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jueves, 5 de abril de 2012

100 días

Escribo poco desde hace mucho, y últimamente nada de lo que cuento es muy interesante, son sólo desahogos. Hoy no creo que vaya a cambiar la tendencia, porque de nuevo toca política, pero realmente es el grito que me apetece dar. Así que allá que voy...



Los del título son, más o menos, los días que lleva Rajoy en el gobierno. Y se le podrá acusar de muchas cosas, pero no de que haya estado quieto, la verdad.
No le envidio el trabajo, a mí no me gusta tener que mentir para conseguir cosas, y en su caso y a su nivel, se ha convertido en todo un requisito. Y aunque no confío en él y menos en su partido, lo cierto es que tampoco se les puede culpar de estar donde estamos. No son ni mucho menos inocentes, pero hay responsabilidades muy superiores.
Aunque eso sí, también hay mentiras más explicables que otras. Y no debemos olvidar que en estos momentos hay quién dispone de mayoría absoluta, poder a tutiplén, y que en esas condiciones es mucho más sencillo ser fiel a las propias promesas que cuando se está obligado a alcanzar compromisos no deseados con otros...

Centrémonos, porque no quería tampoco enfocar el post en la mentira, al menos no de esa manera.
La reforma laboral es una mierda.
A los que somos curritos contratados por una empresa, la gran mayoría, nos reduce un montón de derechos que se habían adquirido a base de pegarse mucho con mucha gente durante muchos años. Y lo peor es que genera posibles situaciones de indefensión del empleado ante su empresa, facilitando interpretaciones torticeras de la ley que sin duda harán que el número de despidos procedentes aumenten, aunque sea en situaciones moralmente reprobables.
  


 Yo prefiero no llamarme a engaño, son derechos que dudo que se vayan a volver a recuperar, ni siquiera con un cambio de gobierno a tendencias más de izquierdas. Y me duele, pero cuando uno mira a su alrededor (muy interesante la comparativa realizada por RTVE aquí), se ve que la reforma laboral nos sitúa en condiciones más cercanas a países con los que nos gustaría compararnos. Esperemos que también tendamos a compararnos con ellos en salario medio, ¿no?.

El problema es que cuando se analiza más en profundidad la situación, uno se da cuenta de que en realidad no podemos compararnos en absoluto con esos países.
En el mundo en que vivimos, con el tipo de economía que tenemos, predomina el egoísmo. Hay países que tienen éxito y otros que sufren el éxito de los demás. Y dentro de los que tienen éxito, los hay que lo consiguen a base de producir mucho, explotando al máximo sus recursos más baratos (si son naturales, de forma generalmente nada sostenible, y si son humanos, con trabajadores-esclavos) y los que, en cambio, maximizan el valor de sus recursos, a base de I+D+i, de forma que poca producción implica mucho beneficio.


 
Pues bien, los países con los que queremos compararnos pertenecen a esta última categoría, en la que se produce "poco" pero con muchísimo valor. ¿Y que producimos nosotros que entre en esa categoría?... Responded vosotros, si podéis.
Y cuando se presentan unos presupuestos generales cómo los que se han presentado en los últimos días, vemos que tampoco son unos presupuestos que nos acerquen lo más mínimo a conseguir ese estatus, todo lo contrario. Así que, ¿cómo pretendemos ser competitivos?, ¿vamos a serlo por el valor añadido de nuestra producción?, ¿o acaso pretendemos serlo por lo barato de nuestros recursos humanos?

La conclusión es que se nos reducen derechos para asimilarnos a países que, dada su situación de privilegio, no se han visto obligados a proteger esos derechos.
En esos países privilegiados, si alguien es despedido de una empresa, es relativamente fácil que consiga otro empleo rápidamente, por lo que no precisará tanta protección. Y además se cobra lo suficiente cómo para que los trabajadores se hayan planteado y podido permitir asegurar su vejez, y eso hace que los recursos sociales que ha de gestionar el estado sean menores. Así que no se concibe esa necesidad de socializar los problemas, cómo si lo es en países más pobres cómo el nuestro.
La realidad es que de ninguna manera podemos pretender parecernos a esos países, mucho menos a corto plazo y ni de coña con las políticas que planteamos. Por lo que el camino emprendido sólo puede acabar derivando en pérdida de más privilegios para acabar siendo competitivos por la vía de tener recursos humanos muy baratos. Es decir, con estas políticas, lo que tenderemos es hacia esos países con trabajadores-esclavos...





  

Pero dicho todo lo anterior, confieso que creo que en cualquier caso da igual.
El verdadero problema no es parecernos a unas u otras de las economías antes descritas; es que el propio sistema en el que estamos inmersos es erróneo.
Nos empeñamos en querer apañar lo que tenemos en vez de cambiarlo por algo nuevo. Pero no va a funcionar, porque es una fórmula insostenible basada en sistemas piramidales que precisan una entrada cada vez mayor de recursos desde su base. Y al final vivimos en un sistema cerrado con los recursos limitados, un crecimiento constante es, directamente, imposible. 


Eso es algo a lo que no podremos escapar, se tarde el tiempo que se tarde en llegar a un fallo irreversible, el sistema fallará.
Por ahora lo está haciendo en las lindes de la economía, hay mucho desequilibrio social que ya está rebosando de diferentes formas. Y está por ver si, cuando acabe colapsando, lo hará destruyendo lo que había o reconvirtiéndose a algo nuevo más sostenible.


Para la mayoría de nosotros, dar con esa solución está sólo en nuestras ideas. Pero para algunos está incluso en sus manos.
Cien días han pasado muy rápido, pero ojalá que no sigamos perdiendo el tiempo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Velocidad y tocino.

Sabéis, aunque para la mayoría de los que me conocen soy un cabezón muy poco razonable, lo cierto es que me gusta hacer lo posible por contrastar fuentes. Claro está que "lo posible" es un precioso eufemismo nada preciso, y que en la mayoría de las ocasiones no lo hago porque, dentro de las ideas que uno ya tiene decididas sobre lo que está bien y está mal, muchas veces ni si quiera me doy cuenta de que hay algo que contrastar (por ejemplo, si me dicen que Jiménez Losantos ha propuesto en la radio o en una columna de opinión esterilizar a la cúpula del PSOE para evitar que se extienda su prole, a estas alturas ya me lo trago sin más; eso y muchas otras barbaridades).
Pero creedme, cuando me llega alguna noticia exagerada o un titular con pinta de querer llevarme al huerto, procuro buscar por ese maravilloso mundo que es internet, no sea que efectivamente me estén dando gato por liebre una vez más, y no sea oro todo lo que reluce...

Pues hoy he leído algo que me hubiese gustado contrastar más, pero que tendré que creerme viniendo de fuentes más o menos fiables cómo el Daily Mail. Por desgracia, mi conocimiento del árabe es nulo, porque hay que admitir que me encantaría proundizar en la noticia.
El titular que leí originalmente en El País es el siguiente:

"Insulto a la inteligencia: 'no habrá vírgenes' si las saudíes conducen"

Al parecer, para evitar que se levante la ley que prohibe conducir a las mujeres saudíes, el más alto consejo religioso de Arabia (Majlis al-Ifta’ al-A’ala) ha difundido un estudio "científico" encargado al antiguo profesor Kamal Subhi, de la Universidad Rey Fahd de Arabia Saudita, en el que se afirma que, en caso de acabar permitiendo conducir a las mujeres en aquel país, se obtendrían los siguientes resultados en un plazo de diez años:

- Perdida de las vírgenes en el país.
- Aumento de la homosexualidad (tanto masculina cómo femenina).
- Mayor difusión de pornografía.
- Crecimiento de la prostitución.
- Aumento del número de divorcios.

Planteándome esas conclusiones, no he podido evitar recordar la teoría difundida por mi muy querida iglesia del Flying Spaghtti Monster en la que se demostraba, con un indiscutible gráfico, la correlación perfecta que existe entre la disminución de la piratería en el mundo y el calentamiento global...

Pero he preferido tomarme la idea en serio e intentar comprobar la certeza de la propuesta del señor Subhi, basándome en mis propias vivencias. Y esto es lo que he podido concluir:

- La oficina del Registro Civil aquí en Madrid está relativamente mal comunicada, en la calle Pradillo, en un punto que no queda del todo bien ni para la parada de metro de Alfonso XIII, ni para la de Concha Espina, ni siquiera del todo cogiendo el autobús número 40. Ahora, en coche, a veces se puede hasta aparcar enfrente...
Si las mujeres condujeran, llegarían con mucha más facilidad a la oficina y podrían tramitar muchos más divorcios (!!).

- Que viviendo tan cerca cómo vivo de una de las calles predilectas de la prostitución de Madrid, puedo afirmar cómo un hecho indiscutible que cuantos más coches pasan por ella de noche, más servicios se realizan.
Por otro lado, si las mujeres condujeran, sería lógico pensar que por las noche pasarían más coches por dicha calle, pues habría más conductores.
Luego, por propiedad transitiva, si las mujeres condujeran, crecería la prostitución (!!!).

- Es indiscutible que con un coche se va más rápido que andando, en patines o en bicicleta. Si una persona tarda 20 minutos en acercarse a un quiosco a comprar una revista pornográfica, con el coche tardará a lo sumo 10.
De lo que se deduce que el factor limitante que supone el tiempo que se tarda en conseguir pornografía se ve drásticamente reducido por el efecto de conducir.
Por lo tanto, sí, si las mujeres saudíes condujeran, tendrían tiempo para consumir mucha más pornografía (!!!!).

- ¿Quién no ha oído hablar del tópico de la "lesbiana camionera"? Y no nos engañemos, la mayoría de "osos" que uno se puede cruzar dando un paseo por la calle Fuencarral tiene una pinta de camionero que tira para atrás (de camionero estadounidense, para ser más concretos, probablemente transportadores de madera, me atrevería a decir). Y cuando el río... se oye a la lejanía... igual... puede ser que alguien haya abierto un grifo...
Evidentemente, no puede haber camioneras sin permiso de conducir. Luego permitir a las saudíes tener permiso de conducir, sólo puede acabar en un aumento flagrante de la homosexualidad (!!!!!).

- Y por último ¿que conductor no se ha perdido alguna vez conduciendo un coche? Imaginen ahora a todas las vírgenes de Arabia Saudita conduciendo, a la vez, con lo complicado que debe ser conducir allí que el paisaje debe ser todo de lo más parecido con sus dunas y sus oasis aquí y allá. En diez años fijo, fijo, que todas ellas se han perdido alguna vez.
Así que sí, si se deja que la mujer saudí conduzca, en un plazo de diez años se puede apostar a que seguro que todas las vírgenes se han perdido.
Al menos textualmente...



Pues eso, que vamos...

domingo, 1 de mayo de 2011

Tres kilos cien.

Hay quien dice que las mejores cosas llegan sin avisar y sin ser esperadas.
No sé si estoy del todo de acuerdo, al menos no siempre, porque la verdad es que no soy una persona especialmente espontánea. Pero el viernes sucedió algo bueno, muy bueno, y lo cierto es que fue inesperado desde su concepción hasta su llegada definitiva, por lo que por esta vez tengo que admitir que la sorpresa ha sido muy buena.

Se llama Sofía, y es la tercera hija de uno de mis hermanos, la cuarta de todos mis sobrinos. Ha nacido un pelín antes de tiempo, lo suficiente para ser friolera sin necesitar incubadora, y nos ha pillado a todos un poco con el pié cambiado. Y aunque llegó dando un pequeño susto a su madre y a los médicos, es una niña sana, de 47 centímetros y 3.080 gramos, dormilona y bastante tranquila, que apenas llora. Si bien parece que ha heredado los pulmones paternos y es capaz de hacerse escuchar sin problemas cuando le es necesario.

Aunque siempre digo que los recién nacidos no se parecen a nadie, y suelen ser bastante feos, Sofía es igualita a su hermano, y ha salido tan guapa como suelen los nacidos por cesárea. Aun no sabemos el color de sus ojos o de su pelo, no hemos escuchado su risa ni somos capaces de reconocer su gorjeo. Pero ya es inevitable que la reconozcamos como algo nuestro, que es un sentimiento que va más allá del simple amor.
Los niños tan pequeños cambian mucho, casi a diario, y seguro que dentro de poco habrá dejado claro cual es su personalidad. Pero por ahora es una pequeña muñequita que apenas hace nada más que dormitar de brazo en brazo y soportar fotografías.
Porque claro, con lo que ha cambiado la telefonía en los últimos años, los reportajes fotográficos están a la orden del día, y ya cualquiera se lanza con su último modelo. Pero ella aguanta con estoicismo, posando con esos gestos recién estrenados, que aun no domina. Y aunque es la gran estrella y podría reclamar su propio camerino, lo cierto es que aun no se ha descolgado con grandes peticiones, es muy campechana.

Su hermano, que queda en medio, empieza a soportar su pérdida de protagonismo y el peso de dejar de ser el pequeño. Le costará, porque es un niño mimoso y algo cabezota, pero aprenderá poco a poco, como ya lo hizo con anterioridad su otra hermana. Por ahora, ante la insistencia de todos sus tíos de que debe proteger a Sofía y cuidar de ella, ha demostrado ser el más sensato y nos ha puesto a todos en nuestro sitio. Mirando con sus enormes ojos, nos ha contestado "si sólo tengo cuatro años", y nos ha derrotado en nuestro empeño de ponerle una carga que no le corresponde aun. Seguro que lo hará bien.

Y la mayor, cada día mas mayor y siempre tan responsable, está encantada con su hermanita. Y se emociona con la idea de darle el biberón, o cuando la ponen en sus brazos, con cuidado, que aun tiene sólo siete años. Al llegar al hospital el viernes, una vez que había nacido Sofía, se la veía muy feliz, deseando conocerla. Y ha dejado claro que no piensa cambiarle los pañales, pero seguro que le enseñará un montón de cosas, y que será una estupenda hermana mayor.

Algún día a Sofía le tocará ser mayor y sabia, como su nombre. Porque por ahora casi ni es, y solo le toca aprender a disfrutar y ser feliz. Tan feliz como nos ha hecho a todos a su alrededor, que tenemos que devolvérselo, como en la canción de Jorge Drexler.
Así que este post va por ella. Y por sus padres, que han sufrido bastante hasta tenerla aquí, y que serán los que más pelearán ahora para que Sofía nos dé todas las alegrías que esperamos de ella.
Enhorabuena, muchísimas felicidades y mucha suerte a todos.

jueves, 7 de abril de 2011

Noticia de la semana.

Hay noticias y noticias.

Las hay buenas, que son pocas y poco dignas de mención cuando no te tocan de cerca. Y las hay malas. Que pueden serlo de forma objetiva, de esas que últimamente tienen que ver con terremotos y centrales nucleares. O, más subjetivamente, que les pasa como a las buenas, que lo son porque te tocan.

Luego las hay inclasificables.

La de hoy, de hecho, es inclasificable.

Imaginaos al auditor de informática de tu empresa, imprimiendo un papel y leyéndolo en alto, sin avisar:

"Una jubilada de 75 años..."

Ya está, algo tétrico, la pobre mujer se cayo en su casa y se desangró sin que nadie pudiera ayudarla...

"...deja sinconexión de Internet..."

Pues no, va a ser que la mató el desequilibrado de su hijo por cortarle la conexión cuando jugaba a alguno de esos juegos violentos en red, cualquier que se os ocurra...

"... a toda Armenia."

Ostia.

"La mujer cortó sin querer el cable de fibra óptica que enlazaba Georgia con Armenia"

Preguntas al vuelo:
- ¿Toda Armenia conectada a internet por un único cable? Pues sí, igual no tenemos motivos para quejarnos de nuestras redes, después de todo...
- ¿Estaba el cable por ahí en medio, sin más? Respuesta en el propio artículo, la da el jefe de marketing de la empresa de telecomunicaciones: "No entiendo cómo logró encontrar el cable ()... Está enterrado en el suelo".
- ¿De que grosor de cable estamos hablando para que se corte tan fácil? Ni idea, pero es imaginable que no se trata de Super Abuela, así que no debía ser muy grande. A no ser que, se me ocurre, encontrara el cable excavando y llegara a la conclusión de que era un gran tesoro digno de un gran esfuerzo. Igual al final tenía un diámetro de muchos centímetros...
Dicen que, cada vez más, las guerras se van a librar en el mundo de la tecnología. No puedo evitar pensar en un ejercito de viejecitas, azadón en mano, atravesando cual lemmings las líneas enemigas para liarse a golpes contra los postes de la luz y las antenas de telefonía móvil.
El futuro, cada vez más cerca...

viernes, 11 de marzo de 2011

Metrobuses...

Ayer se le ocurrió al merluzo del Consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, José Ignacio Echevarría, decir que el metrobus no existe.
Puede que sea un lapsus linguae, muestra de sus deseos más que otra cosa, visto como ha ido evolucionando su precio en los últimos tiempos, haciendo cada vez menos rentable adquirirlo. Pero da igual lo que sea, eso es lo que se le escapó y ya está dicho...

Asumo que se equivocó.
Una persona que ha hecho subir el precio del ticket desde los 7,40 que costaba el 31 de diciembre de 2009 a los 9,30 que cuesta hoy (sí, menos de 15 meses después) no creo que no conozca el objeto de tal subidón. Se equivocó, más allá de las pobres justificaciones que ha dado después en la Cope, (que a veces es mejor callarse que decir ciertas cosas: me imagino al locutor delante suyo, mirándole con cara de pena y pensando "pero hombre, pide perdón y no intentes hacernos creer esta patraña, que somos un medio amigo"); y es una equivocación grave.

Pero si soy sincero, realmente no es eso lo que más me indigna.
Cuando uno escucha y ve la situación, queda claro el tono en el que se estaba cometiendo el error: desafiante y burlón. Y ante su error, del que estoy seguro que buena parte de su propia bancada se dió cuenta (no todos tendrán coche oficial, digo yo), no es que se produjera un respetuoso e incómodo silencio del tipo "Jose Ignacio, que estás metiendo la pata", no. Lo que hubo fue un rápido aplauso ante la bravuconada, que seguramente fue en parte también un burdo intento de acallarle para que no siguiera diciendo tonterías.
Y eso, en lo que nadie parece reparar porque está convirtiendose en algo habitual el faltarse al respeto hasta en los diferentes parlamentos, es muy triste. Es algo grupal, fomentado, un tipo de reacción de partido irracional, apoyar lo que dice el nuestro sea lo que sea y como sea que lo haya dicho, que hace que la política de este país cada día sea más patética.

Mi inclinación política está clara, pero no quiero hacer de esto una cuestión partidista: esa reacción la he visto también en otras ocasiones en mi mismo lado ideológico.
Con este post sólo pretendo incidir en el hecho de que esas formas son terribles y cada día desvirtúan más lo que debería ser una democracia parlamentaria. Nos estamos embruteciendo, vulgarizando, y deberíamos meditar profundamente sobre el sitio al que queremos dirigirmos y hacia donde estamos yendo en realidad.

He empezado fuerte, como no suele ser habitual en mí, diciendo de este hombre que es un merluzo.
Lo creo no por lo que dijo, porque ya digo que estoy seguro de que es una equivocación más que qué directamente no lo supiera. Pero me parece un merluzo por cometer esa equivocación en un discurso parlamentario, y teniendo la posición que tiene. Directamente es un fallo inexcusable, impropio de su cargo, propio de un merluzo.
Si tuviesemos cierta dignidad política, ese tipo de errores (y muchos otros de otros partidos y colores) deberían ser sinónimos de una dimisión inmediata.
No lo será.

Y eso solo nos deja como conclusión todo lo que ya he dicho.
Equivocación inconcebible en su discurso, error intolerable en su cargo y actitud política lamentable en el parlamento por parte de los que le aplaudieron.
Joyas.

martes, 8 de marzo de 2011

Etimología básica II

Como algunos ya sabéis, y en alguna ocasión anterior fue mencionado en este blog, mi apellido tiene un claro acento extranjero que se pierde en la lejanía de la ciudad natal de Goethe.
Y supongo que no será una novedad para nadie que las relaciones entre Francia y Alemania nunca han sido excelentes, por lo que no sorprenderá que me resulte poco afín el país de Dumas (algo relativamente común en España, por otro lado)...

Esta mañana, en el trabajo, un compañero mío ha recibido un email de una tal Marilyne, solicitando información sobre algo que está fallando entre su empresa y la mía (y que, por lo que hemos investigado, tiene toda la pinta de fallar por su lado, aunque seguimos mirándolo y les damos buenas palabras para ser educados y cordiales).
El asunto lleva coleando un tiempo, semanas, pero habitualmente lo tratamos con su compañero Boris, que además estaba en copia tanto del email de Marilyne como en el de la respuesta de mi compañero. Así que nos ha sorprendido recibir un email de Boris veinte minutos después del de Marilyne, pidiendo básicamente lo mismo que ella e indicando si lo habíamos podido mirar...

Mi compañero es un tipo elegante y educado. Pero cuando le he hecho ver el email de Boris, del que aun no se había percatado, su contestación ha sido algo parecido a: "Es que no sé si responderle, porque si lo hago voy a tener que decirle 'Te acabamos de decir que lo seguimos mirando aunque nos parece que todo está bien por nuestro lado, francés hijo de puta'".

Dado el exabrupto y las connotaciones xenófobas, he decidido indicarle a mi compañero que mi apellido es francés (algo falso que él ya sabía), sólo por chinchar.
Su respuesta ha sido "Tan francés como las salchichas de Frankfurt".
Ante lo cual sólo he podido decirle "Exactamente", dado el acierto con la ciudad en cuestión de la que viene el apellido.
Y aquí es cuando hemos empezado a darle una nueva vuelta a la etimología...

Evidentemente, me ha dicho mi compañero, el frank de Frankfurt viene de franco, francés. Y yo le he dicho que sí, y que el furt venía de furcia, luego era de cajón que la ciudad la habían tenido que fundar un grupo de furcias francesas, seguramente llevadas allí en una de esas caravanas de solteras que se organizaban hace siglos, que al final las francesas siempre han tenido mucho predicamento por el resto de Europa. Y, por cierto, que seguramente de ahí venga el gusto por el cabaret subido de tono que había en la Alemania pre-nazi...
Todo ello hacía que ese "francés hijo de puta" que había soltado antes mi compañero, en mi caso no resultara un insulto, sino casi una descripción de la localidad de origen de mi apellido...


Esto no es que me dejara en un muy buen lugar, pero tampoco voy a decir que me preocupe demasiado. Recuerdo que una prima mía, que estudió historia, tuvo que buscar la genealogía completa de mi familia por la parte de mi segundo apellido, muy español ese. Y descubrió en el camino alguna que otra mujer de mala vida que se remontaba en nuestra historia, unos siglos atrás. Así que tampoco me preocupa demasiado que haya unas cuantas putas más en lo más profundo de mis raíces genealógicas. Al final dicen que los perros más listos son los que salen de cruces callejeros, y yo estoy seguro de que entre muchas casas reales se da cierta polaridad por la que o tienes raíces similares a las mías y un nivel intelectual decente, o tienes una sangre más pura que el agua de Evian y tu intelecto está por los suelos...

Pero sí que se puede apreciar una vez más la importante moraleja: lo esencial que resulta la etimología a la hora de contarnos significados en las palabras que en principio ignoramos, y en casos como este, incluso partes de la historia oscurecidas por el devenir de los acontecimientos (por si no lo sabéis, el Banco Central Europeo tiene su sede en Frankfurt; la cabra tira al monte y los banqueros a sus orígenes, los muy...).
Es muy fácil, si sabes aplicar adecuadamente la etimología, sacar una gran información de las palabras a partir de ella. Y si no, de qué iba a tener yo todo este conocimiento que he compartido con vosotros...

viernes, 31 de diciembre de 2010

Un año más

Como muchos sabréis, ejerzo de informático.
Esta mañana, cuando llegaba al trabajo, me he encontrado a un compañero que estaba trajinando con su equipo. Cuando le he preguntado que hacía, me ha dicho que estaba haciendo un backup, porque estaba a punto de lanzar unos procesos de cierre de año de una aplicación y quería tener un punto de recuperación, no fuera que algo saliera mal.

Y no sé porque, quizás porque era el último día del año, me ha hecho gracia y le he comentado que no estaría mal poder hacer eso con la vida, establecer puntos de restauración en días determinados, por si algo nos va mal echar marcha atrás y cambiar las cosas...

Este año no ha sido el mejor año de mi vida, la verdad.
No tanto por mí, que al final en mi estancamiento estoy tan estándar como siempre (puede que ese sea el fallo, ¿verdad?). Pero últimamente en mi entorno cosas malas que suceden aquí y allá, gente que se va, gente que no se ha ido pero ha desaparecido, no todo huele bien, y se nota...
Aun así, no sabría donde poner un punto de recuperación, al menos no en este año, por lo que no debe haber sido tan terrible. Y lo cierto es que confío en que las cosas cambien a mejor y el próximo año seamos todos mucho más felices.

Así que quiero desearos a todos un maravilloso año 2011. Que se lleve lo malo y todo aquello que nos está dejando paralizados, y que nos traiga un montón de cosas buenas. Sé que alguna viene en camino, que sólo queda esperar, y confío que alguna más la acompañe.
Pero más que nada espero que lleguen las buenas que nos sorprendan, las que generan más ilusión por ser inesperadas, que creo que ahora hacen mucha falta.

Y sobre todo, ojalá que nadie cercano termine el año deseando poder volver atrás a un punto de restauración. Que sea lo que sea lo que nos toque vivir, no nos arrepintamos.

Sed muy felices.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Sobre la corrección política y la libertad de expresión...

Está tan de moda últimamente en ámbitos liberales criticar la corrección política cuando según quién dice según que cosas, que a uno le dan ganas de meterse bajo tierra.

Resulta que si Sánchez Dragó cuenta en un libro que se tiró a dos prostitutas japonesas de 13 años y que en realidad ellas casi le violaron, se trata de un mero acto de libertad de expresión creativa que ha de ser protegida. Y que si Salvador Sostres se dedica a contar que le molan más las niñas de 17 años porque no huelen a ácido úrico y parecen lionesas rellenas, aparte de estar mucho más dispuestas a agradar en la cama, y lo dice en un plató lleno de gente, entre trabajadores, público asistente y compañeros de tertulia, es una conversación privada a la que nadie debería tener acceso.

Y según dicen algunos defensores, si la gente se queja es porque:
a) Son personajes afines a la derecha, y sus detractores son unos progres tendenciosos.
b) Porque hay un exceso de corrección política (también impulsada por la perniciosa y siniestra izquierda) y la gente no tiene la libertad de decir lo que piensa.

Y yo comienzo a pensar que el mundo empieza a ir al revés.

Porque sí, entiendo que la ley dice que una niña de 13 años puede irse a la cama con quién quiera, así que Dragó ni siquiera hizo apología de la pederastia. Pero el suyo no deja de ser un comentario que puede ser criticable por lo repugnante que nos parece a muchos el que un adulto contrate prostitutas de 13 años. Y, quizás me equivoco, pero a mí me vendieron su libro como una especie de colaboración autobiográfica entre Boadella y él, así que ¿en que quedamos? ¿Es la libertad creativa de un pergeñador de historietas? ¿O es parte de las memorias de una persona con un comportamiento personal perfectamente criticable?
Para convencerme de que en realidad Dragó estaba intentando escribir una nueva versión del "Lolita" de Nabokov (insigne entomólogo, por cierto) ya llegan tarde...

Y sí, al señor Sostres le han publicado en internet y luego en otros medios una conversación que él ni esperaba ni había dado permiso para que se emitiera. Y sí, puedo entender que estaba de cachondeo.
Pero de un cachondeo de muy, muy mal gusto, y ante el público asistente al programa, lo que hace que sus expresiones no tuvieran nada de privadas, expresando además ideas machistas primero y xenófobas después, para un conjunto como poco vergonzante. Al final, cuando se le hace ver lo inapropiado de su chanza ante el tipo de asistentes, decide continuar con su gracieta, como si diese igual que fueran niños. Y a posteriori nos ha tratado de convencer de que, por el simple hecho de no estar retransmitiéndose en directo por televisión, se trataba de una conversación privada , como si todas esas personas que le rodeaban y asistían al debate en el que participaba, o aquellos que trabajaban en el plató, evidentemente centrados en los tertulianos todos ellos, se hubiesen desconectado igual que la emisión.
Si estuviera en el autobús con un amigo y me dedicara a decir lo mismo que ha dicho Sostres, no me quejaría de que alguien que me oyera me llamara la atención, al revés, se me pondría la cara roja. Porque el ámbito en el que mantengo la conversación también marca su nivel de privacidad. Y eso que en el autobús nadie estará allí para oírme específicamente a mí, como si ocurre en un plató con público.

Se habla muy a la ligera de la corrección política, como si el respeto al otro fuese una cuestión de hipocresía y no de buena educación, y como si al final la gente que procura ser respetuoso con los demás fueran falsos o reprimidos que no muestran al mundo libremente su personalidad.
Y lo cierto es que no, que va mucho más lejos. Que es una cuestión de profunda carga educativa. Que se puede tener el humor más negro y hasta el más soez del mundo cuando uno está en total confianza, pero se está obligado a guardar cierta compostura cuando se está delante de otros a los que ni conocemos ni podemos juzgar apropiadamente, otros a los que igual ofendemos imprudentemente. Y que cuando tenemos opiniones que sabemos que pueden ofender a otros, no hace falta expresarlas sin más solo porque sean nuestras ideas, pues al final nada nos asegura que no estemos equivocados.

Al final a mí me queda el regusto ácido de que se está prostituyendo el concepto de libertad, que se emplea erróneamente para definir algo parecido a "lo que a mí me de la gana", sin plantear ni por un segundo que es algo mucho más profundo; algo cargado, sobre todo, de responsabilidad. Es ese mismo concepto de libertad al que se aferran los que defienden su libertad de disfrutar de las corridas de toros o la de fumar en espacios públicos cerrados, sin plantearse consecuencias de ningún tipo.

Y duele ver como muchos que se denominan a si mismos como liberales hacen tanto daño a un término tan esencial para asegurar el respeto mutuo que tanta falta nos hace. Y como se critica y ataca la tolerancia ante la diferencia, como si fuese una muestra de cobardía y no una muestra de valor ante el miedo a lo desconocido.

Que penita, de verdad...

martes, 26 de octubre de 2010

Riesgo moral

Ayer estuve viendo Wall Street 2, la continuación de aquella gran película de Oliver Stone, de finales de los 80. No está mal, me entretuvo bastante, aunque no termine de apreciar el final. Pero hoy no quiero hablar de cine.
No, hoy quiero hablar de algo que se llama "Riesgo moral", y que apareció en la película en diferentes momentos. Un término que sospecho que mucha gente no conoce bien.

Se define el riesgo moral, de una forma muy genérica, como la situación que se crea cuando alguien toma una decisión sin tener conocimiento de las posibles consecuencias. En esa situación, el individuo corre el riesgo de actuar equivocadamente, pero realmente no actúa voluntariamente mal.
Y hoy en día, en el ámbito económico, se emplea la vuelta de tuerca al término que le dio Kenneth Arrow, que hace hincapié en el tema de la delegación de la responsabilidad. En ese sentido, se incurre en riesgo moral de dos formas :
- Cuando se delega la responsabilidad en otros y se abusa de esa delegación, pidiendo más de lo que pediríamos si ejerciéramos la responsabilidad de forma directa (ejemplo clásico del que abusa de la sanidad pública, por ejemplo, pudiendo llevarla a la quiebra)
- Y cuando la persona en la que hemos delegado nuestra responsabilidad empieza a actuar en su propio beneficio sin medir el nuestro, que es el que se supone que protege (ejemplo típico del político corrupto, creo que todos lo entendemos)

Escuché el término por primera vez cuando comenzó la debacle financiera de hace un par de años, y surgió la "necesidad" de salvar a los bancos para evitar que su caída desembocara en la caída de todo el sistema. En aquel momento, diferentes opiniones críticas con la actuación avisaron de lo obvio: si se salvaba así a aquellos que nos habían metido en aquella situación, no se castigaba con la dureza necesaria ciertas actividades que habían facilitado llegar hasta ella. Cosas como el perseguir beneficios inmediatos, sin pensar en los riesgos de cara al futuro, buscando sólo el bonus inminente que enriquecerá al que maneja la operación pero quizás no asegurará como debiera la inversión. Y con ello se corría el riesgo de que todo se repitiera, de no aprender de la situación.

Por entonces, la mención al riesgo moral surgía realmente desde mentalidades muy liberales, en referencia a que no se podía dejar en manos de papá estado esa salvación del sistema. Los niños-bancos habían metido la pata hasta el fondo, y precisaban pagar por ello, y no se podía poner el peso de la recuperación sobre los contribuyentes, obligándoles a pagar a través de sus impuestos el dinero que otros habían mal-gestionado.
Está claro que muchos de esos ciudadanos habían contribuido a generar el problema desde el otro punto de vista del riesgo moral, dejando que alguien gestionara sus fondos sin mirar cómo, preocupándose sólo de que les devolvieran los beneficios (esta es la forma en la que observaba el riesgo moral Adam Smith, por cierto). Y en el mismo sentido, muchos habían ayudado a acentuar el problema dedicándose a la pura especulación inmobiliaria, la gran burbuja que se ha llevado todo por delante, ignorando la posibilidad de que los precios bajaran, como cualquier análisis sensato sugería.
Pero también estaba claro que el peso de la culpa recaía mayoritariamente en los gestores, supuestos expertos contratados para el fin de optimizar los beneficios, y que en su búsqueda de aumentar los suyos propios, habían facilitado el hinchado de la burbuja diseñando un conjunto de productos financieros que, lejos de reducir el riesgo como pretendían, no hacían sino aumentar y esparcir la mierda.

¿Y que tenemos hoy en día? Los bancos que fueron rescatados en los EEUU se recuperaron gracias a las ayudas y devolvieron el dinero que el estado les puso para quitarse de en medio cualquier obligación para con él. Este año están haciendo un reparto de primas récord, quizás resarciéndose de lo que dejaron de repartir en años anteriores...
A mí todo esto me indigna, claro, como a cualquiera que no sea parte del reparto y tenga un mínimo de memoria y conciencia crítica. Pero más allá de esa indignación, lo que me hace pensar es en la propia esencia del riesgo moral, cómo todos somos responsables y hasta que punto deberíamos cambiar el mundo en el que vivimos para que las cosas no fueran tan despreciables.


No voy a hacer aquí una crítica exhaustiva sobre la responsabilidad de cada uno, más que nada para evitarme el resultar dolorosamente hipócrita, y me centraré en un aspecto que me parece esencial para conseguir ese cambio: liberarnos progresivamente del peso burocrático que atenaza nuestro propio desarrollo social.
No quiero hacer apología liberal, considero esencial un estado fuerte capaz de regular el sistema para evitar los excesos de algunos, establecer un cierto orden equilibrador y facilitar la gestión de servicios públicos esenciales.
Pero echo de menos que los ciudadanos dispongamos de unas herramientas de decisión mayores. Me agobia el mundo político en el que vivimos, en el que opinamos una vez y otorgamos con ello a un determinado agente toda la responsabilidad sobre nuestras decisiones en los siguientes cuatro años (el riesgo moral sobre los gobernantes es en estos casos brutal). Me agobia que ese agente sea un partido que al final actúa con mecánicas propias, y preferiría que fuese algo más directo, un sistema en el que eligiésemos a personas, personas complejas con matices y diferentes ideas. Echo de menos, además, que se me consulte con más frecuencia en aspectos significativos y críticos en nuestra vida, y me gustaría que se trabajara en la dirección de cambiar la política para facilitar el acceso del ciudadano, de hecho creo que a través de la red se pueden facilitar muchas cosas.
Y, en gran medida, me asusta depender de los políticos, sintiéndome un mero peón en un mundo en el que creo que ellos me consideran una piececilla reemplazable, en vez de valorarme como el motivo de su existencia social, que es lo que en realidad somos todos...


Creo que hace falta un cambio, un cambio radical en nuestra forma de entender la política. Pero me asusta pensar que ese cambio solo sea viable fuera del sistema, que las estructuras actuales se hayan aferrado tanto a su poder para evitar esos cambios que el cambio solo sea viable de una forma "violenta", casi revolucionaria.
Me asusta que este asco que le voy cogiendo por momentos a los políticos no hace sino profundizar en esa idea, y que dentro de nada no encontraré en mi panorama político una alternativa en la que delegar que me ofrezca un mínimo de confianza.
Y que cuando acabe votando en blanco tendré encima quién me diga que así he desperdiciado mi voto, y que habré perdido legitimidad para protestar...

Tengo unos amigos que participan activamente en un partido político mínimo (creo que es el PUM+J, "Por Un Mundo mas Justo" ), pero realmente la idea no termina de convencerme, no deja de ser un partido, con mejores ideales, pero sin grandes pretensiones. Y últimamente me ha dado por pensarme el hacerme del "Partido de Internet", que tienen propuestas que me resultan interesantes, pero del que en realidad no sé demasiado...

¿Alguien tiene alguna buena idea? Por favor...

sábado, 16 de octubre de 2010

La vida (3)

En la última entrega de esta pequeña forma de homenajear a la vida, os comentaba muy a grandes rasgos las formas básicas en que se cree que se formó la vida en la Tierra.
Fue a grandes rasgos porque he decidido sugerir más que contar nada, porque espero que a alguien le llame suficientemente la atención las cosas que explico como para seguir indagando por su cuenta.
Y con esa metodología continuaré, a partir de este momento, a explicar uno de los mecanismos de aumento de la complejidad de los organismos más aceptados hoy en día, que además enlaza perfectamente con lo comentado al final del post anterior.

Me refiero, en concreto, a lo que académicamente se conoce como la teoría endosimbiótica, que viene a ser algo parecido a que la unión hace la fuerza (la simbiosis es un mecanismo por el cual dos especies diferentes de organismos interactuan, obteniendo ambos un beneficio de la interacción).
Esta teoría, propuesta por la insigne evolucionista Lynn Margulis (viuda, por cierto, del gran Carl Sagan), propone que las células eucariotas (las de verdadero núcleo, las que conforman todos los organismos superiores) proceden, por fusión simbiótica, de células procariotas (las más primitivas, no nucleadas, que conforman el mundo de las bacterias). Es decir, que diferentes células procariotas se fusionaron dando un nuevo tipo de célula (la eucariota), conformando una entidad superior que les producía beneficios globales.
Lo más importante de esta teoría, desde mi punto de vista, es como hace hincapié en la fusión de esfuerzos de diferentes organismos para alcanzar un resultado superior entre todos ellos. Es un tipo de ayuda y beneficio mutuo que se observa muy a menudo en el mundo de la biología, pero que realmente no se contemplaba como un mecanismo básico de añadir complejidad a un organismo, es decir, como un mecanismo evolutivo. Y para mí es clave porque representa una forma distinta de entender la evolución, que hasta ese momento solo se entendía como el resultado final de "conflictos", luchas, peleas y competitividad que hacían que solo los mejores individuos resultaran supervivientes. Una idea muy fuerte que está aun muy arraigada y que en realidad hunde sus raíces en las mejores ideas de Darwin y las peores de Adam Smith.

Esta teoría, que no está aceptada al cien por cien, aunque se da por cierta en el estudio del origen de cloroplastos y mitocondrias (componentes esenciales de las células eucariotas), va por tanto más allá de su propio alcance a nivel celular, pues supone en realidad un cambio de paradigma y una nueva forma de contemplar la realidad biológica.
Desde ese momento se acepta que la evolución puede producirse no solo por especialización y aumento individual de mejoras que se transmiten a la descendencia, sino que pueden existir también mecanismos que faciliten otras formas de aumentar la complejidad. Mecanismos radicales, cualitativos por encima de cuantitativos, saltos que contradicen las duras líneas marcadas por el neodarwinismo, avances en cierta forma Lamarckistas. Y aunque no hay muchas otras teorías de aceptación masiva que vayan por ese camino en la biología moderna, abre el espectro de lo posible a otras posibilidades no estudiadas.


En cualquier caso, el salto que supone pasar de un organismo procariota (sin núcleo definido) a otro eucariota (con verdadero núcleo) es esencial para alcanzar la complejidad biológica observable hoy en día en la naturaleza. Ninguno de los seres vivos con los que uno está acostumbrado a interactuar a un nivel macroscópico es procariota. Las plantas, los animales, los hongos... prácticamente todo lo vivo que cualquiera puede contemplar es eucariota, y debe su existencia a la adquisición del núcleo. Por múltiples motivos, que incluyen una mayor especialización, una mayor estabilidad estructural o numerosas ventajas en el esencial mantenimiento de la homeostasis interna (el equilibrio químico que precisa la célula para mantener su actividad), organismos pluricelulares desarrollados son directamente inviables en un mundo procariota.

La teoría endosimbiótica tiene actualmente su reflejo más interesante en la Simbiogénesis, que propone la fusión de los genomas de diferentes organismos que viven en simbiosis para dar algo totalmente diferente.
Pese a ser muy revolucionaria, poco a poco va abriendose camino entre las teorías evolutivas y, personalmente, tengo confianza en que acabe afianzándose entre ellas para facilitar ese cambio de paradigma en la biología que creo que tanta falta le hace al ser humano. Necesario para dejar de entender todo nuestro sistema vital como una competencia constante, para entender hasta que punto nos necesitamos, no solo como personas, sino también entre diferentes especies, como seres vivos.

No sé si seguiré con esta línea de posts de aquí en adelante, porque en realidad tengo el blog tan poco activo que no puedo asegurar seguir con nada relacionado con él. Pero no puedo dejar de invitaros a profundizar un poco en este tema, pues creo que además nos deparará grandes y agradables sorpresas en un futuro próximo. Algo que, con el inevitable pesimismo al que nos aboca la economía, intuyo esencial para nuestro desarrollo...

miércoles, 28 de julio de 2010

Periódicos y Toros y Yo.

Debería, como en un mantra, recordarme a mi mismo todos los días que no es bueno leer los comentarios que la gente hace en los diferentes periódicos que diariamente leo por internet. Que me encabrono a lo tonto, y que no merece la pena. Y que aunque den ganas de contestar casi uno por uno para pedir a los radicales de unos extremos y de otros que se paren a pensar, más vale no participar en determinados sitios, o se corre el riesgo de que te contesten y encima tengas motivos para seguir mordiéndote la cola (sí, yo llego)...

Hoy ha tocado con el tema de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Está todo tan politizado y enrarecido que uno lee cualquier diario y entre los redactores solo encuentra articulistas volcados hacia una opinión. Y los comentarios de los lectores... bueno, ya lo he dicho casi todo. Generalmente la gente moderada no participa en los forillos que se montan bajo las noticias.
Y es normal, parece que los radicalismos se retroalimentan, y aunque se trate de comentarios limpiados para evitar expresiones malsonantes o salvajadas extremas, lo cierto es que pensamientos exagerados y poco meditados prodigan como las malas hierbas, golpeándose de un extremo a otro como vulgares peleles...
Yo tengo mi blog, y aunque ya no me prodigue mucho y me lean cuatro gatos, creo que prefiero opinar aquí, que me sale al menos más rentable en discusiones estériles.
Y ya que el asunto del día es discutir sobre los toros, opinare sobre los toros, para no quedarme desactualizado: no me gustan, nunca lo han hecho, pese a que en mi casa se vean con frecuencia. No los entiendo bien, y no solo no me preocupa lo más mínimo que se prohiban, sino que lo considero razonable.


En contra de muchos razonamientos que he visto por ahí, no es tanto que lo decida por que no pueda asumir el dolor del animal pues, como ser humano consciente del contexto histórico y cultural que me ha tocado vivir, estoy acostumbrado a obtener muchas cosas como producto de eso mismo, del dolor de otros animales.
Pero es que a medida que he ido pensando en ello me he ido convenciendo de que convertir en arte el dolor de un animal es algo que deja en mal lugar a las personas. En realidad la percepción del acto como algo artístico queda totalmente en el observador, lo que se demuestra en el hecho de que somos muchos los que no lo encontramos por ningún lado. Mientras que es evidente lo que supone de maltrato y de tortura para el animal (objetivamente, una lucha desigual como la que se produce, en la que lo habitual es que el toro muera, no tiene muchas otras formas de verlo). Así que en su conjunto y su contexto, no veo suficientes motivos para pensar que el placer de los aficionados al ver una corrida pueda justificar la muerte del toro de una forma tan cruel.
En cierta forma, me parece humillante para el propio ser humano obtener ese placer estético, y dado que considero que los otros aspectos valorables en la decisión de prescindir de las corridas, básicamente los económicos, son en realidad marginales en nuestro tejido productivo, y prescindibles de cualquier manera (la mayoría de países del mundo prescinden, de hecho), creo que la prohibición es bastante razonable.

Dicho lo cual, soy más humanista que otra cosa y, como ya decía antes, me parecen una tontería la mayoría de argumentos que se basan "solo" en que hay que evitar cualquier dolor al animal.
Me parece un no entender qué es el ser humano, y no contemplar que la vida es también muerte. Que lo habitual es que un animal mate para sobrevivir, y que en el caso humano se va más lejos porque el ser humano en su conjunto va más lejos y tiene muchas más necesidades. El dolor animal causado por el hombre es justificable, pero hasta cierto punto.

Es solo que creo que los toros sobrepasan ese punto en el que el dolor animal es justificable. Lo hacen, de hecho, en el punto en el que el hombre se deshumaniza, obteniendo placer de un dolor ajeno que no contempla como debiera, pese a no ser un dolor humano. Un punto que ha ido moviéndose y que seguirá moviéndose hacia el menor dolor, a medida que el hombre vaya prescindiendo de su parte más violente y menos humanizada.
Pero un punto que hoy en día no podemos obviar por mucho que suponga un enfrentamiento con mucha gente anclada a una determinada forma de sentir que, personalmente, creo que nos hace peores como seres humanos. No se puede defender con el argumento del arte algo que supone un ataque tan grande a las esencias del ser humano.

martes, 6 de julio de 2010

Ventajismo.

Sí, ventajista, que así va a ser esta entrada. Porque llevo queriendo escribirla desde hace ya un par de semanas, pero no había encontrado tiempo para hacerla. Y precisamente con el paso de los días, la reflexión que quería hacer se ha ido haciendo más y más pertinente.
Además, puede que si la retraso un solo día deje de ser válida, así que mejor aprovecho la oportunidad y lo suelto.Vamos allá.
Hoy quiero hablar de Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza. Ese por el que renombraron el polideportivo de Villa Rosa, donde tantos partidos he jugado. El que consiguió hacernos campeón de Europa e inicio la fase de mejor juego de la historia de la selección española de fútbol. Ese magnífico entrenador que, por méritos propios, pasará a la historia del balompié patrio. Y uno al que me cansaría de defender por alguna de sus peores y más desafortunadas expresiones (Henry, y casi cualquiera, sabe de que hablo).


Pero hoy voy a ser ventajista, y voy a aprovechar que la selección española está mucho más lejos de lo que él jamás consiguió llevarla en un mundial para criticar la actitud ventajista con la que ha venido criticando a la selección desde que comenzó éste de Sudáfrica. Algo que me hubiese gustado hacer desde que abrió la boca en la fase de clasificación, aunque entonces decidí ser prudente para ver si se enmendaba. Y algo que creo que se ha ganado a pulso.

Hay quién opina que Luis Aragonés puede decir lo que quiera, que se ganó ese derecho cuando dirigió a la selección que ganó en Viena. Y que a fin de cuentas muchas de las cosas que está diciendo no son más que verdades, expresadas encima desde el conocimiento tanto del mundo del fútbol como de los propios entresijos del equipo que nos defiende estos días en Sudáfrica. De hecho, no hay más que leer los comentarios de cualquier periódico virtual (deportivo o no) para ver la cantidad de forofo que le defiende a muerte y carga contra Del Bosque a cada paso que da.

Pero esa es una idea equivocada, un error que pasa por alto que Luis Aragonés representa el pasado (innegablemente glorioso) y que en ningún caso debería ser una china en el camino hacia un futuro igualmente triunfal. Y que aunque ahora ese riesgo se antoje lejano, estando España ya en semifinales, es más que posible que con otro seleccionador menos relajado que el actual, algo así hubiera podido suceder.

Luis Aragonés mete la pata por el simple hecho de emitir opinión sobre la selección, siendo él como es el seleccionador saliente. Nunca debería hacer una crítica, por muy basada que pueda estar en la realidad, pues corre el riesgo de desestabilizar a un grupo al que, más allá de haber hecho campeón, debe buena parte de su propio éxito.
Pero es que además en muchas de sus opiniones se desprende la mala fe de aquel que no desea al prójimo un éxito igual al suyo, lo cual es de por si bastante mezquino, y se salta por el camino muchas de sus propias ideas sobre lo que son los códigos del fútbol, esos que hacen que las cosas queden en la cancha y no se trasladen al exterior.
Personalmente, me da la sensación de que Luis Aragonés guarda cierto rencor por como salió de la selección, por como no se le dio la oportunidad de continuar con el equipo para intentar ganar él mismo este mundial de Sudáfrica.
Pero no debería olvidar que vivió la eurocopa de Austria y Suiza totalmente de prestado, después de arrepentirse de dimitir si no pasaba de octavos en el mundial de Alemania. Que en realidad llegó allí casi de rebote y jugando mal, pese a que luego el equipo hizo un gran fútbol. Y que la decisión de dejarle fuera fue la consecuencia de la expresión de su propio deseo de dejar al equipo al terminar la eurocopa.
Así que, pese a que el se sienta frustrado por verse fuera, debería dejarse de comentarios hirientes y centrarse en apoyar a unos jugadores que le quieren y le respetan por haber hecho de ellos los mejores. Y que mejor manera de concretar ese apoyo que con un respetuoso silencio hacia el trabajo de unos colegas que están desempeñando un trabajo que él debe saber bien complicado.

Todo lo que sea salirse del silencio o el elogio, por fingido que pueda ser, es un error, y él debe entenderlo como tal. Porque si al final España acaba dando la campanada será en buena medida por alguna de las decisiones que él tomó en su momento, y nadie le va a negar el mérito. Pero si se empeña en continuar desacreditando a sus compañeros, incluso a sus pupilos, lo único que va a conseguir es perder el respeto de todos. Y eso ni es bueno para él ni para la selección española de fútbol...
Mañana tiene que ser un gran día, ojalá.
Espero que todos lo veamos y que al final las cosas que ha ido diciendo el amigo Aragonés queden en el olvido del que perdona lo malo cuando lo bueno es tan grande...

Aun a riesgo de ser un gafe del carajo, que leches...
¡¡Podemos!!

jueves, 13 de mayo de 2010

Equivocaciones.

Sí, una entrada nueva.
Y no, que nadie busque en el título explicación para la ausencia, la única real es que no me apetecía escribir nada, y probablemente vuelva a desaparecer por un tiempo después de esta entrada.

¿De que va el título entonces? Pues de que hoy he oído algo que me ha llegado al alma y, esta vez sí, necesitaba escribir.

El caso es que vivimos tiempos convulsos, y la crisis económica que se cierne sobre Europa nos ha tocado de lleno (más si cabe) estos últimos días. Y eso ha hecho que algunos se despierten de sus equivocaciones y otros cometan equivocaciones nuevas, para hacer de este mundo un lugar igual de malo y cada vez con menos esperanza de cambio.

Zapatero nunca fue santo de mi devoción, pero no puedo negar tendencias izquierdistas, así que, entendiendo como entiendo que la política es a veces necesariamente falsa, prefería no reírme cuando negaba la crisis, y no llorar cuando se dilataban los errores a la hora de acometer las soluciones que se debían tomar. Medidas muy dolorosas, de las que los cobardes eludimos hasta que se llega a un punto de no retorno, pero que uno espera que se tomen desde la responsabilidad del gobierno y la serenidad del deber.
Es parte de mi culpa como votante asumir esa condescendencia hacia sus errores, aunque sigo pensando que, por desgracia, no existe una verdadera alternativa para mi vocación de voto. Y no nos engañemos, la opción de voto opuesta no le gusta ni siquiera a mis antípodas ideológicas, lo cual explica bastante la situación actual, en la que la oposición es tan mala que ni siquiera tendría asegurado el gobierno de darse unas elecciones en este momento.
Si tuviera que definir la situación política actual con una metáfora, diría que estamos en una carrera de Formula 1 en la que los dos coches más potentes y veloces van sin conductor, y el resto parece que llevan triciclos. Es mala, pero creo que suficientemente descriptiva para explicar como seguimos equivocándonos.

Pero la equivocación que más me ha sacado de mis casillas, y la que de verdad ha desencadenado este post, es la que he leído hoy en varios periódicos, extractado del editorial del "Financial Times". Una que reza: 'España, que lleva mucho tiempo reclamando que no merece estar en la misma categoría que Grecia, por fin se ha dado cuenta de que eso es una diferenciación que le corresponde delimitar a los mercados, no a los políticos.'
¿Y porque me toca la fibra especialmente esta frase? Posiblemente porque es cierta. Pero deja implícita el verdadero error en que estamos sumidos: los seres humanos hemos permitido que la economía se haga dueña de nuestra vida, incluso al más alto nivel, y ya ni siquiera los gobernantes de los países más poderosos pueden ejercer un suficiente control sobre ella.

Y no me entendáis mal, no pretende ser una lectura iluminada de alguien que se acaba de percatar de como funciona la maquinaria del mundo, ya tenía claro desde hace mucho que el dinero mueve a las sociedades, igual que el amor mueve al hombre.
Pero es que me da la sensación de que antes los poderosos se apropiaban de la política en su propio beneficio, mientras que ahora ya ni siquiera les hace falta eso. Y eso me roba la esperanza de que algún día alguien bueno pueda cambiar las cosas.

Porque esa es mi verdadera inocencia, confiar en que desde la política se podía luchar contra la corrupción económica del sistema, y ahora cada día me cuesta más creerlo.

Si asumimos que el parqué se mueve en muchas ocasiones marcado por grandes fondos especuladores que son capaces de modificar por si mismos el movimiento de las bolsas, y viendo el espectáculo de como se apuesta a que el precio de la deuda de un país vaya subiendo hasta estrangularlo y casi quebrarlo, nos damos cuenta muy rápido de que hay cosas que se deberían regular cuanto antes en los mercados si queremos asegurar cierto espacio de libertad para el ciudadano común.

Pero da la sensación de que todos los excéntricos y cataclísmicos movimientos que se producen desde los gobiernos para luchar contra la crisis están muy poco enfocados a romper esa tendencia, y duele ver como al final parecen ser los bancos y las entidades financieras quienes menos pagan el pato...

Están equivocados los políticos, que no atacan la base del problema por no tener valor para enfrentar las consecuencias. Están equivocados también los que manejan el engranaje de la riqueza, que exprimen tanto el limón que dañan la estabilidad social que les permite estar donde están. Y estamos equivocados el resto, porque vamos por mal camino y estamos tan adormilados por nuestras comodidades que no tenemos la voluntad de levantar la voz.


Pero uno puede equivocarse solo un número limitado de veces, y al final los errores se pagan. Y siguiendo por este camino, es solo cuestión de tiempo ver como nos vamos todos a la mierda...

lunes, 14 de diciembre de 2009

Paranormal Activity.

El miedo tiene sus claves y no es fácil manejarlo. Hacer una buena película de miedo es complicado y conseguir tocar la fibra de los espectadores, nada sencillo. Pero conseguir dar miedo, si se consigue, puede resultar muy rentable, y en Hollywood (y cada vez más aquí) lo tienen claro. Por eso hay un montón de películas que se gastan muchísimo dinero en intentar provocarnos miedo, aunque a veces sea mucho más simple y barato.

Cada cual tiene sus propios miedos, tan variables como la propia vida, aunque hay una serie de miedos que suelen tocarnos a todos. Es bastante universal el miedo a la muerte, a desaparecer, y a aquello ligado a ella, a los espíritus y los muertos que regresan, a los fantasmas. Y no en vano es la temática más habitual en el género. Una de las películas que más me ha inquietado jamás es "El Ente", y no es solo muy recomendable sino que además es, para mí, una clara precursora de la película que os cuento hoy.
Pero hay un miedo que está en la base de todos los demás y que, posiblemente, sea el más primitivo en su forma, que es el miedo a lo desconocido. Y cuando se juega bien con él se pueden conseguir resultados magistrales.

Uno de los mayores retos a la hora de conseguir dar miedo es lograr la implicación del público en la película. Se puede hacer trabajando bien la historia, consiguiendo que lo que se narra profundice en la cabeza de los espectadores, pero también se puede lograr a través de la técnica y el formato. En ese sentido son cada vez más comunes las películas que parecen documentos personales ("El proyecto de la bruja de Blair") o supuestas grabaciones documentales profesionales ("REC"), que se basan en emplear una narración en primera persona, desde la cámara, que hace que el espectador se sienta literalmente dentro de la película. Y luego ya depende de que se consiga el suficiente clima de terror para que la historia nos atrape o simplemente nos defraude (personalmente la de la bruja siempre me ha parecido un aburrido bodrio muy bien promocionado).

Y aquí llega una nueva muestra de ese tipo de películas, que en este caso combina cosas de un sitio y de otro para conseguir alcanzar un resultado que, a mi juicio, es más que bueno (y al menos seguro que sus autores también lo piensan, después de ver el resultado en taquilla).

La película comienza en el momento en que Micah compra una cámara con la que documentar a actividad paranormal que se produce alrededor de su novia, Katie. A partir de ese momento empieza a grabar todo lo que sucede en su vida común, sobre todo por las noches, intentando analizar si de verdad ocurre algo extraño o está todo en la imaginación de ella.
A partir de este momento, la película se convierte en el ojo de la cerradura por el que espiamos todo lo que acontece en la casa de los protagonistas. Con ello se consigue que nos sintamos partícipes de la situación, aunque se nos plantee desde el comienzo que todo sucede en el pasado. Y una vez captada nuestra atención, empiezan a producirse una serie de situaciones raras que irán inquietándonos poco a poco, hasta llegar al desenlace abrupto e inevitable que suelen tener este tipo de películas cuando simplemente se deja de grabar.

En cuanto a la generación del miedo, la película es muy efectiva por varios motivos. Inicialmente, porque nosotros, como espías de la escena, lo desconocemos todo. Y eso es interesante, pero también inquietante ante lo que vamos a encontrarnos. Lo desconocido es aquí muy palpable y difícil de manejar en la propia imaginación, así que es muy fácil caer en el clima de miedo que se nos ofrece.
Por otro lado, también desde muy al principio se nos plantea que existen entidades paranormales rodeando las vivencias de Micah y Katie, lo cual también hace que nuestra imaginación se desborde hacia nuestros propios miedos sobrenaturales. Y eso asusta.
Y por último, la propia forma de narrarnos las cosas, a veces como una grabación dirigida por Micah y otras como producto de dejar la cámara olvidada o fija en un trípode, sin nadie para manejarla, hace que en determinados momentos se pierda el sentido de control sobre lo que sucede, con lo que eso afecta al propio autocontrol del espectador.

Por todo esto, y pese a que al final la película pierde sutileza y, con ello, algo del miedo que genera, me pareció una película más que interesante. Ante todo, no sé si es una genialidad del autor o si este tuvo la suerte de dar en el clavo, pero la verdad es que el resultado es muy inquietante, y que te mantiene en vilo durante una hora y media en la que en muchos momentos se sufre de verdad. Pero además sorprende y ánima ver como con muy pocos mimbres se pueden hacer cosas tan buenas. Y pensar que la película costó solo 15.000 dólares y leva recaudados más de 100 millones, es algo que seguro que ha matado de miedo a más de uno de algún estudio...

Muy recomendable si te va el terror. Y de cine total, pues solo allí se apreciará adecuadamente el juego de imágenes y sonidos.
Espero que os guste.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Adventureland.

El mundo de la fama es a veces un tanto caprichoso, y otras depende tanto de determinados contextos que resulta impredecible.
Yo no sé hasta que punto los productores de la saga "Crepúsculo" sabían lo que manejaban cuando decidieron realizar las películas tirando de la serie de libros. Si tenían claro que era un bombazo y que iba a generar tanta expectación y alcanzar el éxito de taquilla que finalmente ha alcanzado, o si simplemente esperaban que fuesen películas con una buena rentabilidad, sin tirar cohetes. Pero lo cierto es que por la elección de sus protagonistas, chicos guapos pero no muy conocidos, me da que pensar que en principio no contaban con algo tan grande. Que apostaron por gente nueva para no inflar los presupuestos y seleccionaron entre caras no demasiado vistas. Y que solo a posteriori se han dado cuenta y, eso sí, han sabido incentivarlo y magnificarlo para ampliar al máximo su fama.

El hecho es que hoy en día tenemos nuevos sex-symbols en la oficina. Ellos, el vampiro y el hombre-lobo, robando el corazón de histéricas jovencitas, y ella, la humana, repartiéndose en un montón de películas para desencasillarse mientras continúa la saga vampírica (ganas tengo de verla interpretando a Joan Jett en el biopic de "The Runaways"). Y de la noche a la mañana todo lo que hacen es noticia y parece que son lo más grande que ha parido madre...

No conozco nada de la saga "Crepúsculo", lo confieso. Ni me he leído los libros ni he visto las películas ni tengo bases para juzgar su trabajo. Pero personalmente me sorprende el éxito de esta chica. No es nada fea, pero no es una belleza, y tiene un aspecto tan de persona torturada, aumentado por sus perennes ojeras, que resulta llamativo que sea tan atractiva para tanta gente (aunque quizás la moda del momento sea ese aspecto torturado y ella esté dando en el clavo, claro).

El caso es que gracias a ese éxito suyo se estrenó en España la película "Adventureland", en cuyo rodaje estaba cuando le hicieron el casting para "Crepúsculo", y que seguramente nunca hubiese entrado en nuestra cartelera de otra forma. Ni en la española ni en ninguna otra, ya qué que se estrene en el 2009 cuando fue rodada en el 2007 sólo se explica por ella. Porque no es una mala película, pero tampoco tiene nada que la haga excelente, porque es una película de producción independiente de esas que si no triunfan especialmente en Sundance pasan desapercibidas y porque está protagonizada y dirigida por medio desconocidos que simplemente hacen un trabajo muy decente.

La película se centra en la vida de James (Jesse Eisenberg) en el verano de su graduación en el "high school". Se supone que es un verano de disfrute, de vivir el premio que sus padres le habían prometido por alcanzar el objetivo de conseguir plaza en Columbia, de viajar y divertirse antes de iniciar la universidad. Pero el padre de James se ve descendido en su empresa, y los planes caen a plomo, y James se ve obligado a ponerse a trabajar en Adventureland, un viejo parque de atracciones, para conseguir dinero con los que empezar sus estudios tal como tenía planeado.
Pero Adventureland, que comienza siendo un odioso símbolo de su desgracia, se convierte en lo mejor que le podría pasar a James, un lugar donde descubrirse a si mismo, donde madurar, donde conocer gente y enamorarse. Y ese verano cambia por completo su vida.

Este tipo de historias tan "El guardián entre el centeno" aparecen de vez en cuando en el cine y no siempre están bien llevadas.
Pero en este caso funciona bastante bien. Sin abusar del romanticismo, sin querer resolverle la vida a cada personaje y sin evitar fracasos ni regodearse en los éxitos, resultando realista, Greg Mottola (que hasta ahora solo era conocido por haber dirigido "Supersalidos") crea una ficción creíble y llena de miserias personales y pequeños triunfos, como en la vida misma.
Si además los actores también están bien, el resultado tiene que ser al menos positivo, y lo cierto es que tiene muchas más cosas buenas que malas.

Pero peca en un punto relativamente crítico, y es en el ritmo.
No es que la película decaiga o tenga momentos en los que las cosas se aceleren o ralenticen sin sentido. Es simplemente que es lenta, y corre el riesgo de resultar aburrida para espectadores poco pacientes. Y que hoy en día hay mucho espectador impaciente para apreciar determinadas películas, pues en base a su calidad la película jamás debería haber tenido problemas para estrenarse.

Personalmente, me resultó una película bastante interesante, y me gustó y me sentí implicado con los personajes. No es una película enrevesada llena de situaciones complicadas, es solo una película sencilla que cuenta una historia casi íntima, aunque por el camino no se deja sin contar un montón de tragedias familiares. Y hace de esa sencillez creíble su mejor baza, pues conmueve sin buscar estridencias que puedan desequilibrar su guión.
Así que, para mí, es una película digna de ser vista en el cine. No para buscar unas horas de entretenimiento intrascendente, ni tampoco para comerse demasiado el coco con cuestiones serias, sino para algo intermedio en que nos conformemos con ver un rato importante de la vida de un desconocido. Si te aburren las cosas así, mejor déjala pasar, pero si te puede resultar interesante, es una buena opción.
Ya me diréis.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

The Sounds.

Hacía ya tiempo que no iba a un concierto, así que hacía tiempo que no comentaba ninguno por aquí. Pero este mes de noviembre pasado he tenido la oportunidad de ir a ver dos y me he dicho que no estaría mal romper el ritmo de posts que llevo, que casi solo me dedico al cine.

El primer concierto que fui a ver fue de un grupo escocés que es poco conocido, pero del que ya había hablado en el blog hace un tiempo. Me ha costado encontrar el post original porque ahora me he dado cuenta de que ni siquiera mencioné el nombre del grupo entonces, pero casi que compenso el error: Camera Obscura.
Pero no me voy a centrar mucho en ellos porque, aunque en vivo me demostraron ser una banda estupenda con un magnífico directo, la verdad es que fue un concierto más bien tranquilo, no me generó sensaciones extraordinarias. Si vuelven a venir es posible que vuelva a ir a verlos, pero no serán una prioridad, que queréis que os diga.

El segundo concierto en cambio fue algo distinto, una experiencia magnífica que repetiré cuando quiera que el grupo vuelva a Madrid (si no hay situaciones de orden mayor que lo impidan, claro). Se trata del grupo sueco (que no finlandés, como me dijeron en el concierto) The Sounds.
A The Sounds los vengo siguiendo desde su primer disco, en el 2002, cuando escuché en la radio la canción "Living in America" y enseguida me enamoré de la combinación del órgano con la voz de Maja, la vocalista, y la fuerza y ritmo impuesto por la batería y la guitarra.


Se podría decir que esos son los elementos principales del grupo, una combinación que hace que en la Wikipedia les incluyan como grupo de New Wave, pese a que para mi gusto lo que hacen es más bien rock independiente e incluso, en ocasiones, música pop y punk.
Pero al final da igual como quieras que lo llames si lo que suena suena bien. Y todos los discos de The Sounds suenan muy bien.
Lo que no sabía era que tal sonaban en directo, aunque había oído hablar muy bien de sus actuaciones. Algo sobre que Maja era un espectáculo en si misma, aunque no tenía noticias de que tal resultaba el resto del grupo. Y la verdad es que salí encantado del concierto, de la calidad de la banda y, sobre todo, efectivamente, de la vocalista, una de esas personas cuya actitud merece casi por si sola el pago de la entrada.

Me explico: el grupo es bueno. El teclista tiene momentos grandiosos en los que sus solos se hacen dueños del concierto, y son muy efectivos transmitiendo constantemente su intensidad al público. Apoyados en los sonidos fuertes de guitarra y bajo, y en la potencia de la batería, hacen que las canciones superen en directo toda la fuerza de la producción de los discos. Incluso hubo un momento en que sacaron a escena un par de cajas de batería electrónica y entre el guitarra, el teclista y el batería se combinaron para hacer un tremendo solo a tres manos, perfectamente sincronizados, levantando al público con algo como poco distinto a lo habitual. Y eso que ya de por si se trata de un público muy entregado que se sabe de pe a pa todas y cada una de las canciones.
Pero si el grupo tiene algo que se sale de verdad de lo normal, eso es su cantante: Maja, una chica que no es arrebatadoramente guapa pero que es algo más que resultona, y una tremenda fiera, al menos cuando se sube al escenario. Y su banda es perfectamente consciente de esa baza, así que le saca el mayor partido posible.

Para empezar, la primera canción la tocaron sin ella, cantando el teclista y con mucho efecto de humo, generando intriga. Pero fue terminar y aparecer ella, y revolucionarse la actuación. Lo primero que hizo Maja fue arrojar el cigarrillo que estaba fumando al público. Ella manda y hace lo que le da la gana, y el público lo entiende y lo acepta sumiso. Y después no dejó de seguir arrojando cosas: latas de cerveza, botellas, algún otro cigarrillo. Incluso puede que soltara algún escupitajo, sin perder aun así nada de su glamour salvaje...
Y a lo largo de la actuación acompañó el concierto con palabras constantes para levantar al público y de bailes subidos de tono para levantar a los muertos. Lo dicho, un verdadero espectáculo en si misma.
Os dejo con un vídeo que he encontrado en YouTube del mismo concierto al que fui, y que me ha sorprendido por la calidad del audio. Os haréis una idea de lo que digo:


Si no conocéis el grupo, os animo a buscar cosas suyas y escucharles sin calma: son un grupo destinado al movimiento. Y si podéis ir a verles actuar en algún momento, no lo dudéis; aunque no os guste mucho su estilo es sin duda un grupo que merece la pena ser disfrutado en vivo.
Termino con otro vídeo de una de sus canciones más conocidas. Este no es en directo, su misión es que apreciéis mejor al grupo:


Espero que os gusten.

lunes, 30 de noviembre de 2009

2012

El milenarismo va a llegar...
Después de haber superado la crisis mundial que provocaron los presagios de Nostradamus (que, la verdad, son tan metafóricos que a saber de que narices hablaba el hombre), ahora nos toca lidiar con los mayas y sus antiguas profecías. Unas que, según algunos intérpretes, nos abocan al fin del mundo a finales del año 2012.
Aquí hay un mínimo desacuerdo, según algunos ocurriría el día 21 de diciembre, para otros es el día 22 y otros dicen que será el 23. Pero vamos, que visto lo visto con otras profecías, podemos fiarnos porque el grado de precisión es muy alto...

Cuando uno intenta buscar información al respecto se topa con el muro que supone internet y sus mecanismos de transmisión de la información. Hay mucha, demasiada. Pero como sucede con casi cualquier tema "raro" o que no sea de pura opinión, es una información demasiado filtrada. Tiene muy pocos orígenes muy repetidos. Y en este caso en concreto da la sensación de que todas las fuentes que se pueden encontrar hubiesen captado sus datos de un mismo sitio original. Es muy difícil encontrar nada que se salga de un determinado esquema, con lo que información real hay muy poca.

Personalmente, dadas las fechas a las que se refiere la profecía, tiendo a pensar que nos está hablando más de un cambio simbólico. Uno, además, muy particularizado, en el que el mundo cambie radicalmente para unas pocas personas ("it's the end of the world as we know it", que diría REM). Posiblemente porque les toque la lotería de navidad y sus vidas ya no sean las que eran... Por lo demás, me declaro escéptico.

Pero, curioso como soy, no pude evitar ir al cine, a ver que proponía la película "2012". Porque, aunque no lo parezca y no lo creáis, este es un post de cine; con mucho relleno, pero de cine. Y sacié mi curiosidad con un par de horas y media de mundos en destrucción, interesantes ideas geológicas basadas en improbables ideas sobre la física de partículas, y falsa bonhomía en los peores momentos que, honestamente, resulta increíble y algo cargante.

(Advierto que hoy no me voy a cortar a la hora de hacer de spoiler, así que allá vosotros si seguís leyendo. Ya lo dice el cartel, estábamos avisados)

La película es un contínuo escapar de situaciones al límite, hasta llegar a un final mínimamente ilusionante que casi produce vómito. El director o el guionista debió tomarse muy en serio su propio sentimiento de culpa por lo mal que los mundos desarrollados hemos tratado a África, así que acaba convirtiéndolo en una suerte de última esperanza para el ser humano. Y resulta tan forzado que de no ser porque toda la película lo es me hubiese producido algo de vergüenza ajena.

Pero supongo que después de más de dos horas narrando situaciones físicamente dudables, uno pierde la capacidad de sonrojarse con las tonterías, así que al final da igual.
Y es que a lo largo de la película uno se inmuniza. La primera vez que un movimiento de tierras pone en peligro las vidas de los protagonistas, resulta... no sé, curioso. Pero a base de que las grietas les persigan y el mundo se transforme en una carrera de obstáculos para los diferentes vehículos que se van empleando en su huida hacia delante, todo se convierte en una repetición constante de las mismas catástrofes en diferentes formatos.

Llega un momento en que parece que los desastres les persiguen en exclusividad y casi dan ganas de que se mueran todos, a ver si así las desgracias consiguen su objetivo y dejan de destruir el mundo. Pero no, las limusinas, las caravanas y los aviones siguen evitando la caída de edificios, pedruscos y bólidos, como si no existiesen las leyes de la física, y parece por momentos que la intención del director sea vencernos por extenuación.

Es en ese momento cuando se produce el único giro interesante de la película. Resulta que mientras te han estado haciendo creer en todo momento que los humanos se van a salvar de su destrucción gracias a super-naves espaciales, a los guionistas se les ocurre darle "realismo" a la película. Uno no sabe muy bien por qué después de tanto tiempo de idioteces les da por dejar de exagerar a lo bestia, pero la verdad es que se agradece el cambio y la sorpresa. Y al final se inventan unas super-arcas, como las de Noé pero a lo grande, en las que los futuros salvadores de la civilización se embarcan para esperar que la Tierra recupere su equilibrio mientras ellos navegan en busca de tierra firme.

Por en medio de esta historia hay que rellenar con seres humanos de carne, hueso y sentimientos, así que se recurre a una serie de tópicos que hagan de la narración algo más fumable. Los rellenos en este caso se llaman Chiwetel Ejiofor y Thandie Newton por un lado y John Cusack y Amanda Peet por el otro. Los primeros tiran más por el lado científico y burocrático, lo que les hace más interesantes pero menos sentimentales. Mientras que los segundos se centran en el concepto de familia, y son más entrañables, pero también más aburridos y predecibles.
Sus actuaciones simplemente son. Pero he de destacar que Amanda Peet sigue muy guapa pese a ir notándosele ya los años, mientras que a Cusack no se le notan nada y sigue siendo el ciudadano medio por excelencia. Confieso que el hermano pequeño de Joan siempre me ha caído bien, sobre todo después de interpretar "Alta fidelidad", una de las mejores versiones cinematográficas de un libro que he visto jamas.

Al final la película tiene algo muy positivo, y es que se acaba.
Como era de esperar, los protagonistas sobreviven y son muy felices, lo cual nos hace olvidar la insignificante muerte de varios miles de millones de personas. Y la moraleja que nos queda es que tenemos que ser muy buenos, porque... porque sí.
Evidentemente, es una película para ver en el cine. Solo así se pueden apreciar en su justa medida los efectos especiales que hacen "creíbles" los momentos de más acción de la película. Y, honestamente, son casi lo único que merecen un mínimo la pena.
Ahora bien, si le pides algo más a una película... si le pides algo... quizás puedas esperar a verla más adelante.
Igual incluso se cumplen las peores profecías y el mundo se acaba en el 2012, con lo que a lo mejor no tienes porque verla nunca. "Always look at the bright side of life", que dirían algunos...