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jueves, 19 de mayo de 2011

Democracia real...

No, no estoy acampando por las tardes en la Puerta del Sol, protestando porque nuestros políticos son malos y el sistema no funciona, pero la verdad es que entiendo muy bien ese movimiento de indignación.
Y no, no voy a dejar de depositar mi voto para estas elecciones (entre otras cosas porque este año he votado ya, por correo, que el domingo no estaré en España). Pero confieso que de haber sabido de este movimiento con anterioridad, me hubiese planteado hacer algo diferente con él.

La verdad es que no soy un líder de opinión ni una fuente de ideas insurgentes, ni siquiera un ideólogo muy proselitista. Soy más bien un tipo muy analítico que profundiza en su entorno para tomar decisiones en función de lo que encuentro.
Por eso contemplo el movimiento desde fuera con mucha incertidumbre, pero también con bastante esperanza.
Porque, aunque me da la sensación de que no va a desembocar en nada especial de cara a los próximos comicios, espero que tenga alguna relevancia en las generales del año que viene.
Creo que después del domingo todo seguirá más o menos igual, que el avance de la derecha va a ser muy fuerte en España tras las elecciones y que, aunque este movimiento a los únicos que puede favorecer es a IU y UPD, no creo que eso suponga un cambio importante en el panorama político más cercano.
Pero confío en que, con cierto tiempo para que esa indignación fragüe y se concrete en unas ideas claras y con una dirección más definida, empecemos a apreciar cambios que nos hagan recuperar algo de fe en la política.


Personalmente, me gustaría que, aupados por la gente que se moviliza, ganen fuerza los partidos minoritarios. Y que los dos grandes estancados en el poder no puedan dejar de tener en cuenta ese movimiento, y empiecen a considerar propuestas tan obvias como la adopción de un nuevo sistema electoral. Si quieren ideas, haberlas haylas muy razonables, y que ni originarían un fraccionamiento excesivo ni impedirían una participación más acorde con el verdadero porcentaje de voto que tiene cada partido en la realidad. Solo se necesita algo de la voluntad política que habitualmente falta.

Y también me resulta fundamental que poco a poco se vayan dando pasos para asumir que hoy en día existe tecnología suficiente para que la gente pueda participar en nuestra política de una forma mucho más directa. Que la idea de una democracia parlamentaria no esta nada mal para facilitar la gestión de entidades tan importantes como países, provincias o ayuntamientos. Pero que es necesario facilitarle, a la gente interesada, un acceso más cercano y constante a la política que gestiona nuestro entorno.
Porque somos muchos los que nos sentimos frustrados por sólo poder opinar una vez cada cuatro años y ver como después ese voto se usa para apoyar proyectos, leyes y políticas con los que estamos en total desacuerdo.

Ya he dicho antes que yo no soy realmente un creador, pero me fijo en lo que me rodea e intento adoptar ideas poco a poco (poco a poco porque soy bastante cabezota).
Bueno, pues cada día estoy más convencido de que lo que nos hace falta es algo muy parecido a lo que propone el Partido de Internet (PDI), aunque quizás con una orientación ideológica más definida y multiplicándose en diferentes partidos que cubran más o menos el espectro ideológico real de España sin generar controversias graves dentro de un mismo partido.

Y confío en que el movimiento recién surgido acabe dándose cuenta y apoyando de forma masiva algo parecido.
Según como evolucione la idea, igual hasta me afilio.
Por ahora, sigo analizando...


Nota final: No podía dejar de comentar una cuestión, el tratamiento que se le da a la palabra antisistema en los medios de comunición. Porque se identifica por defecto con algo malo, y no me parece del todo justo ni real.
Entiendo que en el movimiento del que hablo en este post hay dos tipos de personas antisistema: unos, los anarquistas, que no aceptan ningún tipo de sistema, y otros, la mayoría, simplemente hastiados por el sistema que tenemos, y deseosos de establecer otro más participativo y donde pese menos el poder del dinero.

Yo, pese a trabajar en una entidad financiera (el lado del mal, sic), me siento muy identificado con los segundos, porque evidentemente este sistema no funciona.
Me produjo una tremenda ternura ver hace un par de semanas en la tele, en el programa ese en el que se han traído a España a unos indígenas de diferentes tribus del mundo, criados en un estado de modernización más bien precario, como éstos chicos primitivos y sin civilizar se quedaban realmente tristes e indignados al ver que en plena Gran Vía de Madrid había personas pobres viviendo tirados en la calle. Miraban los edificios a su alrededor y preguntaban extrañados como era posible que con todo lo que tenemos haya gente que viva así.

Está claro que algo no funciona bien, y está claro que tiene que ver con como compartimos el mundo en el que vivimos todos. Si no empezamos a asumirlo y a establecer los mecanismos que lo cambien, estamos condenados, como especie, a pasarlo muy mal a medio plazo.
No puedo dejar de preguntarme cuanta gente de un país muy desarrollado tiene que estar en la miseria para empezar a movilizarse hacia algo más justo, y aun no tengo la respuesta.

viernes, 11 de marzo de 2011

Metrobuses...

Ayer se le ocurrió al merluzo del Consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, José Ignacio Echevarría, decir que el metrobus no existe.
Puede que sea un lapsus linguae, muestra de sus deseos más que otra cosa, visto como ha ido evolucionando su precio en los últimos tiempos, haciendo cada vez menos rentable adquirirlo. Pero da igual lo que sea, eso es lo que se le escapó y ya está dicho...

Asumo que se equivocó.
Una persona que ha hecho subir el precio del ticket desde los 7,40 que costaba el 31 de diciembre de 2009 a los 9,30 que cuesta hoy (sí, menos de 15 meses después) no creo que no conozca el objeto de tal subidón. Se equivocó, más allá de las pobres justificaciones que ha dado después en la Cope, (que a veces es mejor callarse que decir ciertas cosas: me imagino al locutor delante suyo, mirándole con cara de pena y pensando "pero hombre, pide perdón y no intentes hacernos creer esta patraña, que somos un medio amigo"); y es una equivocación grave.

Pero si soy sincero, realmente no es eso lo que más me indigna.
Cuando uno escucha y ve la situación, queda claro el tono en el que se estaba cometiendo el error: desafiante y burlón. Y ante su error, del que estoy seguro que buena parte de su propia bancada se dió cuenta (no todos tendrán coche oficial, digo yo), no es que se produjera un respetuoso e incómodo silencio del tipo "Jose Ignacio, que estás metiendo la pata", no. Lo que hubo fue un rápido aplauso ante la bravuconada, que seguramente fue en parte también un burdo intento de acallarle para que no siguiera diciendo tonterías.
Y eso, en lo que nadie parece reparar porque está convirtiendose en algo habitual el faltarse al respeto hasta en los diferentes parlamentos, es muy triste. Es algo grupal, fomentado, un tipo de reacción de partido irracional, apoyar lo que dice el nuestro sea lo que sea y como sea que lo haya dicho, que hace que la política de este país cada día sea más patética.

Mi inclinación política está clara, pero no quiero hacer de esto una cuestión partidista: esa reacción la he visto también en otras ocasiones en mi mismo lado ideológico.
Con este post sólo pretendo incidir en el hecho de que esas formas son terribles y cada día desvirtúan más lo que debería ser una democracia parlamentaria. Nos estamos embruteciendo, vulgarizando, y deberíamos meditar profundamente sobre el sitio al que queremos dirigirmos y hacia donde estamos yendo en realidad.

He empezado fuerte, como no suele ser habitual en mí, diciendo de este hombre que es un merluzo.
Lo creo no por lo que dijo, porque ya digo que estoy seguro de que es una equivocación más que qué directamente no lo supiera. Pero me parece un merluzo por cometer esa equivocación en un discurso parlamentario, y teniendo la posición que tiene. Directamente es un fallo inexcusable, impropio de su cargo, propio de un merluzo.
Si tuviesemos cierta dignidad política, ese tipo de errores (y muchos otros de otros partidos y colores) deberían ser sinónimos de una dimisión inmediata.
No lo será.

Y eso solo nos deja como conclusión todo lo que ya he dicho.
Equivocación inconcebible en su discurso, error intolerable en su cargo y actitud política lamentable en el parlamento por parte de los que le aplaudieron.
Joyas.

martes, 8 de marzo de 2011

Etimología básica II

Como algunos ya sabéis, y en alguna ocasión anterior fue mencionado en este blog, mi apellido tiene un claro acento extranjero que se pierde en la lejanía de la ciudad natal de Goethe.
Y supongo que no será una novedad para nadie que las relaciones entre Francia y Alemania nunca han sido excelentes, por lo que no sorprenderá que me resulte poco afín el país de Dumas (algo relativamente común en España, por otro lado)...

Esta mañana, en el trabajo, un compañero mío ha recibido un email de una tal Marilyne, solicitando información sobre algo que está fallando entre su empresa y la mía (y que, por lo que hemos investigado, tiene toda la pinta de fallar por su lado, aunque seguimos mirándolo y les damos buenas palabras para ser educados y cordiales).
El asunto lleva coleando un tiempo, semanas, pero habitualmente lo tratamos con su compañero Boris, que además estaba en copia tanto del email de Marilyne como en el de la respuesta de mi compañero. Así que nos ha sorprendido recibir un email de Boris veinte minutos después del de Marilyne, pidiendo básicamente lo mismo que ella e indicando si lo habíamos podido mirar...

Mi compañero es un tipo elegante y educado. Pero cuando le he hecho ver el email de Boris, del que aun no se había percatado, su contestación ha sido algo parecido a: "Es que no sé si responderle, porque si lo hago voy a tener que decirle 'Te acabamos de decir que lo seguimos mirando aunque nos parece que todo está bien por nuestro lado, francés hijo de puta'".

Dado el exabrupto y las connotaciones xenófobas, he decidido indicarle a mi compañero que mi apellido es francés (algo falso que él ya sabía), sólo por chinchar.
Su respuesta ha sido "Tan francés como las salchichas de Frankfurt".
Ante lo cual sólo he podido decirle "Exactamente", dado el acierto con la ciudad en cuestión de la que viene el apellido.
Y aquí es cuando hemos empezado a darle una nueva vuelta a la etimología...

Evidentemente, me ha dicho mi compañero, el frank de Frankfurt viene de franco, francés. Y yo le he dicho que sí, y que el furt venía de furcia, luego era de cajón que la ciudad la habían tenido que fundar un grupo de furcias francesas, seguramente llevadas allí en una de esas caravanas de solteras que se organizaban hace siglos, que al final las francesas siempre han tenido mucho predicamento por el resto de Europa. Y, por cierto, que seguramente de ahí venga el gusto por el cabaret subido de tono que había en la Alemania pre-nazi...
Todo ello hacía que ese "francés hijo de puta" que había soltado antes mi compañero, en mi caso no resultara un insulto, sino casi una descripción de la localidad de origen de mi apellido...


Esto no es que me dejara en un muy buen lugar, pero tampoco voy a decir que me preocupe demasiado. Recuerdo que una prima mía, que estudió historia, tuvo que buscar la genealogía completa de mi familia por la parte de mi segundo apellido, muy español ese. Y descubrió en el camino alguna que otra mujer de mala vida que se remontaba en nuestra historia, unos siglos atrás. Así que tampoco me preocupa demasiado que haya unas cuantas putas más en lo más profundo de mis raíces genealógicas. Al final dicen que los perros más listos son los que salen de cruces callejeros, y yo estoy seguro de que entre muchas casas reales se da cierta polaridad por la que o tienes raíces similares a las mías y un nivel intelectual decente, o tienes una sangre más pura que el agua de Evian y tu intelecto está por los suelos...

Pero sí que se puede apreciar una vez más la importante moraleja: lo esencial que resulta la etimología a la hora de contarnos significados en las palabras que en principio ignoramos, y en casos como este, incluso partes de la historia oscurecidas por el devenir de los acontecimientos (por si no lo sabéis, el Banco Central Europeo tiene su sede en Frankfurt; la cabra tira al monte y los banqueros a sus orígenes, los muy...).
Es muy fácil, si sabes aplicar adecuadamente la etimología, sacar una gran información de las palabras a partir de ella. Y si no, de qué iba a tener yo todo este conocimiento que he compartido con vosotros...

jueves, 18 de noviembre de 2010

Sobre la corrección política y la libertad de expresión...

Está tan de moda últimamente en ámbitos liberales criticar la corrección política cuando según quién dice según que cosas, que a uno le dan ganas de meterse bajo tierra.

Resulta que si Sánchez Dragó cuenta en un libro que se tiró a dos prostitutas japonesas de 13 años y que en realidad ellas casi le violaron, se trata de un mero acto de libertad de expresión creativa que ha de ser protegida. Y que si Salvador Sostres se dedica a contar que le molan más las niñas de 17 años porque no huelen a ácido úrico y parecen lionesas rellenas, aparte de estar mucho más dispuestas a agradar en la cama, y lo dice en un plató lleno de gente, entre trabajadores, público asistente y compañeros de tertulia, es una conversación privada a la que nadie debería tener acceso.

Y según dicen algunos defensores, si la gente se queja es porque:
a) Son personajes afines a la derecha, y sus detractores son unos progres tendenciosos.
b) Porque hay un exceso de corrección política (también impulsada por la perniciosa y siniestra izquierda) y la gente no tiene la libertad de decir lo que piensa.

Y yo comienzo a pensar que el mundo empieza a ir al revés.

Porque sí, entiendo que la ley dice que una niña de 13 años puede irse a la cama con quién quiera, así que Dragó ni siquiera hizo apología de la pederastia. Pero el suyo no deja de ser un comentario que puede ser criticable por lo repugnante que nos parece a muchos el que un adulto contrate prostitutas de 13 años. Y, quizás me equivoco, pero a mí me vendieron su libro como una especie de colaboración autobiográfica entre Boadella y él, así que ¿en que quedamos? ¿Es la libertad creativa de un pergeñador de historietas? ¿O es parte de las memorias de una persona con un comportamiento personal perfectamente criticable?
Para convencerme de que en realidad Dragó estaba intentando escribir una nueva versión del "Lolita" de Nabokov (insigne entomólogo, por cierto) ya llegan tarde...

Y sí, al señor Sostres le han publicado en internet y luego en otros medios una conversación que él ni esperaba ni había dado permiso para que se emitiera. Y sí, puedo entender que estaba de cachondeo.
Pero de un cachondeo de muy, muy mal gusto, y ante el público asistente al programa, lo que hace que sus expresiones no tuvieran nada de privadas, expresando además ideas machistas primero y xenófobas después, para un conjunto como poco vergonzante. Al final, cuando se le hace ver lo inapropiado de su chanza ante el tipo de asistentes, decide continuar con su gracieta, como si diese igual que fueran niños. Y a posteriori nos ha tratado de convencer de que, por el simple hecho de no estar retransmitiéndose en directo por televisión, se trataba de una conversación privada , como si todas esas personas que le rodeaban y asistían al debate en el que participaba, o aquellos que trabajaban en el plató, evidentemente centrados en los tertulianos todos ellos, se hubiesen desconectado igual que la emisión.
Si estuviera en el autobús con un amigo y me dedicara a decir lo mismo que ha dicho Sostres, no me quejaría de que alguien que me oyera me llamara la atención, al revés, se me pondría la cara roja. Porque el ámbito en el que mantengo la conversación también marca su nivel de privacidad. Y eso que en el autobús nadie estará allí para oírme específicamente a mí, como si ocurre en un plató con público.

Se habla muy a la ligera de la corrección política, como si el respeto al otro fuese una cuestión de hipocresía y no de buena educación, y como si al final la gente que procura ser respetuoso con los demás fueran falsos o reprimidos que no muestran al mundo libremente su personalidad.
Y lo cierto es que no, que va mucho más lejos. Que es una cuestión de profunda carga educativa. Que se puede tener el humor más negro y hasta el más soez del mundo cuando uno está en total confianza, pero se está obligado a guardar cierta compostura cuando se está delante de otros a los que ni conocemos ni podemos juzgar apropiadamente, otros a los que igual ofendemos imprudentemente. Y que cuando tenemos opiniones que sabemos que pueden ofender a otros, no hace falta expresarlas sin más solo porque sean nuestras ideas, pues al final nada nos asegura que no estemos equivocados.

Al final a mí me queda el regusto ácido de que se está prostituyendo el concepto de libertad, que se emplea erróneamente para definir algo parecido a "lo que a mí me de la gana", sin plantear ni por un segundo que es algo mucho más profundo; algo cargado, sobre todo, de responsabilidad. Es ese mismo concepto de libertad al que se aferran los que defienden su libertad de disfrutar de las corridas de toros o la de fumar en espacios públicos cerrados, sin plantearse consecuencias de ningún tipo.

Y duele ver como muchos que se denominan a si mismos como liberales hacen tanto daño a un término tan esencial para asegurar el respeto mutuo que tanta falta nos hace. Y como se critica y ataca la tolerancia ante la diferencia, como si fuese una muestra de cobardía y no una muestra de valor ante el miedo a lo desconocido.

Que penita, de verdad...

martes, 26 de octubre de 2010

Riesgo moral

Ayer estuve viendo Wall Street 2, la continuación de aquella gran película de Oliver Stone, de finales de los 80. No está mal, me entretuvo bastante, aunque no termine de apreciar el final. Pero hoy no quiero hablar de cine.
No, hoy quiero hablar de algo que se llama "Riesgo moral", y que apareció en la película en diferentes momentos. Un término que sospecho que mucha gente no conoce bien.

Se define el riesgo moral, de una forma muy genérica, como la situación que se crea cuando alguien toma una decisión sin tener conocimiento de las posibles consecuencias. En esa situación, el individuo corre el riesgo de actuar equivocadamente, pero realmente no actúa voluntariamente mal.
Y hoy en día, en el ámbito económico, se emplea la vuelta de tuerca al término que le dio Kenneth Arrow, que hace hincapié en el tema de la delegación de la responsabilidad. En ese sentido, se incurre en riesgo moral de dos formas :
- Cuando se delega la responsabilidad en otros y se abusa de esa delegación, pidiendo más de lo que pediríamos si ejerciéramos la responsabilidad de forma directa (ejemplo clásico del que abusa de la sanidad pública, por ejemplo, pudiendo llevarla a la quiebra)
- Y cuando la persona en la que hemos delegado nuestra responsabilidad empieza a actuar en su propio beneficio sin medir el nuestro, que es el que se supone que protege (ejemplo típico del político corrupto, creo que todos lo entendemos)

Escuché el término por primera vez cuando comenzó la debacle financiera de hace un par de años, y surgió la "necesidad" de salvar a los bancos para evitar que su caída desembocara en la caída de todo el sistema. En aquel momento, diferentes opiniones críticas con la actuación avisaron de lo obvio: si se salvaba así a aquellos que nos habían metido en aquella situación, no se castigaba con la dureza necesaria ciertas actividades que habían facilitado llegar hasta ella. Cosas como el perseguir beneficios inmediatos, sin pensar en los riesgos de cara al futuro, buscando sólo el bonus inminente que enriquecerá al que maneja la operación pero quizás no asegurará como debiera la inversión. Y con ello se corría el riesgo de que todo se repitiera, de no aprender de la situación.

Por entonces, la mención al riesgo moral surgía realmente desde mentalidades muy liberales, en referencia a que no se podía dejar en manos de papá estado esa salvación del sistema. Los niños-bancos habían metido la pata hasta el fondo, y precisaban pagar por ello, y no se podía poner el peso de la recuperación sobre los contribuyentes, obligándoles a pagar a través de sus impuestos el dinero que otros habían mal-gestionado.
Está claro que muchos de esos ciudadanos habían contribuido a generar el problema desde el otro punto de vista del riesgo moral, dejando que alguien gestionara sus fondos sin mirar cómo, preocupándose sólo de que les devolvieran los beneficios (esta es la forma en la que observaba el riesgo moral Adam Smith, por cierto). Y en el mismo sentido, muchos habían ayudado a acentuar el problema dedicándose a la pura especulación inmobiliaria, la gran burbuja que se ha llevado todo por delante, ignorando la posibilidad de que los precios bajaran, como cualquier análisis sensato sugería.
Pero también estaba claro que el peso de la culpa recaía mayoritariamente en los gestores, supuestos expertos contratados para el fin de optimizar los beneficios, y que en su búsqueda de aumentar los suyos propios, habían facilitado el hinchado de la burbuja diseñando un conjunto de productos financieros que, lejos de reducir el riesgo como pretendían, no hacían sino aumentar y esparcir la mierda.

¿Y que tenemos hoy en día? Los bancos que fueron rescatados en los EEUU se recuperaron gracias a las ayudas y devolvieron el dinero que el estado les puso para quitarse de en medio cualquier obligación para con él. Este año están haciendo un reparto de primas récord, quizás resarciéndose de lo que dejaron de repartir en años anteriores...
A mí todo esto me indigna, claro, como a cualquiera que no sea parte del reparto y tenga un mínimo de memoria y conciencia crítica. Pero más allá de esa indignación, lo que me hace pensar es en la propia esencia del riesgo moral, cómo todos somos responsables y hasta que punto deberíamos cambiar el mundo en el que vivimos para que las cosas no fueran tan despreciables.


No voy a hacer aquí una crítica exhaustiva sobre la responsabilidad de cada uno, más que nada para evitarme el resultar dolorosamente hipócrita, y me centraré en un aspecto que me parece esencial para conseguir ese cambio: liberarnos progresivamente del peso burocrático que atenaza nuestro propio desarrollo social.
No quiero hacer apología liberal, considero esencial un estado fuerte capaz de regular el sistema para evitar los excesos de algunos, establecer un cierto orden equilibrador y facilitar la gestión de servicios públicos esenciales.
Pero echo de menos que los ciudadanos dispongamos de unas herramientas de decisión mayores. Me agobia el mundo político en el que vivimos, en el que opinamos una vez y otorgamos con ello a un determinado agente toda la responsabilidad sobre nuestras decisiones en los siguientes cuatro años (el riesgo moral sobre los gobernantes es en estos casos brutal). Me agobia que ese agente sea un partido que al final actúa con mecánicas propias, y preferiría que fuese algo más directo, un sistema en el que eligiésemos a personas, personas complejas con matices y diferentes ideas. Echo de menos, además, que se me consulte con más frecuencia en aspectos significativos y críticos en nuestra vida, y me gustaría que se trabajara en la dirección de cambiar la política para facilitar el acceso del ciudadano, de hecho creo que a través de la red se pueden facilitar muchas cosas.
Y, en gran medida, me asusta depender de los políticos, sintiéndome un mero peón en un mundo en el que creo que ellos me consideran una piececilla reemplazable, en vez de valorarme como el motivo de su existencia social, que es lo que en realidad somos todos...


Creo que hace falta un cambio, un cambio radical en nuestra forma de entender la política. Pero me asusta pensar que ese cambio solo sea viable fuera del sistema, que las estructuras actuales se hayan aferrado tanto a su poder para evitar esos cambios que el cambio solo sea viable de una forma "violenta", casi revolucionaria.
Me asusta que este asco que le voy cogiendo por momentos a los políticos no hace sino profundizar en esa idea, y que dentro de nada no encontraré en mi panorama político una alternativa en la que delegar que me ofrezca un mínimo de confianza.
Y que cuando acabe votando en blanco tendré encima quién me diga que así he desperdiciado mi voto, y que habré perdido legitimidad para protestar...

Tengo unos amigos que participan activamente en un partido político mínimo (creo que es el PUM+J, "Por Un Mundo mas Justo" ), pero realmente la idea no termina de convencerme, no deja de ser un partido, con mejores ideales, pero sin grandes pretensiones. Y últimamente me ha dado por pensarme el hacerme del "Partido de Internet", que tienen propuestas que me resultan interesantes, pero del que en realidad no sé demasiado...

¿Alguien tiene alguna buena idea? Por favor...

sábado, 16 de octubre de 2010

La vida (3)

En la última entrega de esta pequeña forma de homenajear a la vida, os comentaba muy a grandes rasgos las formas básicas en que se cree que se formó la vida en la Tierra.
Fue a grandes rasgos porque he decidido sugerir más que contar nada, porque espero que a alguien le llame suficientemente la atención las cosas que explico como para seguir indagando por su cuenta.
Y con esa metodología continuaré, a partir de este momento, a explicar uno de los mecanismos de aumento de la complejidad de los organismos más aceptados hoy en día, que además enlaza perfectamente con lo comentado al final del post anterior.

Me refiero, en concreto, a lo que académicamente se conoce como la teoría endosimbiótica, que viene a ser algo parecido a que la unión hace la fuerza (la simbiosis es un mecanismo por el cual dos especies diferentes de organismos interactuan, obteniendo ambos un beneficio de la interacción).
Esta teoría, propuesta por la insigne evolucionista Lynn Margulis (viuda, por cierto, del gran Carl Sagan), propone que las células eucariotas (las de verdadero núcleo, las que conforman todos los organismos superiores) proceden, por fusión simbiótica, de células procariotas (las más primitivas, no nucleadas, que conforman el mundo de las bacterias). Es decir, que diferentes células procariotas se fusionaron dando un nuevo tipo de célula (la eucariota), conformando una entidad superior que les producía beneficios globales.
Lo más importante de esta teoría, desde mi punto de vista, es como hace hincapié en la fusión de esfuerzos de diferentes organismos para alcanzar un resultado superior entre todos ellos. Es un tipo de ayuda y beneficio mutuo que se observa muy a menudo en el mundo de la biología, pero que realmente no se contemplaba como un mecanismo básico de añadir complejidad a un organismo, es decir, como un mecanismo evolutivo. Y para mí es clave porque representa una forma distinta de entender la evolución, que hasta ese momento solo se entendía como el resultado final de "conflictos", luchas, peleas y competitividad que hacían que solo los mejores individuos resultaran supervivientes. Una idea muy fuerte que está aun muy arraigada y que en realidad hunde sus raíces en las mejores ideas de Darwin y las peores de Adam Smith.

Esta teoría, que no está aceptada al cien por cien, aunque se da por cierta en el estudio del origen de cloroplastos y mitocondrias (componentes esenciales de las células eucariotas), va por tanto más allá de su propio alcance a nivel celular, pues supone en realidad un cambio de paradigma y una nueva forma de contemplar la realidad biológica.
Desde ese momento se acepta que la evolución puede producirse no solo por especialización y aumento individual de mejoras que se transmiten a la descendencia, sino que pueden existir también mecanismos que faciliten otras formas de aumentar la complejidad. Mecanismos radicales, cualitativos por encima de cuantitativos, saltos que contradicen las duras líneas marcadas por el neodarwinismo, avances en cierta forma Lamarckistas. Y aunque no hay muchas otras teorías de aceptación masiva que vayan por ese camino en la biología moderna, abre el espectro de lo posible a otras posibilidades no estudiadas.


En cualquier caso, el salto que supone pasar de un organismo procariota (sin núcleo definido) a otro eucariota (con verdadero núcleo) es esencial para alcanzar la complejidad biológica observable hoy en día en la naturaleza. Ninguno de los seres vivos con los que uno está acostumbrado a interactuar a un nivel macroscópico es procariota. Las plantas, los animales, los hongos... prácticamente todo lo vivo que cualquiera puede contemplar es eucariota, y debe su existencia a la adquisición del núcleo. Por múltiples motivos, que incluyen una mayor especialización, una mayor estabilidad estructural o numerosas ventajas en el esencial mantenimiento de la homeostasis interna (el equilibrio químico que precisa la célula para mantener su actividad), organismos pluricelulares desarrollados son directamente inviables en un mundo procariota.

La teoría endosimbiótica tiene actualmente su reflejo más interesante en la Simbiogénesis, que propone la fusión de los genomas de diferentes organismos que viven en simbiosis para dar algo totalmente diferente.
Pese a ser muy revolucionaria, poco a poco va abriendose camino entre las teorías evolutivas y, personalmente, tengo confianza en que acabe afianzándose entre ellas para facilitar ese cambio de paradigma en la biología que creo que tanta falta le hace al ser humano. Necesario para dejar de entender todo nuestro sistema vital como una competencia constante, para entender hasta que punto nos necesitamos, no solo como personas, sino también entre diferentes especies, como seres vivos.

No sé si seguiré con esta línea de posts de aquí en adelante, porque en realidad tengo el blog tan poco activo que no puedo asegurar seguir con nada relacionado con él. Pero no puedo dejar de invitaros a profundizar un poco en este tema, pues creo que además nos deparará grandes y agradables sorpresas en un futuro próximo. Algo que, con el inevitable pesimismo al que nos aboca la economía, intuyo esencial para nuestro desarrollo...

miércoles, 28 de julio de 2010

Periódicos y Toros y Yo.

Debería, como en un mantra, recordarme a mi mismo todos los días que no es bueno leer los comentarios que la gente hace en los diferentes periódicos que diariamente leo por internet. Que me encabrono a lo tonto, y que no merece la pena. Y que aunque den ganas de contestar casi uno por uno para pedir a los radicales de unos extremos y de otros que se paren a pensar, más vale no participar en determinados sitios, o se corre el riesgo de que te contesten y encima tengas motivos para seguir mordiéndote la cola (sí, yo llego)...

Hoy ha tocado con el tema de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Está todo tan politizado y enrarecido que uno lee cualquier diario y entre los redactores solo encuentra articulistas volcados hacia una opinión. Y los comentarios de los lectores... bueno, ya lo he dicho casi todo. Generalmente la gente moderada no participa en los forillos que se montan bajo las noticias.
Y es normal, parece que los radicalismos se retroalimentan, y aunque se trate de comentarios limpiados para evitar expresiones malsonantes o salvajadas extremas, lo cierto es que pensamientos exagerados y poco meditados prodigan como las malas hierbas, golpeándose de un extremo a otro como vulgares peleles...
Yo tengo mi blog, y aunque ya no me prodigue mucho y me lean cuatro gatos, creo que prefiero opinar aquí, que me sale al menos más rentable en discusiones estériles.
Y ya que el asunto del día es discutir sobre los toros, opinare sobre los toros, para no quedarme desactualizado: no me gustan, nunca lo han hecho, pese a que en mi casa se vean con frecuencia. No los entiendo bien, y no solo no me preocupa lo más mínimo que se prohiban, sino que lo considero razonable.


En contra de muchos razonamientos que he visto por ahí, no es tanto que lo decida por que no pueda asumir el dolor del animal pues, como ser humano consciente del contexto histórico y cultural que me ha tocado vivir, estoy acostumbrado a obtener muchas cosas como producto de eso mismo, del dolor de otros animales.
Pero es que a medida que he ido pensando en ello me he ido convenciendo de que convertir en arte el dolor de un animal es algo que deja en mal lugar a las personas. En realidad la percepción del acto como algo artístico queda totalmente en el observador, lo que se demuestra en el hecho de que somos muchos los que no lo encontramos por ningún lado. Mientras que es evidente lo que supone de maltrato y de tortura para el animal (objetivamente, una lucha desigual como la que se produce, en la que lo habitual es que el toro muera, no tiene muchas otras formas de verlo). Así que en su conjunto y su contexto, no veo suficientes motivos para pensar que el placer de los aficionados al ver una corrida pueda justificar la muerte del toro de una forma tan cruel.
En cierta forma, me parece humillante para el propio ser humano obtener ese placer estético, y dado que considero que los otros aspectos valorables en la decisión de prescindir de las corridas, básicamente los económicos, son en realidad marginales en nuestro tejido productivo, y prescindibles de cualquier manera (la mayoría de países del mundo prescinden, de hecho), creo que la prohibición es bastante razonable.

Dicho lo cual, soy más humanista que otra cosa y, como ya decía antes, me parecen una tontería la mayoría de argumentos que se basan "solo" en que hay que evitar cualquier dolor al animal.
Me parece un no entender qué es el ser humano, y no contemplar que la vida es también muerte. Que lo habitual es que un animal mate para sobrevivir, y que en el caso humano se va más lejos porque el ser humano en su conjunto va más lejos y tiene muchas más necesidades. El dolor animal causado por el hombre es justificable, pero hasta cierto punto.

Es solo que creo que los toros sobrepasan ese punto en el que el dolor animal es justificable. Lo hacen, de hecho, en el punto en el que el hombre se deshumaniza, obteniendo placer de un dolor ajeno que no contempla como debiera, pese a no ser un dolor humano. Un punto que ha ido moviéndose y que seguirá moviéndose hacia el menor dolor, a medida que el hombre vaya prescindiendo de su parte más violente y menos humanizada.
Pero un punto que hoy en día no podemos obviar por mucho que suponga un enfrentamiento con mucha gente anclada a una determinada forma de sentir que, personalmente, creo que nos hace peores como seres humanos. No se puede defender con el argumento del arte algo que supone un ataque tan grande a las esencias del ser humano.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Adventureland.

El mundo de la fama es a veces un tanto caprichoso, y otras depende tanto de determinados contextos que resulta impredecible.
Yo no sé hasta que punto los productores de la saga "Crepúsculo" sabían lo que manejaban cuando decidieron realizar las películas tirando de la serie de libros. Si tenían claro que era un bombazo y que iba a generar tanta expectación y alcanzar el éxito de taquilla que finalmente ha alcanzado, o si simplemente esperaban que fuesen películas con una buena rentabilidad, sin tirar cohetes. Pero lo cierto es que por la elección de sus protagonistas, chicos guapos pero no muy conocidos, me da que pensar que en principio no contaban con algo tan grande. Que apostaron por gente nueva para no inflar los presupuestos y seleccionaron entre caras no demasiado vistas. Y que solo a posteriori se han dado cuenta y, eso sí, han sabido incentivarlo y magnificarlo para ampliar al máximo su fama.

El hecho es que hoy en día tenemos nuevos sex-symbols en la oficina. Ellos, el vampiro y el hombre-lobo, robando el corazón de histéricas jovencitas, y ella, la humana, repartiéndose en un montón de películas para desencasillarse mientras continúa la saga vampírica (ganas tengo de verla interpretando a Joan Jett en el biopic de "The Runaways"). Y de la noche a la mañana todo lo que hacen es noticia y parece que son lo más grande que ha parido madre...

No conozco nada de la saga "Crepúsculo", lo confieso. Ni me he leído los libros ni he visto las películas ni tengo bases para juzgar su trabajo. Pero personalmente me sorprende el éxito de esta chica. No es nada fea, pero no es una belleza, y tiene un aspecto tan de persona torturada, aumentado por sus perennes ojeras, que resulta llamativo que sea tan atractiva para tanta gente (aunque quizás la moda del momento sea ese aspecto torturado y ella esté dando en el clavo, claro).

El caso es que gracias a ese éxito suyo se estrenó en España la película "Adventureland", en cuyo rodaje estaba cuando le hicieron el casting para "Crepúsculo", y que seguramente nunca hubiese entrado en nuestra cartelera de otra forma. Ni en la española ni en ninguna otra, ya qué que se estrene en el 2009 cuando fue rodada en el 2007 sólo se explica por ella. Porque no es una mala película, pero tampoco tiene nada que la haga excelente, porque es una película de producción independiente de esas que si no triunfan especialmente en Sundance pasan desapercibidas y porque está protagonizada y dirigida por medio desconocidos que simplemente hacen un trabajo muy decente.

La película se centra en la vida de James (Jesse Eisenberg) en el verano de su graduación en el "high school". Se supone que es un verano de disfrute, de vivir el premio que sus padres le habían prometido por alcanzar el objetivo de conseguir plaza en Columbia, de viajar y divertirse antes de iniciar la universidad. Pero el padre de James se ve descendido en su empresa, y los planes caen a plomo, y James se ve obligado a ponerse a trabajar en Adventureland, un viejo parque de atracciones, para conseguir dinero con los que empezar sus estudios tal como tenía planeado.
Pero Adventureland, que comienza siendo un odioso símbolo de su desgracia, se convierte en lo mejor que le podría pasar a James, un lugar donde descubrirse a si mismo, donde madurar, donde conocer gente y enamorarse. Y ese verano cambia por completo su vida.

Este tipo de historias tan "El guardián entre el centeno" aparecen de vez en cuando en el cine y no siempre están bien llevadas.
Pero en este caso funciona bastante bien. Sin abusar del romanticismo, sin querer resolverle la vida a cada personaje y sin evitar fracasos ni regodearse en los éxitos, resultando realista, Greg Mottola (que hasta ahora solo era conocido por haber dirigido "Supersalidos") crea una ficción creíble y llena de miserias personales y pequeños triunfos, como en la vida misma.
Si además los actores también están bien, el resultado tiene que ser al menos positivo, y lo cierto es que tiene muchas más cosas buenas que malas.

Pero peca en un punto relativamente crítico, y es en el ritmo.
No es que la película decaiga o tenga momentos en los que las cosas se aceleren o ralenticen sin sentido. Es simplemente que es lenta, y corre el riesgo de resultar aburrida para espectadores poco pacientes. Y que hoy en día hay mucho espectador impaciente para apreciar determinadas películas, pues en base a su calidad la película jamás debería haber tenido problemas para estrenarse.

Personalmente, me resultó una película bastante interesante, y me gustó y me sentí implicado con los personajes. No es una película enrevesada llena de situaciones complicadas, es solo una película sencilla que cuenta una historia casi íntima, aunque por el camino no se deja sin contar un montón de tragedias familiares. Y hace de esa sencillez creíble su mejor baza, pues conmueve sin buscar estridencias que puedan desequilibrar su guión.
Así que, para mí, es una película digna de ser vista en el cine. No para buscar unas horas de entretenimiento intrascendente, ni tampoco para comerse demasiado el coco con cuestiones serias, sino para algo intermedio en que nos conformemos con ver un rato importante de la vida de un desconocido. Si te aburren las cosas así, mejor déjala pasar, pero si te puede resultar interesante, es una buena opción.
Ya me diréis.

viernes, 13 de noviembre de 2009

La vida (2)

Retomando el tema de la vida, y una vez esbozadas las características básicas que definen a los organismos vivos, quiero continuar tratando algunos de los misterios que hacen que el hecho de la existencia de la vida me resulté tan impresionante.
Será la forma en la que continuaré narrando mis ideas, para evitar profundizar en arduas cuestiones que puedan ser muy pesadas y para centrarme en las cosas que de verdad me resultan más oscuras e interesantes.

En este caso trataré el comienzo, lo básico, aquello que nos unifica a todos los seres vivos. Materia, fundamentada sobre todo en carbono y agua, y energía, nuestro origen.

Como planteé en mi primer post, para mucha gente la vida es un paso casi necesario de relación de la materia entre si, ante unas determinadas condiciones. Como si con unos determinados ingredientes y con unos determinados pasos un guiso no pudiera salir mal.

Cualquiera que cocine sabe que eso no es cierto. Siempre hay variables que no se han tenido en cuenta y pueden tirar por tierra lo que estamos preparando. Pero eso no juega especialmente en contra de la idea, porque hay alguna variable más que ha de sumarse al planteamiento: sobre todo el tiempo y el número de experimentos.
En ese planteamiento de origen de la vida, pasaron muchos millones de años antes de que en la tierra surgiera algo que pudiera llamarse como tal.
De hecho, suponiéndole a la Tierra unos 4500 millones de años de historia, se cree que se dieron condiciones mínimas para algún tipo de vida similar a la actual a partir de los 4400-4300 millones de años, y que hay ciertas evidencias de presencia de formas de vida desde hace 3850 millones de años.
Eso supone un periodo de entre 550 y 450 millones de años de prueba y error que pudieron desembocar en la aparición de la vida. Tiempo suficiente para millones de experimentos fallidos, pero, quizás, también suficiente para alguno positivo que desembocase en el éxito que supone la existencia de bacterias, plantas, animales, hongos y demás organismos difíciles de clasificar.

No voy a explicar ideas actuales sobre el origen de la vida en la Tierra desde la materia inerte. Hay muchas, mucho más sofisticadas que las típicas que estudiábamos en mi época sobre los coacervados de Oparin y la sopa primitiva de Haldane. Y se pueden encontrar en la wikipedia de forma muy sencilla para después profundizar si se quiere.
Solo diré que, en esencia, hay dos tipos de teorías básicas: la abiogénica, que plantea un origen natural y espontáneo de los diferentes complejos moleculares necesarios para mantener la vida a partir de mecanismos físicos y químicos producidos en el planeta, y la panspérmica, que supone que esos complejos llovieron sobre la Tierra desde cometas (quizás incluso ya ensamblados en formas de vida primordiales).


Personalmente, creo que la panspermia no explica nada por si sola, solo lleva más lejos (unos cuantos años luz) la explicación. Pero al menos dice que no es capaz de explicar algunas cosas con los medios que tenemos a nuestro alcance.
Y las teorías abiogénicas siempre se pierden en un punto que es incapaz de explicar el ensamblaje de los primeros organismos más complejos.
Desde mi punto de vista, todas las teorías tienen puntos débiles, y es más que probable que algún día se llegue a la conclusión de que la forma más sencilla de explicar la vida sea a través de un cóctel bien mezclado de multitud de propuestas anteriores. Por ahora, sin embargo, ninguna es lo suficientemente convincente como para haberse estandarizado en la mente de los biólogos.

Pero de los últimas ideas sugeridas, me parece muy interesante una que plantea la posibilidad de que se generen colonias de organismos que no mantienen un mismo genoma, sino que contienen cada uno partes de un genoma combinable que permita generar estructuras diferentes.
Es una idea que suena muy difícil, muy rara, como si de alguna manera en el origen de nuestra naturaleza hubiera un Frankenstein compuesto de multitud de mínimos pedazos capaces de funcionar bien juntos. Pero que precisamente es interesante por basarse en la agregación de elementos más simples para dar organismos de orden superior, una idea ya bastante aceptada en otros aspectos de la evolución biológica.

Voy a concluir este post haciendo hincapié en algo que es posible que se nos esté perdiendo en toda esta explicación. Que sea cual sea el origen de la vida, es bastante coherente.
Es decir, que si bien no se puede aceptar sin más que toda la vida de la Tierra tenga un origen común, y existen de hecho ramas variadas con bastantes diferencias, la verdad es que todos los seres vivos nos parecemos en muchas cosas, y compartimos bases comunes que fácilmente podrían decidirnos por ese posible origen común. O bien, en diferentes orígenes muy parecidos, y no muy lejanos en el tiempo.

Continuaré, en algún momento...

martes, 10 de noviembre de 2009

(500) días juntos

Sí otra comedia romántica.
Pero de alguna forma no es una comedia romántica más. No sigue un esquema típico, ni una narración habitual, ni un desarrollo convencional... Es realmente una de las comedias románticas más originales que he visto, sin duda de las más interesantes desde aquella maravilla de cuyo título español prefiero no acordarme pero que en realidad se llamaba "Eternal sunshine of the spotless mind".

Venía avalada por un gran éxito de público en el último festival de Sundance, y se entiende bastante bien que gustara tanto. A fin de cuentas, Zooey Deschanel se ha convertido en una musa del mundo indie, y casi todo lo que toca tiene público.
Pero sobre todo se trata de que es una obra llamativa. De qué empezando porque está narrada a base de saltos en el tiempo que, lejos de distraer, la hacen más entretenida, y terminando porque sus dosis de realidad la hacen totalmente extraña en el mundo de azúcar en qué vive el género, nos encontramos ante una película diferente, divertida, entretenida, triste y graciosa.
Y se ve con la sensación de que se está ante algo distinto, como si hubiesen dado con una buena nueva fórmula dentro de un laboratorio donde siempre se usan los mismos ingredientes, agredeciéndose a la vez que resulte tan paradójicamente real.

Porque lo mejor sin duda de la película es eso, que es muy real. Que no nos plantan ante personajes que sienten siempre en un único sentido y que si en algún momento tienen dudas es solo porque hay que darle alguna gracia al final feliz.
No, aquí se nos plantean situaciones humanas y contradicciones reales, vaivenes, frustraciones, alegrías y penas. Los personajes que protagonizan la historia están vivos, mucho más que los de casi cualquier otra película. Y aunque sepamos que es una película, y veamos en todo momento que está narrada de una forma que podría hacerla artificial, nos creemos todo lo que les sucede y lo sentimos en parte, con la empatía del que sabe que lo que le cuentan es cierto.

No me explayaré en contaros de que va, porque con lo que ya he dicho cualquiera podría hacerse una idea y acertaría en buena parte. Ni tampoco quiero destacar mucho más que lo ya mencionado, su compleja estructura narrativa, que no se percibe, sin embargo, con desagrado. Los actores están bien, Deschanel sigue pareciéndome preciosa y la banda sonora, que forma parte esencial de muchas escenas, es una maravilla, simplemente.

Queda claro, pues, que es otra película que merece ser vista ya, sin esperar a que nos la estropeen en la tele con un montón de anuncios que compliquen el ritmo de su difícil estructura. Como poco es objetivamente diferente, original y seguro que un buen cinéfilo podrá al menos disfrutar con ello. Pero creo que además es una visión muy interesante del amor y de las relaciones de pareja, en la que cualquiera verá cosas con las que sentirse identificado. Una magnifica opción dentro de la oferta actual.
Disfrutadla.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Si la cosa funciona

Y un año más, película de Woody Allen...

Cuando uno se para a pensar en lo prolífico que resulta este hombre, es fácil deprimirse. No son solo sus 39 películas dirigidas, ni sus múltiples guiones o su trabajo como actor. Es que además nunca ha dejado de escribir libros, mantiene su actividad como músico, tiene tiempo para liarse con actrices guapas e hijastras, y sigue acumulando nominaciones a los Oscar como el que colecciona cromos de béisbol (eso sí, de sus 21 solo ha ganado 3, y el último fue en 1986, aunque alguna película como "Match Point" merecían el premio).
Resulta abrumador que sea tan ingenioso y haga tantas cosas buenas, casi una ofensa hacia muchos de esos directores de culto que hacen solo una película cada decenio y casi parece que nos perdonan la vida por dejarnos verlas.

Woody no. No es un tío cercano, no se presta a entrevistas y cuando sale por la tele parece que le joda su fama. Pero cada año nos enseña algo nuevo, nos da parte de su mundo interior, que debe ser de lo más complicado, con verdadera honestidad, y con gran frecuencia nos deleita con obras de una grandísima calidad.

Y este año toca otra de las buenas. Una que recordará a mucha gente a sus comedias más antiguas, pues en realidad parece ser que fue escrita en los años 70, y que, aunque quizás no tendrá tanto éxito como otras, es sin duda de lo más divertido que nos ha presentado en los últimos años.

La película se centra en Boris Yellnikoff, un tipo raro, físico, que llegó a estar nominado para el premio Nobel pero cuya vida pasó del mayor éxito social a convertirle en una especie de anacoreta moderno. Boris es un misántropo engreído que no entiende el mundo y considera que todos a su alrededor son idiotas. Levemente mutilado en un intento de suicido fallido, allá cuando empezó la crisis espiritual que le llevó a ser un automarginado, Boris malvive en un piso descuidado, ganándose la vida con clases de ajedrez a niños cuya falta de capacidad le hacen autoafirmarse en su cinismo.
Pero en la vida las cosas no mantienen la lógica que a Boris le gustaría que rigiera el mundo. En la vida las cosas suceden más que se planifican, y cuando en su vida entra Melodie, todo empieza a cambiar, obligándole casi involuntariamente a dejar de ser el limón concentrado que Boris era.

La película se convierte así en la definición de una filosofía existencial, la de permitir que la vida nos suceda aceptando lo bueno que nos da. Si la cosa funciona, ¿porque tocarla?
Un pensamiento típico de la cultura estadounidense (no cambiar aquello que está produciendo buenos resultados) que incide en su pragmatismo, y que no es nada conservadora ni conformista, pues también puede interpretarse a la inversa: si algo no funciona, cámbialo.
Y un pensamiento que, cuando Boris y el resto de los personajes de la película asimilan, les hace más felices, pues les concentra en sus éxitos y evita que pierdan el tiempo con los fracasos. Como dijo Juan Ramón Jiménez, "no la toques más, que así es la rosa". Si tu jardín está lleno de rosas, no te lamentes porque no tienes margaritas y disfruta del olor y el paisaje...

Fuera de lo divertida que resulta la historia, y más allá de su fondo, uno de los grandes aciertos de la película está en su reparto. Encabezado por el peculiarísimo Larry David, que borda al extravagante Boris, se ve muy bien complementado por el trabajo de Evan Rachel Wood y de Patricia Clarkson. Interpretando a dos paletas que llegan a la gran ciudad huyendo de su pasado, representan el optimismo y la capacidad de cambio que Boris necesita para liberarse de su negativo cinismo, y lo hacen sosteniendo en todo momento el tono cómico del señor David.

Como no puede ser de otra forma, la película es de las que es obligatorio ver en el cine. Si eres un novato que descubriste a Woody Allen con "Vicky Cristina Barcelona", piensa que un tipo que hace una película al año a veces se equivoca, y que esta no tiene nada que ver. Y si ya le conoces, piensa que esta película esta a la altura cómica de cualquiera de sus películas más divertidas, así que no puede fallar.
Imprescindible.

jueves, 29 de octubre de 2009

La vida (1)

Como biólogo que soy, una de las cosas que más me maravilla en el mundo es "la vida". Y no esa que vivimos los seres humanos, más cercana al placer, al dolor y a nuestra forma de sentir, que también es abrumadora a su manera, sino al simple hecho natural de la existencia de la vida, que es un prodigioso misterio del que dependemos todos.

Plantearse el origen de la vida es una de las tareas más bonitas y complicadas que un ser humano puede iniciar. Inevitablemente, conduce a ideas sobre lo trascendente y lo metafísico, y supone por si mismo enfrentarse, por extensión, al hecho de que la nada pase a convertirse en algo. Representa para mucha gente el mayor de los misterios místicos y una razón poderosa para creer en un ser superior. Pero es que, desechando agentes externos en el paso desde la materia inerte a la viva, el misterio es aun superior, y llegar a imaginar como pudo producirse se convierte en una verdadera pelea contra nuestros límites.

Para poder situar la cuestión es preciso comprender qué supone que un organismo esté vivo, por lo que lo mejor es planteárselo desde lo más pequeño, aunque pueda resultar muy básico.
Así, según la teoría celular, la célula es la menor expresión de forma de vida que se puede encontrar, constituye la unidad fisiológica y funcional de la vida. Y además, todas las células proceden de otras células, por multiplicación de las anteriores en diferentes formas.
Por otro lado, las células se caracterizan por relacionarse con su entorno, intercambiando con él materia y energía. Y, sobre todo, por la capacidad de autorreplicarse (aunque algunas muy especializadas hayan perdido esa función), la cual es la característica más maravillosa e increíble de todo el proceso vital.
Por eso me parece tan mágico imaginar como se crearon las primeras células, como desarrollaron las herramientas para relacionarse con el medio y mantener su actividad, y como adquirieron la capacidad de replicarse; un ejercicio difícil, pero muy interesante, que ha dado lugar a modelos muy llamativos.


Cuando uno profundiza en como funcionamos los seres vivos, se descubre que la sutileza de nuestros mecanismos fisiológicos es de una precisión tal que cuesta creer que todo se haya producido de forma azarosa. Pero, a la vez, se observa que en muchas ocasiones las piezas encajan de una manera que induce a pensar que esas uniones eran inevitables.
Y de hecho esas dos corrientes de pensamiento se cruzan de vez en cuando entre los pensadores que proponen como se originó la vida: hay quién cree que, con las condiciones adecuadas, la vida no es más que un estado superior de combinación de la materia, un paso necesario e inevitable ante el estado de organización previo. Mientras otros piensan que el conjunto de condiciones que nos han llevado a donde estamos solo puede darse con un grado de probabilidad mínimo, ínfimo, despreciable, y que no somos más que un capricho de la suerte o, tirando por el lado místico, el producto de la voluntad de un demiurgo.
Yo mismo, según me dé el aire, no se por que teoría decantarme, y no sé si considerarme un prodigio de las coincidencias o el escalón inevitable entre el caos y el orden (aunque en ningún caso pienso en una intervención divina).

Por ahora no me extenderé más, pues resulta un tema complicado y arduo. Pero continuaré disertando al respecto en próximos posts. No sé cuando, ni como, pero una cuestión así no puede quedar colgada...
Volveré.

jueves, 22 de octubre de 2009

District 9.

Buff, y como comento yo ahora esta película...

Honestamente, me cuesta. Me costó engullir ciertas partes de la película, y ahora que hace ya unos días que la vi, lo que me cuesta es encontrar las palabras.

Lo cierto es que "District 9" es una película diferente. Es como si en música a alguien se le ocurriera fusionar heavy-metal con reggaeton, y el resultado fuese lo suficientemente chocante y atractivo como para que funcionara a nivel comercial.
Pues en este caso lo que hay es una fusión de cine de ciencia ficción con el cine de protesta e inconformismo político más actual, realismo social envuelto en lucha entre civilizaciones de diferentes planetas.
Y el resultado es atractivo, abrumador en muchas fases y, para mi gusto, algo desigual en su desarrollo. Así que no tengo muy claro si me gustó o no, pero no puedo dejar de reconocerle ciertos méritos porque, en realidad, funciona suficientemente bien en muchos aspectos.

No sé, imaginaos que un día a Ken Loach le da por meterse en un campo de Darfur y narrar las desventuras de un par de refugiados, que viven sin esperanza, en ese lugar que originalmente debía ser su salvación pero que finalmente se ha convertido en una cárcel de la que difícilmente podrán salir jamás. Haría una película triste, que acabaría mal evidentemente, y que se centraría sobre todo en mostrarnos las desigualdades del mundo. Nuestra falsa sensación de seguridad, basada en las cosas que poseemos, y nuestra deshumanización al tratar con aquellos que apenas tienen nada más que su vida y se ven abocados a los destinos típicos de los que no tienen futuro: pobreza, mendicidad, drogadicción, perdida de la dignidad en todas sus facetas.

Ahora imaginemos que a un joven James Cameron le da por hacer una película de bondadosos extraterrestres, que llegan a la Tierra en busca de ayuda, pues se han encontrado con problemas en su nave espacial y se han visto obligados a hacer un aterrizaje de emergencia. Y que, en vista del miedo de los humanos, y las reacciones agresivas que este provoca, se ven obligados a acometer una misión de aprovisionamiento casi suicida para conseguir el combustible con el que volver a su planeta, haciendo en medio un gran despliegue de tecnología y superioridad intelectual. Sería una película de mucha acción, que acabaría con bastantes muertos y una visión bipolar del futuro entre el avance de la ciencia y el paso lento de nuestra cultura.


Bueno, pues una mezcla así es lo que me pareció ver en el cine, y el resultado fue un tanto desconcertante. Fue como si en cierta forma resultara demasiado esquizofrénica y desquiciada para mí, y como si en realidad me faltaran cosas en medio para unir ambas películas. Porque, por mucho que el guión se revuelva para combinar ambos aspectos de la historia, lo cierto es que se decanta rápidamente por uno de los dos caminos, pero recordando constantemente el otro, como con cierta melancolía. Y el final se me queda a medias, posiblemente porque ya estén haciendo la segunda parte que dejan en el aire.

Lo cierto es que es interesante, y que la crítica que pretende hacer llega en parte. Pero me dejó la sensación de que no se puede jugar con el realismo social a través de seres de otros planetas, pues parte de la empatía que sostiene esas películas se pierde.
Y que al final un contacto entre civilizaciones de ese nivel sería tan impactante que, por mucho que intentemos imaginar la situación, difícilmente podríamos asimilarlo a situaciones actuales de esa manera, lo que incide aun más en contra de su deseado realismo.

No sé, me cuesta recomendarla en un sentido u otro, aunque me puede la sensación de que es una película que merece ser vista. Que me parece que falla por momentos, y que confieso que sus fallos me provocaron algún momento de aburrimiento, sí. Pero también es cierto que es diferente, especial por tanto, y que no hay muchas ocasiones que se pueda decir eso de una película que no te ha convencido del todo.
Así que casi os diría que la veáis en el cine, que así además disfrutaréis más de algunos de sus efectos especiales y de algunas de sus imágenes más impactantes, y al final la visión de la historia que tenga cada uno será personal y es posible que difiera mucho de la mía.
Ya me diréis...

miércoles, 14 de octubre de 2009

A glimpse at the future (Un vistazo al futuro)

Este verano pasado, estando de vacaciones, tuve un momento de lucidez mental, y en una de esas calurosas noches de agosto, me dio por investigar en internet sobre algunos aspectos de la economía que nos rige. No es nada del todo nuevo, ya en otras ocasiones he introducido posts sobre el tema. Pero en este caso me dio por ver un vídeo que, en cierta forma, ha cambiado mi perspectiva de lo que el futuro nos depara.
Y no puedo decir que mi nueva perspectiva sea especialmente optimista, la verdad...

El vídeo en cuestión ha sido rebautizado como "The most important video you'll ever see" ("El vídeo más importante que verás jamás"), aunque en realidad se titula "Arithmetic, Population and Energy" ("Aritmética, Población y Energía"), y es la grabación de una conferencia expuesta por el profesor emérito Albert A. Bartlett, de la Universidad de Colorado-Boulder (EEUU).
Podéis encontrarlo sin dificultades en YouTube buscándolo por su nombre artístico, ese tan rimbombante y pretencioso. Y merece la pena hacerlo para ir viendo cada una de sus 8 partes, aunque cada una dure unos 10 minutos, y aunque esté en ingles y puedan perderse detalles -mejor dejarlo si no se sabe inglés, no he encontrado nada con subtítulos.
(Os dejo aquí un enlace a la lista de reproducción de las 8 partes en YouTube, y aquí debajo la primera de ellas):



El vídeo es, en general, debatible.
Puede que deje cosas fuera al realizar sus análisis, y es posible que algunos datos que aporta no sean correctos (o sí, simplemente me limito a transcribir las dudas de algunos que comentan el vídeo en la red, no he comprobado nada). Pero al menos sus exposiciones matemáticas sí son precisas, y su explicación de lo que significa un crecimiento exponencial es totalmente correcta, como lo es en gran medida la exposición que se hace de lo mal que interpretamos muchos datos por no saber extrapolar esa idea.

Os recomiendo muy encarecidamente el vídeo, y que después cada cual saque sus propias conclusiones. Las mías están aun en proceso de maduración, y posiblemente las exponga por aquí a no tardar demasiado, en uno o varios posts, según se me dé.
Pero una cosa sí puedo adelantaros: a poco que tengáis unas mínimas preocupaciones, no os dejará indiferente.
Espero vuestras noticias...

lunes, 12 de octubre de 2009

El secreto de sus ojos

Hay películas que en principio no tienes claro si te apetecen o no, de las que oyes hablar y algo te tira para atrás aunque te la vendan bien. Y algo así me pasaba con esta película, de la que había oído muy buenas críticas y que vendieron como si de un peliculón se tratara cuando la presentaron en San Sebastian, que no me decidía a ver sin saber en realidad de que iba.

La verdad es que no sé porque tenía esos reparos, porque Campanella me parece un gran director, Darín me cae bien (me gusta como actor y es como la versión envejecida de un gran amigo mío) y Soledad Villamil es siempre un tremendo descubrimiento en cada película que le veo. En realidad, sin conocer la historia, nada había que me retuviera. Y aun así...

Pero después de lloverme críticas positivas a mi alrededor, me decidí a verla, y he de admitir que es una película buenísima que se merece todo lo bueno que he leído sobre ella y todo lo que me dijeron. De hecho, ahora que la he visto y me he puesto a buscar críticas negativas, sencillamente no las entiendo. Es demasiado redonda y está demasiado bien hecha para recibir malas calificaciones.

Por lo pronto, la historia tiene de todo, y todo está muy bien contado, entrelazado y resuelto. Contiene tanto un thriller policíaco como una trama política y de corrupción, historias de amistad, venganzas y, por supuesto, amor. Y en todas y cada una de ellas encontramos situaciones interesantes y diálogos con profundidad, todas parecen una película en si misma.
Pues aunque haya tanto, la película no se despista, en realidad funciona perfectamente como un todo, consiguiendo así un peso que hace que se salga de la sala con la idea de que se ha visto algo superior.
En cierta forma es como cuando uno lee un libro compuesto de muchas tramas, de esos que cuando se acaba te quedas saboreando la complejidad de la historia y deseas ser capaz de escribir algo así. Uno de esos que crees imposible llevar al cine porque en una película "no cabe".
Pues Campanella consigue que quepa y lo hace de forma armoniosa, dan ganas de leer el libro en el que se basa ("La pregunta de sus ojos") para ver hasta que punto se ha mantenido fiel a la obra original, pero no se sale de la sala con la idea de que te han dejado cabos sueltos (todo lo contrario). Simplemente, maneja el ritmo de la historia principal y de cada una de las subhistorias que hay detrás como si fuera natural que todo funcionara perfectamente. Y eso es tan complicado que, aunque lo que se cuenta no fuera además interesante por si mismo, ya supondría una dirección excepcional.

Prefiero dejarlo así, para no profundizar en el guión y no desvelarle a nadie ningún dato. Solo confío en que, quién me lea, se vea empujado a ir al cine a comprarse su entrada, porque es sin ninguna duda de esas películas que se merece ser vista en una sala en condiciones. Sabe a buen cine y deja poso. Y huele a óscar a poco que haya justicia.

Y si ya la has visto, ya sabes, espero saber que opinas...

martes, 6 de octubre de 2009

La mochila

Hace unos meses un tipo intento darle un tirón a un compañero mío de trabajo.
Fue un desastre. Como acción sin más, siempre estará mal intentar robarle una funda de ordenador a alguien, contenga lo que contenga (y en este caso además iba sin ordenador). Pero es que además, como acción profesional, dejó mucho que desear.
El ladrón en cuestión era de tamaño reducido, pero mi compañero es un tipo de más de 1,90 m., con una constitución natural de cazador de osos canadiense y unas espaldas de estilo estantería de Ikea. Cuando se dio cuenta de que le querían robar, hizo fuerza y tiró del maletín, con el resultado de que el ladrón, enganchado, casi dio una voltereta en el aire. Luego el caco debió mirar para atrás extrañado, preguntándose que narices había pasado, y salió corriendo al entender que si le alcanzaban igual iba a entender demasiado...


Yo, aunque no sea débil, soy más bien pequeñajo, así que no me puedo permitir ese tipo de protección natural.
Pero tengo una costumbre ahorrativa que me ha dado una solución.
El caso es que llevo mucho tiempo guardando las monedas sueltas que me quedan en la cartera cada día. La idea es guardar las monedas e ir empaquetándolas en las cajitas de plástico que, con ese fin, te dan en los bancos. Y algún día gastármelo en un capricho.
Pero la idea se ha transformado en una pequeña obsesión. Me voy descubriendo pagando con billetes cualquier cosa para que me devuelvan monedas que empaquetar. Y cuando quiero un capricho al final acabo tirando de tarjeta en vez de cambiar las monedas. El resultado es que, después de más de dos años guardando monedas, tengo en mi posesión una bolsa que pesa más de 21 kilos...

El otro día, moviéndola para hacer limpieza, me di cuenta de que la bolsa pesa como un muerto, que no hay quien la mueva y que si algún día quiero cambiarla por billetes en el banco, me va a dar más de un quebradero. Y no de cabeza precisamente, la espalda me preocupa más.
Y me acordé de mi amigo y su tirón frustrado, y me di cuenta de que podía llevar siempre unos cuantos kilos de monedas en mis mochilas para evitar que me robaran. Porque estoy seguro de que el efecto del peso de las monedas iba a ser tan grande como el de mi amigo haciendo fuerza.




Al final toda esta idea absurda me ha llevado a una reflexión mucho más profunda. Por lo menos más profunda de lo que debería ser una reflexión en pleno reposo dominical...
Es la reflexión metafórica sobre como todos vamos cargando con una mochila en la que metemos peso poco a poco. Y en como ese peso nos hace sentirnos seguros y, a la vez, va coartando nuestros movimientos como si fuese una cárcel particular.
En realidad ese peso no es malo, siempre y cuando sea deseado y sirva para arraigarnos a algo bueno en vez de para limitarnos.
Pero requiere encontrar el equilibrio entre el peso que nos da seguridad y el que nos ata sin más, sino queremos acabar convirtiéndonos en esclavos de nuestras propias decisiones, los pesos acumulados.




La idea (que no voy a desarrollar más aquí porque tiene suficiente fuerza como para que cada cual la masque personalmente. Y porque en realidad, con distintas formas, es tan vieja como el ser humano) me ha estado dando vueltas todo el verano pasado. En esa idea sigo y, posiblemente, me lleve a algunos cambios profundos.
De hecho, casi seguramente, me lleve a desprenderme de algo de peso.

Y para empezar, es más que posible que en los próximos días visite mi banco y salga con unos cuantos billetes más en la cartera...
Aunque creo que nunca dejaré de recolectar esas moneditas que tanto pesan ya en la bolsa...

lunes, 14 de septiembre de 2009

Resacón en Las Vegas.

Cada vez soy menos selectivo a la hora de ir al cine. Cada vez me cuesta más ir a ver películas serias, dramas, obras de autor de esas en las que se nos quiere hacer ir algo más lejos y plantearnos cuestiones trascendentales.

Quizás porque, por mí mismo, ya pienso más de lo que debería. Y en ocasiones me encuentro viendo películas tontas y dándole mil vueltas a alguna idea suelta que deja caer, como si buscase sus claves más escondidas.
También porque me hago mayor y todo se vuelve más serio a mi alrededor, más agotador, y necesito desconectar. Y muy posiblemente porque, aunque uno intente que el mundo a su alrededor no le afecte, al final se deja alienar por la sociedad de lo fácil en la que vivimos y tira a eso, al consumo inmediato.
Aunque también me gusta pensar que cada día le doy más importancia al humor como motor de muchas cosas, y que si me acerco a algunas películas es porque también necesito de él en mi vida. Es, en cierta forma, mi peculiar manera de afrontar el mundo con optimismo...

El caso es que fui a ver "Resacón en Las Vegas" guiado más por la idea de dejarme llevar que por cualquier otra. El título no invita, nada, y tanto los actores protagonistas como el trailer que había visto me parecían bastante vulgares. Así que buscaba algo que simplemente me entretuviera un rato.


Pero me encontré una agradable sorpresa, y he de decir que disfruté mucho de la película.
Sin que ésta me pareciera nada especialmente memorable, y dejando claro que es una película destinada básicamente entretener, lo cierto es que me encontré con una obra muy bien hecha.
Y cuando digo que está muy bien hecha es porque me parece que está muy bien "medida", que resulta muy redonda y está muy bien contada, que los personajes son interesantes y que las dosis de extravagancia y surrealismo no cansan y caen sobre la película perfectamente calculadas para producir su efecto óptimo.

La historia en cuestión no es muy original, de hecho resulta casi vulgar: un grupo de amigos que se van a Las Vegas a celebrar la despedida de soltero de uno de ellos, desfasando en una noche loca de esas que no se cuentan a la pareja y que posiblemente no se repetirán jamás (al menos no hasta la siguiente despedida de soltero). Subidón, subidón, subidón, y si te he visto no me acuerdo...
Pero se escoge una forma especial de narrarla que hace que toda la peripecia, todo el exceso cometido, resulte especialmente interesante, capte la atención de forma inmediata y mantenga esa atención como si en vez de una comedia idiota se tratara de una obra de suspense. Se nos cuenta desde el día siguiente y desde la reconstrucción de los hechos a base de los retazos de vivencias que el alcohol y las drogas no han conseguido destruir. Y se añade una búsqueda contra el reloj que le da al conjunto mucho más ritmo y tensión. Todo un acierto del guión.

Para mi fue muy curioso encontrarme enganchado a lo que se me estaba contando casi desde el inicio, deseando saber más, como ocurre con esas novelas que enganchan y no puedes dejar de leer aunque sea de madrugada, o como sucede cuando un capítulo de una serie de televisión es verdaderamente bueno y te atrapa de tal forma que los anuncios se convierten en una especie de tortura diabólica. Simplemente no me esperaba eso de este tipo de película, y me gustó especialmente lo que consiguió y la forma de hacerlo.

Puede que haya situaciones demasiado sacadas de quicio, y puede que haya personajes que resulten irrealmente absurdos. También es posible que otras se resuelvan de maneras que resultan demasiado cogidas por los pelos.
Pero lo cierto es que la película combina muy bien sus idioteces con la destreza narrativa. Y no hay mejor muestra de ello que la secuencia de fotos final, en la que vemos como se atan magistralmente todos los cabos que puedan quedar sueltos mientras queremos cerrar los ojos ante algunas de las animaladas que se nos enseñan.

No diré que sea esencial verla en el cine, pues tanto por temática como por sus formas es pura carne de videoclub.
Pero creo que al final es de esas obras en las que merece la pena gastarse el dinero, por lo satisfecho que sales del cine. Y no tanto por ser una gran película como por lo bien que cumple con sus objetivos y lo que puede sorprender su historia.
No es solo una nueva película chorra, no es únicamente otra idiotez más para adolescentes. Tiene de eso y quién espere algo así no saldrá decepcionado. Pero tiene ese "algo más" suficiente para que cualquiera con un poco de amplitud de miras se sienta satisfecho.
Recomendable como poco.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El pequeño escritor que hay en mí...

El otro día apareció por mi casa una de mis primeras obras literarias. Una de una época en la que yo no era más que un niño de unos 8 años con demasiada imaginación, una máquina de escribir y mucho tiempo libre.
Y es, sin duda, una obra controvertida, que causo cierta polémica en su momento en todo aquel que la tuvo en sus manos...

De pequeño fui un crío con muchas ganas de aprender. Mis hermanos son todos mayores que yo, con cierta distancia, y yo lo que más deseaba era hacer aquello que les veía hacer. Hasta donde recuerdo, estaba deseoso de entrar en el colegio, como ellos, y el día que por fin me toco pisar por primera vez las clases, no fue ni mucho menos traumático. Yo era un niño feliz que estaba en el mismo sitio que mis hermanos y que empezaba a participar de aquella rutina misteriosa que les veía ejecutar disciplinadamente a diario. Aunque al día siguiente no me apeteciera volver y contestara, al decirme mi madre que tenía que ir a clase, que ya había ido el día anterior, como si hubiese cumplido y al hacerlo hubiese descubierto que no era lo mío...
Pero aprendí pronto que tenía que ir a diario, y le cogí el gusto.

Lo siguiente que me apeteció imitar fue el leer. Evidentemente no lo tengo muy fresco en la memoria, pero recuerdo que en cuanto aprendí un poco sobre las letras, cual era cual y como se conjuntaban, me pasaba todo el día leyendo todo lo que caía en mis manos y podía interpretar. No me refiero a libros, aunque muchos infantiles cayeron, claro, sino anuncios, carteles publicitarios, eslóganes... Cualquier cosa que juntara una letra detrás de otra y me quedara a la vista. Y a los seis años no solo leía mis cuentos, sino que también los escribía, con la vieja y mágica máquina de escribir "Underwood" de la antigua tienda de mi abuelo, que habíamos heredado al fallecer él (y que, por cierto, aun anda por casa, aunque totalmente inutilizada).



Creo que fue un verano de aquella época, con seis años, cuando decidí que quería escribir un cuento largo. Algo parecido a los que me leía yo, no la típica redacción imaginativa de media página que te mandan hacer en el colegio. Y escribí mi primera "novela", que aun conservo en unos folios tan finos como el papel de fumar, y que también salían de los cuadernos de pedidos de mi abuelo.
Una "novela" que en realidad es una historia compuesta por 10 u 11 capítulos (no recuerdo exactamente), de una página o una página y cuarto de duración cada uno, y que, leída hoy, me sorprende por hasta que punto era capaz de concebir con aquella edad una historia con cierto sentido y continuidad, y por las pocas faltas de ortografía que tenía ya por entonces (exceptuando tildes, claro está).

Y por fin llegamos al cuentecito con el que comencé este post, y que creo que fue el último que escribí con aquella maravillosa máquina. Se trata, exactamente, del cuento del mono Yoli (que no sé porque se llamaba Yoli, que es nombre de mujer, pero puedo asegurar que se trataba de un macho). Lo que causo cierto revuelo al leerlo en mi casa fue que mi protagonista, en una retorcida historia de poco más de medio folio, toma la decisión de violar a la mona Juanita, para poder de esa manera concretar su amor por ella.
Evidentemente, yo no tenía mucha idea de lo que significaba la palabra violar, ni de sus implicaciones violentas y sexistas. De hecho, Yoli es descrito en la historia como un mono muy bueno. Pero el simple hecho de usar la palabra, oída seguramente en alguna crónica de sucesos, provocó cierta lógica preocupación en mis progenitores, que se temían que su joven hijo se estaba convirtiendo en una criatura algo siniestra...
Tras ser interrogado por las motivaciones del cuento, sobre lo que significaba, hasta que punto yo mismo entendía lo que había escrito y como lo interpretaba personalmente, se debieron quedar tranquilos. Pero el cuento quedó guardado en un bargueño donde siempre hemos guardado algunos tesoros, y ha ido cogiendo rigidez y color sepia a medida que ha ido acumulándose recuerdos sobre él.

Creo que aquel interrogatorio, y el comprender que había preocupado a la gente a mi alrededor, me afectaron un poco. Y ya no volví a escribir cuentos por el puro placer de escribir hasta que me hice mayor.
Aunque hoy en día los mantengo más ocultos, no sea que alguien se preocupe de verdad, que ya tengo edad para ser confinado en un manicomio...

martes, 1 de septiembre de 2009

El sexo de los ángeles.

El otro día venía en "El País" un artículo muy interesante que trataba sobre le definición del género en las competiciones deportivas.
El artículo tomaba el caso de Caster Semenya, la campeona de 800 metros en los últimos campeonatos de atletismo de Berlín, de cuya identidad sexual se duda, para narrar como ha evolucionado la percepción del sexo de los atletas desde la perspectiva de las reglas deportivas. Y trataba de explicar una serie de nociones sobre la diferenciación sexual cuya base biológica resulta especialmente interesante (algo estudié al respecto)...

El caso es que hay cosas que no mucha gente sabe. Por ejemplo, que el ser un hombre o una mujer no es una cuestión genotípica (determinada exclusivamente por lo que marcan los genes) sino fenotípica (determinada por lo que finalmente expresan los genes).
Así, aunque para el común de los mortales que saben un poco de genética la mujer es XX y el hombre XY, lo cierto es que se dan casos de hombres XX y mujeres XY. Muy raros, sí, pero se dan.
Y eso se debe a que en realidad que una persona se desarrolle como hombre o como mujer se debe a una conjunción de procesos que, en su desarrollo, no siempre conduce a un único resultado. De hecho, hay resultados intermedios (estados intersexuales) que realmente no entran ni en una ni en otra categoría.


En base a esto, el artículo venía a decir que decidir quién puede o no competir como hombre o como mujer es mucho más complicado de lo que parece.
No basta con hacer una simple prueba para ver si se tiene o no cromosoma Y. No solo porque, por ejemplo, se puedan dar casos de mujeres muy femeninas con genotipo XY (no hay más que buscar rumorología relacionada con el Síndrome de Insensibilidad a Andrógenos, SIA, o Síndrome de Morris para encontrarse con personas no solo muy bellas, sino muy famosas), sino porque en muchos casos, y especialmente en los intersexuales, es el individuo en cuestión quién decide su propia identidad.
Y parece que hoy en día es precisamente el argumento de la identidad el que más pesa a la hora de decidir si una persona puede o no competir como mujer.

Resultaba muy interesante leer el debate encendido que se daba en los comentarios del artículo, entre personas incapaces de aceptar ese argumento de la identidad personal y los que en cambio lo defendían. Muchos daban argumentaciones muy perdidas, en las que el simplismo del XY suponía todo lo necesario para calificar a una persona como hombre. Y algunos simplificaban en el sentido contrario, indicando que "sentirse" mujer e identificarse como una era suficiente.

Pero personalmente me resulta muy difícil dar una opinión definida. Siendo tan amante del deporte, me parece casi imposible decir si la posibilidad de que se adultere la competición ha de limitar las verdadera sensación identitaria de una persona.
Pero entiendo que es injusto para otras competidoras el verse luchando con una persona cuya identidad quede confusa y pueda obtener ventaja de ello. Y, sin embargo, me queda el regusto amargo de que a a la señorita Semenya se le juzga con demasiada dureza para la falta de pruebas que rodea el caso...

Son estas imperfecciones las que hacen que nos planteemos las cosas, los detalles que se salen de lo normal y ante los que nuestra mente no sabe exactamente como reaccionar.
Es una lástima que no se pueda quedar la pregunta en el aire, pues al final en una carrera ha de haber un vencedor. Pero aunque al final se dé una respuesta determinante al caso de Caster Semenya, y a cualquiera que se produzca en el futuro, estoy convencido de que los debates y las novedades continuaran siempre.

miércoles, 22 de julio de 2009

La inteligencia de John Dalton.

El otro día me mostraba un compañero de trabajo una publicidad indignante que había visto en internet. Una que me he encontrado después navegando en algunas páginas y que me ha llegado al alma.

Se trata de la siguiente imagen:


Yo no sé que responderíais vosotros, pero yo aquí lo que veo es, bastante claramente, un "21".
Y no tengo muy claro que tiene que ver eso con mi nivel de inteligencia. Como si ser daltónico fuera equivalente a ser idiota.
O va a ser más bien que lo que es de ser idiota es pagar 0,30€ por cada sms de este tipo que quieras contestar para conocer tu coeficiente intelectual...

A mi edad tengo más que asumido lo que implica mi daltonismo. Pero no deja de sorprenderme y molestarme una publicidad así. Porque es tremendamente engañosa, y pretende captar a estúpidos que, al ver un número correcto (como es lo normal), decidan continuar pagando para que les digan que son la hostia de listos. Y porque es una publicidad ofensiva para muchos que, como yo, directamente no podemos contestar a la pregunta, seamos más o menos inteligentes.

El daltonismo es una condición que algunos tenemos, ni más ni menos. Se dice que fue empleada en la Segunda Guerra Mundial como mecanismo para diferenciar patrones de camuflaje que personas no daltónicas eran incapaces de ver, y lo cierto es que, en determinadas condiciones, puede suponer una ventaja adaptativa (como deja claro este artículo sobre monos capuchinos). Hay incluso quién opina que, de hecho, su persistencia es el reflejo de que en algún momento supuso una ventaja en la propia la evolución humana.

Personalmente, creo que no es una cuestión muy importante. En mi caso es casi más que nada una curiosidad y un tema del que reírse de vez en cuando, cuando meto la pata al identificar un color. Poco más.
Sospecho que buscarle profundas raíces evolutivas es un error, y que no tiene más que ver que con mutaciones producidas sobre individuos de forma azarosa que, al ser tan insustanciales, se fijaron en la población, por no provocar ningún rechazo. Pero dudo que supongan tampoco una ventaja evolutiva.

Lo que sí está claro es que, pese a suponer una variación en la forma en la que los daltónicos percibimos la realidad, no tiene nada que ver con que una persona sea más menos lista. De hecho, relacionar la inteligencia con la capacidad o incapacidad de ver los colores es una soberana tontería, está claro. Sería tan absurdo como decir que los daltónicos somos especialmente inteligentes por poder ver en esa misma imagen algo que el resto no ve.

Así que, por favor, que a nadie se le ocurra malgastar unos euros en responder preguntas tan estúpidas, que no está el mundo para este tipo de dispendios...