporte y con una genética que ha hecho que mis gemelos sean especialmente rotundos. Para que os hagáis una idea, ahora que me acerco poco a poco a los 80 kilos, y midiendo algo más de 1,70, mantengo una apariencia bastante delgada.
Pero, para correr larga distancia, mucha musculatura es sinónimo de gasto de energía, y gasto de energía es agotamiento. Cuanto más ligero seas, mejor. Y si encima eres espigado, más mejor aun.


Aquel maratón yo cumplí la media maratón marcando casi como un reloj el ritmo al que nos habíamos entrenado. Lento, pausado, destinado a terminar la carrera más que a terminar con nosotros. Pero a medida que me aproximaba al kilómetro 30 mis piernas iban agotándose, y mi cuerpo me decía que algo iba mal. Y nada más cruzarlo tuve que pararme y decir adiós a mi compañero, porque estaban empezando a subírseme los músculos de las piernas.
Como cada 5 km había un puesto de atención y masaje, entré para que me relajaran las piernas e intentar así acabar la carrera, pero fue un error. Me enfrié, y para cuando salí, donde antes solo se me estaban montando algunas zonas del cuádriceps, ahora toda la pierna me decía que parara. Y tras un par de kilómetros más corriendo, tuve que empezar a andar, renqueante.

He de agradecer que había llevado una preparación psicológica bastante buena junto con mi amigo, y estábamos muy convencidos y decididos a completar el maratón, porque sino llega a ser por eso, me hubiese retirado. Los meses juntos imponiéndonos la disciplina del entrenamiento y conjurándonos para acabar nos habían forjado a fuego en la cabeza la vista de la meta .
Y por eso no me rendí. Y derribé el muro combinando pequeñas carreras en las que cada vez se me montaba un músculo diferente, y largos paseos en los que la musculatura se me relajaba lo suficiente como para seguir corriendo.
Al final terminé la carrera media hora después que mi amigo, pero con la satisfacción de haber hecho el último kilómetro a tope, olvidándome de mis dolores, para poder decir que había llegado a Neptuno corriendo.


Cuando hace dos meses Gebrselassie batió su récord, no pude evitar maravillarme, pues ese récord implica hacer cada kilómetro a un ritmo de 2:56 minutos, lo cual es tremendo (probad a correr a toda velocidad un solo kilómetro, a ver cuantos sois capaces de hacer esa marca. Y luego imaginaos haciéndolo 42,195 veces seguidas...).

Y tampoco pude evitar recordarlo todo de nuevo. Viviéndola, fue una experiencia terrible. Pero hoy lo recuerdo como algo muy positivo, de lo que aprendí mucho: cosas que te cuenta el sudor y el esfuerzo y en las que no siempre caes.
Así que después de ese récord, y aunque llegue con retraso, este post era casi casi obligatorio.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Dublín

Este alargado fin de semana pasado he estado ausente del mundo web, de viaje, conociendo Dublín y sus alrededores con un grupo de amigos.

Ha sido un viaje muy entretenido, muy activo, de esos paseados a alto ritmo para no dejar de ver nada. Aunque en esta ocasión no hemos pasado por museos o iglesias, que siempre te llevan unas horas de actividad de las cuales no disponíamos.

Como ya hice con mi viaje a Berlín del año pasado, no voy a redactar un post exhaustivo interpretando la experiencia. Prefiero dejarlo en el aire con una pequeña enumeración de unos pocos de los lugares visitados y unas cuantas fotos. Pero si os interesa cualquier cosa en particular, preguntadla en un comentario y os cuento. Igualmente, si os interesa alguna foto de las que expongo, decídmelo (son murales creados para el blog y colgados en Picassa, pero las imágenes las tengo cada una por separado y si queréis algo más concreto de algún sitio de Dublín o de los alrededores comentados en el post, igual también tengo algo). Si queréis verlas ampliadas, pulsad sobre ellas, que os llevará al álbum, y allí se pueden ver mejor.

Así, de Dublín recuerdo sobre todo el barrio de Temple Bar, monumento a los pubs donde los haya, el castillo, las catedrales de Christ Church y de St. Patrick, la pequeña pero interesante iglesia de St. Audeon, el parque de Merrion. El Trinity College, la aguja de O'Connell, la factoría de Guinness en St. James Street, con su espectacular mirador, descubrir donde habitó Oscar Wilde, el Rio Liffey y sus puentes, la curiosa oficina de turismo... Me gustaron sus calles peatonales en la zona de Temple, la zona de tiendas de Grafton Street y el centro comercial de St. Stephen y su precioso parque homónimo al lado. Y sobre todo, me gustó la gente. No especialmente por las mujeres irlandesas (posiblemente las mujeres más guapas que vi en el viaje fueron españolas, Dublín estaba invadido de españoles estos días), pero en general todos los dublineses exhibían un buen rollo que mejoraba la experiencia de la ciudad.



De fuera de Dublín, visitamos Malahide con su precioso castillo y su idílico entorno, el precioso pueblo de Howth con su puerto y sus vistas y, en otra excursión, el parque natural de Wicklow Mountains, con su pueblo monástico de Glendalough y sus tumbas, sus lagos y su valle glacial, los alrededores superpijos de Powerscourt (aunque llegamos tarde para entrar a sus jardines) y toda una ruta rural que nos llevó sin querer hasta el cementerio alemán de Enniskerry y acabó desembocando en el pueblo playero de Bray.




Además merece la pena destacar que vivimos en Dublín el día del partido final de la liga irlandesa de Hurling, un precioso deporte que auna la fuerza y diversión de los deportes de equipo y pelota con la precisión y técnica de los de raqueta. Al parecer Waterford y Kilkenny (hijos de puta, mataron a Kenny) dispensaron un partido memorable con una abultada victoria del último, y fue un verdadero día de fiesta para toda la ciudad. Era increíble ver a todos los aficionados con la camiseta de su equipo, mezclados sin problemas en trenes, autobuses y tranvías, los coches con sus banderitas saliendo de las ventanillas y la pasión de la celebración posteriormente en el Temple Bar (el original, el que da nombre al barrio). Una gran experiencia, ¿algún interesado en componer el primer equipo español de Hurling?...

viernes, 22 de agosto de 2008

El coleccionista de chocolatinas.

Esta semana pasada era difícil no encontrárselo por todas partes. Que si Michael Phelps por aquí, que si Michael Phelps por allá... un verdadero coñazo...
De todas formas, por si no has vivido en la Tierra en la última semana y no sabes quien es, aquí tienes unos pocos datos:

Michael Phelps es un joven de Baltimore, en los EEUU, que nació con un pequeño desorden de hiperactividad. Debía ser un poco cansino, por lo que a su madre no se le ocurrió otra cosa que intentar ahogar su energía en una piscina. Pero con eso de ser hiperactivo, agitó mucho los brazos y las piernas, y alguien le vió y pensó que tenía potencial como nadador.

Tras esta forma tan húmeda de enfrentar su hiperactividad nació el mejor nadador de todos los tiempos.
Con 15 años acudió a Sidney, a sus primeros Juegos Olímpicos. Y aunque aquí no hizo nada de especial interés, poco después explotó como nadador y empezó a batir todos los récords de sus pruebas favoritas: estilos, mariposa y libres, en distancias medias. Y tras ganar 6 oros y 2 bronces en Atenas 2004, esta semana pasada ha ganado otras 8 de oro en Pekin 2008, lo que le convierte, de largo, en el que más medallas de oro ha ganado en toda la historia de los Juegos Olímpicos (hasta ahora 9, compartido por 4 competidores) y, de corto, en el que más ha ganado en un único ciclo (antes el récord lo tenía Mark Spitz, con 7, desde Munich 1972).

Michael Phelps me cae muy bien (de veras, me parece un tipo simpático y humilde), pero confieso que me jode tanta repercusión y tanto jaleo con sus medallas.
Porque sí, es evidente que lo que ha hecho es muy, muy grande.
Pero la verdad es que compite en una disciplina que favorece conseguir tantísimas preseas. Y que si se ha convertido en el mayor acaparador de la historia es, en buena medida, gracias a que la natación, como deporte, dispone de una colección de estilos que facilita conseguir muchísimos premios a una única persona (no en vano Mark Spitz también era nadador). Y la trascendencia que ha ganado es mucho mayor de la que, en mi humilde opinión, merece.

Aunque habrá quien no comparta mi parecer, yo, que procedo del fútbol y el atletismo, entiendo que una carrera trata de cubrir una distancia en el menor tiempo posible. Y, en competición, en hacerlo más rápido que los contrarios.
Por eso nunca entendí muy bien la marcha, que sigue pareciéndome bastante ridícula y más lenta que la carrera (aunque a la gran mayoría de los que la ven por la tele les sorprendería saber la velocidad a la que van los marchadores). Y por eso no veo muy claro que se valore tanto competir en el agua en diferentes estilos, siendo únicamente uno el más rápido. Ya puestos, hagamos en tierra los 100 m lisos a estilo cangrejo o a la pata coja, con nuevas carreras de relevos incluyendo los diferentes estilos, aumentando las posibilidades de que salga por ahí un crack capaz de ganar 18 medallas de una sola tirada.

Lo que quiero decir es que lo que ha hecho Phelps es impresionante, pero no puede ser comparado en absoluto con otros grandes de la historia de los Juegos Olímpicos que hicieron cosas increíbles. Gente como Al Oerter, que ganó cuatro oros consecutivos en su especialidad, lanzamiento de disco. O Adebe Bikila, que ganó el maratón dos olimpiadas seguidas (Roma 1960 y Tokio 1964), la primera de ellas descalzo. O, sin ir tan lejos, como Carl Lewis, que también ganó cuatro oros consecutivos en salto de longitud y además consiguió ganar en otras pruebas como los 100 m y los 200 m lisos.
Y puestos a buscarnos al mejor, para mí no hay duda que sería Emil Zátopek, único ser humano que ha sido capaz de conseguir en una misma olimpiada el oro en 5000 m, 10000 m y maratón (Helsinki 1952). Zátopek sumó a sus éxitos el hecho de lograrlos en pruebas de resistencia, que precisan de mayores tiempos de recuperación, corriéndolas en menos de una semana. Y especialmente el maratón, que corrió en aquella ocasión por primera vez en su vida (merece la pena bucear un poco por su existencia, porque en su vida no deportiva también tuvo algunas experiencias interesantes).

Gente con muchísima más épica que Michael Phelps, al que le reconozco un enorme mérito, pero que, simplemente, aun no está a la altura (aunque igual, si sigue esa estela, algún día lo esté).

Así que, por favor, dejen de aburrirme con Michael Phelps y sus 14 oros, que aunque ya sea un mito por una simple cuestión de cantidad, aun le falta clase para situarse por derecho entre los más grande de la historia...