martes, 1 de julio de 2008

Paso de ti.

Lo juro, lo intenté. Esta vez había escogido una película seria y estaba decidido a ver algo con un mínimo de prestigio, pero el destino quiso que acabara viendo de nuevo una comedia romántica.

Según lo que leí en el periódico, en mi cine de referencia ponían "Antes que el diablo sepa que has muerto" a la 1:00. Pero mi cine de referencia tiene más de una franquicia en Madrid, y acabé en la que no correspondía. Así que me metí a ver "Paso de ti", por no ver otras que, a lo mejor, puede que interesen a mis habituales compañeros de cine.

Pero confieso que no me arrepiento. Aun a riesgo de ganarme un merecido prestigio de amante de la comedia romántica, y aunque luego nadie tome en serio mis críticas cinematográficas, tengo que decir que me gustó bastante la película. Que es descarada y divertida, un poco cafre y muy poco ñoña. Y que tiene hasta trasfondo y no es solo algo entretenido con final feliz.

Producida por el llamativo Jude Apatow, su título original ("Forgetting Sarah Marshall") da una idea más clara de lo que nos vamos a encontrar; un tipo despechado que quiere olvidar a Sarah, su exnovia. Pero cuando se lleva cinco años con ella, resulta difícil. Si encima ella es una estrella de la televisión, aun es más complicado. Y resulta casi imposible cuando se hace público que se ha liado con un cantante de éxito...

Ante la crisis emocional que ello le provoca, Peter Bretter, nuestro protagonista, decide huir a Hawaii. Y buscando alojamiento en un hotel de lujo de la isla de Oahu, se encuentra con su ex y su actual novio, disfrutando el uno del otro en el paraíso tropical.

Peter sufre, pero no puede soportar la idea de marcharse y dejar que Sarah piense que está mal. No, él se queda y acaba haciéndose amigo de buena parte del staff del hotel. Además de encontrar algo de diversión y buena parte de su propia personalidad, perdida en los años de relación con Sarah. En el proceso Peter se reconcilia con la verdad de su vida y con las ganas de perseguir sus sueños, mientras Sarah descubre el miedo de ver escaparse los suyos y algunas mentiras en su propia existencia.


La película me divirtió bastante porque es gamberra sin llegar a ser de mal gusto, y porque presenta unos personajes con flaquezas que no son habituales en las comedias románticas. Incluso el rockero en plan místico que recuerda mucho a Jack Sparrow tiene sus dobleces intelectuales y sentimentales. Aquí todos son en parte culpables de sus desdichas, y las situaciones que se plantean suceden sin que finalmente unos queden como buenos y otros como malos.

Por otro lado, situar la acción en Hawaii le da un toque de dejadez que le viene muy bien a la historia, y permite enfrentarnos a personajes secundarios muy divertidos. No busca tramas cursis, como suele ser habitual en este tipo de cine, y consigue parecer un producto diferente. Por ejemplo, me llamó la atención que hubiese varios desnudos integrales a lo largo de la película, casi siempre frontales y del propio protagonista. O que el lenguaje fuese directo y a veces fuerte. Natural, si queréis. Una naturalidad que se expande por toda la película.

Por eso, me quedo con la buena sensación que me dejó al salir del cine. Con su falta de pretensiones y su humor incorrecto pero no ofensivo. Y con el buen trabajo de sus protagonistas, Jason Segel, Kristen Bell, Mila Kunis y Russell Brand, que están muy guapas ellas y muy graciosos ellos.

Una buena opción para pasar un buen rato.

lunes, 30 de junio de 2008

Podemos...

Minuto 2 de partido. Tras una serie de pases típicos del buen juego demostrado por el conjunto español durante toda la Eurocopa, Alemania se hace con el manejo del juego y deja a España anquilosada, sin ser capaz de sacar el balón fácil, como solo ella sabe.


Mientras, en casa de mi amigo Javi todos vemos el partido en la terraza de su piso, en el bajo del edificio, con una mezcla de interés apasionado, excitación y, porque no decirlo, miedo a la derrota. Y Alemania afianza su juego.

Se acerca el minuto 15 y la naturaleza me dice que tengo que hacer un alto en el camino. Los nervios, el miedo, y la coca cola. No me hace gracia. Históricamente, cuando nos juntamos a ver un partido y uno se va al baño en medio del mismo, nos meten un gol. Pero entre orinarse encima o ser abucheado por mis mejores amigos, me decido por lo segundo. Y me voy al baño, acompañado por los insultos de los que más me quieren (sic)...

Bajo la cremallera, meto la mano para.. bueno, para sacármela, y de repente me acuerdo de que llevo los calzoncillos puestos al derecho. En el último partido me los puse al revés sin querer y España machacó a Rusia, por lo que había prometido volver a ponérmelos al revés en la final. Meo, pero después me quito los calzoncillos y me los pongo con la abertura en el culo. ¿Superstición? ¿Homenaje al orgullo gay? Poco útil es, estiliza pero es incómodo. Pero ¿dará suerte?

Informo de la nueva situación a mis compañeros y nada más volver me encuentro con que Torres acaba de enviar un balón al palo. Y poco después, en el minuto 32, en una jugada estupenda el 'Niño' marca un gran gol. Me miro contento a la entrepierna, y sonrío por lo que hay allí oculto.

Y a partir de ese momento las llegadas de Alemania son cada vez menos peligrosas, mientras que España se va adueñando del partido, dominándolo defensivamente sin dejar que le generen grandes dificultades. Y acaba el partido y resulta que, por una vez, hemos podido...

Mis amigos me hacen bajarme los pantalones para comprobar si les he dicho la verdad, y les demuestro mi superstición. Y me voy al baño para poner las cosas en su lugar.


España es campeona de Europa, muy merecidamente, y casi nadie sabe que buena parte del merito está en mi ropa interior. Y me siento un héroe por un día. Uno como Bruce Willis en "El protegido", uno del que nadie sabe. Pero entiendo una vez más (es la mejor conclusión que se saca de los cómics de superhéroes) que ser un héroe es duro, que no siempre te lo agradecen, y que conlleva una gran responsabilidad a la hora de usar "el don" (tendré que escoger muy bien cuando ponerme los calzoncillos al revés).

Y entiendo también que mi don es mi privilegio y mi obligación, y me enorgullezco de emplearlo así.

No, no me lo agradezcáis ahora que sabéis la verdad, no lo merezco y me hace sentir violento...

Continuaré patrullando la parrilla deportiva los fines de semana para intentar conseguir nuevas metas. Y lo haré por vosotros tanto como por mi, porque la felicidad que genera no tiene precio (aunque quizás el precio lo pague mi descendencia, y no me refiero a las pensiones).
Podéis dormir tranquilos...


PD: Bueno, vale, lo escribí nada más llegar a casa después de ver el partido y dar una vuelta con mis amigos, tanteando el ambiente. Y estaba contento eso es todo...
Por cierto, los calzoncillos me los cambio todos los días, no os creáis...
Ah!, y el de la foto no soy yo, pero os hacéis una idea...

viernes, 27 de junio de 2008

Una semana rara...

Esta semana he estado algo más silencioso que de costumbre.

El martes por la noche se me estropeó el ordenador, y no he sido capaz de sacarlo adelante. Así que no podía escribir, y decidí no meter ningún post de los que tenía ya escritos, pues no sabía cuando podría volver a escribir otro.

Ahora tengo ordenador nuevo. Llevaba un tiempo pensando en cambiarlo, pero me tiraba atrás el tener que reinstalar el sistema y todo el software. Pero lo que se me ha roto del viejo ha sido el disco duro, así que iba a tener que hacerlo sí o sí. Por si os lo estabais preguntando, o tenéis algo de empatía por este tipo de desastres, tenía un sistema de mirroring de mis datos (un backup online, instantáneo), así que creo que no he perdido nada. Eso que me ahorro.

El nuevo ordenador está temporalmente en marcha. Temporalmente porque no me gusta nada el Vista, y estoy recopilando drivers para volver a mi XP. Espero no tener problemas, aunque seguro que alguno habrá... ya os iré contando, porque espero darle matarile este fin de semana.

El caso es que hacía tiempo que tenía la idea de hacer un post sobre mi rutina; sobre esa especie de estructura sin adornos de la vida de cada uno, de la que algunos reniegan aunque sea tan necesaria para encontrar equilibrios. Pero esta semana ha sido poco rutinaria y no es la apropiada. Aun así, os contaré un poquillo como ha sido.

El comienzo de la semana estuvo marcado por la visita de mi hermana, la de Granada, con su pareja y mi sobrino (¿hay una forma de llamar a una pareja de hecho con una palabra que no haga parecer que me cae mal? Que en realidad me cae bien, pero dicho así da una sensación rara de desapego. Porque no están casados, pero como si lo estuvieran, ¿como llamarle?).

Mi sobrino es un terremoto que cumplirá 3 años dentro de unos días, y que cuando le regañan por hacer algo malo dice que "quiere ser un papá" que no tenga que preocuparse por nada. Muy grande para su edad (en tamaño), muy coordinado, incontrolable. Y muy divertido cuando se junta con sus otros primos.

Sus otros primos son una niña de 4 años que querría ser una princesa de cuento (y por la que se nos cae la baba a todos) y su hermano de año y medio, que va diciendo "hola" al mundo (seguro que acaba como programador). Y que, como apenas sabe otras palabras, se hace entender a base de onomatopeyas del tipo "uh, uh" o "¡yuju!". Otro con vocación de terremoto.
Tenerles a los tres juntos es como participar en una película de acción, aunque lo bueno es que nunca les he visto pegarse o llevarse mal, parece que disfrutan jugando entre ellos. Es divertido verles, sobre todo al pequeño, que parece que no se entera de nada y se dedica a agitarse y corretear sin que se le entienda mucho...




El miércoles se me estropeó el ordenador. Parezco Enjuto Mojamuto, pero ya os he contado la historia. Solo añadiré que intenté reparar el disco duro con un programa que, a las dos horas de lanzarlo, llevaba consultados 10 MB de los 1.200.000 que tiene el disco. Lo dejé correr, y al día siguiente, por la mañana, estaba en 13 MB analizados, y tenía más de 600 fallos corregidos. Decidí que daba el disco por perdido. Compré un ordenador nuevo, y lo monté ayer.

Por la tarde quedé con unos amigos a ver el fútbol. España -Rusia. Llegué tarde al partido, porque me di una ducha de última hora antes de salir de casa después del trabajo y de haber estado montando el equipo nuevo. No suelo quedar para verlo, aunque en esta ocasión era en casa de uno de ellos, y en plan tranquilo. No me gusta verlo con gente porque a mí el fútbol me gusta mucho como deporte y con cierto conocimiento de la táctica y la estrategia. Y odio verme metido en un ambiente de apasionamiento alocado. Pero así, tranquilo, merece la pena. Ya os lo conté antes... Al final salió todo perfecto. Uno de los mejores partidos que he visto de España. Y además, mis anfitriones me regalaron un disco estupendo, así que me salió la noche redonda.

Después del partido y tras mucha Coca Cola, decidí ir al baño, a vaciar la vejiga. Descubrí que, con las prisas de vestirme después de la ducha, llevaba puestos los calzoncillos al revés. He de admitir que era muy cómodo por delante, y en cierta forma me dejaba un buen tipín por detrás, pero resultaba poco útil a la hora de orinar.

Y hoy es viernes y estoy deseando que termine la jornada para que llegue el reposo del fin de semana. Esta noche iré invitado al Rock in Rio, y el domingo tengo un bautizo antes del partido. Aun no sé si quedaré con alguien para verlo, pero os prometo que volveré a ponerme los calzoncillos mirando hacia donde la espalda pierde su buen nombre. Lo haré por el bien de todos los españoles que desean que la selección gane la Eurocopa... ya sabéis, si ganamos, será gracias a mis calzoncillos.
Feliz fin de semana...

martes, 24 de junio de 2008

Cuestión de ritmo.

Hoy voy a comentar algo que se ha convertido para mí en una especie de obsesión:

La gestión de los tiempos en los actos propios.

Dicho así puede parecer una cosa muy abstracta, algo demasiado difuso como para convertirse en una cuestión obsesiva. Así que igual es mejor que me explique mejor.

Con el paso de los años cada vez me doy más cuenta de que la idoneidad de un acto, de cualquier cosa que se hace, no estriba tanto en la naturaleza del acto en si como en la conjugación de la susodicha naturaleza del acto con la selección temporal en la que se realiza; con el momento exacto en que se lleva a cabo y el contexto que la rodea.
Esto es así hasta el punto de que incluso sucede que un acto puede ser en su naturaleza muy imperfecto y, solo por una cuestión de selección del momento justo, convertirse en algo trascendente. Por lo que, de cara a la importancia de las cosas, he llegado a la conclusión de que casi resulta más interesante encontrar el momento en el que se deben hacer que la acción en si misma.

En definitiva, lo que vengo a decir es que por eso en muchísimas ocasiones da absolutamente igual lo que se haga o diga, que, si se escoge el momento oportuno, el éxito de la acción (entendiendo como tal el resultado deseado) estará asegurado.
Y la importancia real de lo que planteo (lo que me obsesiona en parte) estriba en que sospecho que lo que hace que unas personas sean más o menos exitosas (no observado como éxito social, sino personal) no está tanto en temas de capacidad real, sino en una destreza especial para encontrar los momentos adecuados. En una capacidad diferente para adecuar su vida al ritmo necesario en cada momento y en una visión casi inconsciente que les hace decir y hacer las cosas en el instante justo.

Habrá quien me diga que eso es inteligencia emocional, y que esa también es parte de la capacidad de las personas. Y tendrán razón. Aunque también es cierto que esa parte natural muchas veces es muy inconsciente, y la inteligencia emocional se trabaja. No es solo eso, es como si hubiese gente con una capacidad natural personal de ser lo suficientemente flexible como para sincronizar su metrónomo con los del resto (no dejéis de ver el vídeo).



Pero también creo que hay una buena parte de la selección del momento a la que me refiero que es totalmente casual, que no reside en la persona sino que está en lo que solemos llamar suerte. Me refiero a eso que nos pone en un sitio justo en el instante adecuado y que no depende de ninguna intuición intelectual. Lo que hace que exactamente la misma acción funcione en un caso y no en otro sin que el actor haya hecho ningún razonamiento sobre el resultado final...

Eso es para mí una cuestión de ritmo; de haber adecuado nuestro acto al momento de una forma inconsciente hasta llevarnos al éxito.

Y cada día observo más ejemplos que me hacen pensar que, al final, eso es lo que acaba definiéndonos personalmente, de una forma que no controlamos del todo, pero que es absolutamente decisiva.

lunes, 23 de junio de 2008

Margot y la boda

He de decir que me pasa muy pocas veces que vaya a ver una película y salga del cine desconcertado y sin tener claro lo que me quieren contar. Pues con "Margot y la boda" he dado con uno de esos raros casos, y realmente aun no tengo muy claro que contaros al respecto.

Os puedo decir que está interpretada por una cada vez más plástica Nicole Kidman (y no me refiero a su elasticidad, ni a su capacidad de transformarse en sus personajes, sino a su cirugía) y por una estupenda Jennifer Jason Leigh, acompañados por el histriónico Jack Black. Y que ambas lo hacen bastante bien, mientras que él se queda en... histriónico.
La escribe y dirige Noah Baumbach, que fue nominado al Oscar en el 2006 por la película "Una historia de Brooklin" (maravillosa traducción del original "The Squid and the Whale"). Y creo que pretende profundizar en las relaciones familiares (como en aquella) y en como las familias se destruyen y se reunen a partir de los hechos que conforman las vidas de cada uno de sus componentes.

Pero que queréis que os diga, no me enteré demasiado. Quizás sea porque fui a verla en un horario inusual en mí, o porque directamente la película es complicada, no sé. El caso es que al salir del cine me fui con la sensación de que los personajes que protagonizaban el film, sobre todo el de Nicole Kidman, estaban extremadamente desequilibrados. Y que, pese a tener características profundamente humanas, eran muy difíciles de creer, al resultar muy sacados de quicio.

Y cuando intento entresacar alguna conclusión sobre lo que vi, no encuentro nada, como si el vacío familiar que me han querido contar hubiese profundizado en mí, con lo cual a lo mejor incluso se trata de un acierto. O peor, como si la película realmente no contase nada de interés y simplemente se recrease durante 90 minutos en incidir en los fallos de sus personajes, sin avanzar en ningún sentido...
Honestamente, creo que la película fracasa, pues pienso que pretende ser una visión hiperrealista de los defectos humanos centrados en el ámbito familiar. Pero los personajes amontonan tal cantidad de peculiaridades que resultan de todo menos normales, y la realidad se escapa completamente por sus extravagancias. O eso o los americanos son demasiado raros y aun no me había dado cuenta.

Para los que estáis interesados en verla, pues nada, solo aconsejaros tener paciencia, que cuando parece que al final se pueden resolver algunas incógnitas, la película se acaba, y así da la sensación de que es más corta, y saldréis más contentos. Y para el resto... pues oye, que tampoco hay porque ver toda la cartelera, así que si tenéis algo más interesante que hacer (pintar juncos, por ejemplo), no dejéis de hacerlo.

Y ya sabéis, a ver mucho cine y a ser felices...

viernes, 20 de junio de 2008

Asuntos de familia (III).

Este último "especial" sobre mi familia materna, cuyas partes anteriores tienes aquí (I y II) lo dedicaré a mi abuela.

Mi abuela procedía de una familia humilde. Su padre era pintor, y había heredado bastante dinero. Pero estaba separado de mi bisabuela, con la que vivía mi abuela, y se había ido a vivir a las Canarias, así que vivían del trabajo de ella, del que no dispongo datos.

El caso es que eso debió infundir en mi abuela algún carácter artístico, porque cuando creció y tuvo edad para trabajar se dedicó a ser corista en revistas teatrales de Madrid. Por lo que he visto en fotos y vídeos de cuando era joven, mi abuela era bastante guapa y con muy buen tipo, así que me resulta fácil imaginármela como actriz de revista. En concreto, cuando conoció a mi abuelo, estaba trabajando con Celia Gámez, por lo que sospecho que no debió ser muy bien vista por mis bisabuelos (no quiero decir que las revistas de Celia Gámez fueran subidas de tono, pero era una época en la que ser actriz era algo bastante despreciable). Y algo me dijo mi madre de que por ahí anda en alguna película de la época...
Mis abuelos empezaron a salir juntos antes de la guerra, pero no se casaron hasta que ésta acabó. Ya se sabe, amor en tiempos de guerra.

Como mi abuelo, mi abuela era más proclive al bando nacional. De hecho, como muchos sabréis, durante la Guerra Civil Madrid estuvo por momentos sitiada muy de cerca. Y mi abuela realizó labores de "espionaje", transmitiendo mensajes en cajas de cerillas que vendía en un puesto callejero durante aquellas fechas. Supongo que vivió tiempos mejores.

Al terminar la guerra mis abuelos se casaron. Mi abuelo se dedicó a la sastrería, y mi abuela... a sus hijos y sus tareas, como cualquier mujer de la época. No eran exactamente ricos, pero si bastante acomodados, con servicio y chofer, y mi madre y mis tíos crecieron sin ninguna carencia.

De la vida de mi abuela una vez casada sé más bien poco. Debía llevar una existencia plácida, haciendo vida social con amigas de su entorno, saliendo a hacer visitas y yendo a espectáculos. Aunque también es cierto que no fue una mujer muy típica de su tiempo. Por ejemplo, mi madre recuerda que en una ocasión las monjas de su colegio le llamaron la atención a ella porque el día anterior mi abuela había ido a recogerla en un vestido largo y entallado, rojo pasión y les había resultado impúdico. Y que al día siguiente mi abuela fue a decirle a las monjas que ella vestía como le daba la gana, y que si querían reprocharle algo, que no lo hicieran a través de su hija. Y también sé que, en unos tiempos en los que estaba mal visto relacionarse con homosexuales, ella tuvo muchos amigos gays, con los que compartía muchas de sus reuniones.

En verano se trasladaba con sus hijos a Benidorm, donde pasaban unos meses y recibían las visitas de mi abuelo y su hermano, de rodríguez en la capital. O sino, subían todos al hotel de La Barranca, en Navacerrada, que por aquel entonces no era la ruina que es hoy en día. Pero realmente no hay nada peculiar que pueda comentar sobre ella. Solo sé que conoció a Ava Gardner, pues en las épocas que ésta pasó en Madrid compartieron modista, pero no tengo más datos para añadir chicha a la anécdota.

Los pocos años que compartí con ella me sirvieron para guardar muy pocos recuerdos. De hecho, soy incapaz de rememorar su voz, y aunque sé que era muy cariñosa conmigo y con el resto de mis hermanos y primos, y que me llevaba a menudo de paseo, la recuerdo muy seria, exactamente como en el retrato suyo que tiene mi tío. Y ahora no sé si es porque el retrato captó perfectamente su alma o porque mi olvido ha hecho que esa sea la única imagen fiable en mi memoria. Aunque también es cierto que mi madre me ha contado que tuvo un fuerte y poco comprensible giro a la derecha más áspera cuando llegó la democracia, e igual eso influye en imaginarla siempre enfadada.
Sea como fuera, la recuerdo con cariño. Cosas de la sangre, imagino...

Aquí otro minivídeo de mis abuelos haciendo el ganso:

jueves, 19 de junio de 2008

Desnudando mi Ipod.

Mi Ipod fue un regalo de cumpleaños que me hicieron mis padres y hermanos hace dos. Un estupendo ejemplar de Ipod Nano de la segunda generación, de 8 GB, en un elegante negro.

Cuando me lo regalaron yo estaba usando un Creative Zen Micro de 4GB con el que estaba bastante contento, pero que no resistía la comparación de peso y diseño con el Ipod. Solo le ganaba en que tenía la radio incorporada, pero se soluciona en el Ipod con un pequeño accesorio que, aunque no es barato, me da mejor calidad de recepción que la radio del Zen.

El caso es que al poco de recibirlo, y a pesar de ser muy estiloso, empecé a cansarme de como era, así que le compré unos trajes. Y el otro día, como llevaba ya mucho tiempo sin cambiarle de ropa y ya empezaba a oler, decidí que podía enseñároslo en el blog, desnudito como llegó al mundo y con un par de modelitos.

Allá van:

1. Este es él tal y como me lo dieron de fábrica. La verdad es que está muy bien, en ese negro mate solo interrumpido por la leyenda de los controles y la propia pantalla:


2. Este en cambio es mi Ipod vestido para la guerra. O para un concierto mod, aun no le tengo cogido el truco a su personalidad, con tanto cambio de look. Como veréis, el traje está muy bien diseñado, incluso en sus zonas más delicadas, esas que algunas destripan invocando el espíritu de Innsbruck:


3. Y esta es su versión más freak, con el Flying Spaghetti Monster en el proceso de la creación, tal como lo habría dibujado Miguel Ángel de haber sido Pastafariano:


Tengo otra piel más para el cacharro, una con el cuadro del grito de Munch, que siempre me ha parecido que podía representar a un fan delante de su músico favorito y me pareció muy adecuado para un reproductor de música. Pero la tengo por ahí, guardada, y como no participó del cambio de ropa no pude fotografiarla. En otra ocasión, quizás...

miércoles, 18 de junio de 2008

Banderas.

El domingo de la semana pasada, mientras compartía con mi familia la sobremesa de la comida, disfrutando de la victoria del mejor tenista en tierra de todos los tiempos sobre el mejor de la historia, apareció en pantalla un grupo de aficionados que portaban la típica bandera con los colores de España y un toro como escudo.

En aquel momento, a mi madre solo se le ocurrió decir lo poco que le gustaba esa bandera, y fue rápidamente secundada por mi vieja y solterona tía (a la que suele asistirle "La Razón") y por mi cuñada. Y yo, ante aquel grupo de críticas para mi gusto exageradas, no pude evitar emitir mi opinión. Y mi opinión es la siguiente: que era una crítica estúpida y que estaban sacando de quicio la banderita de marras.

No gustó mi opinión, pues para mis familiares esa bandera parecía ser una especie de ofensa hacia la de España. Una falta de respeto hacia la original. Pero no me convencieron, y yo a ellos menos. Así que, como me gustó la discusión, voy a dejar por aquí mis argumentos, para ver como respiráis.


Aquel rechazo hacia esta bandera me parecía muy exagerada básicamente porque me parece que el respeto a la bandera como símbolo no se debe llevar tan lejos. Aquellos aficionados estaban animando a un jugador que no representaba en aquel momento a ningún país, sino simplemente a si mismo, en una situación totalmente ausente de oficialidad ni protocolo. En mi humilde opinión, esa bandera pretende unir los colores de nuestra bandera oficial con un símbolo de la supuesta lucha y entrega que se les presupone a los españoles, el toro (el de Osborne, cuyas efigies carreteriles son patrimonio cultural nacional y no pueden retirarse, por cierto). Y es, por ello, un símbolo magnífico para animar a un deportista que pueda apreciar tales características (doy por hecho que a un nacionalista vasco igual no le hace tanta gracia).

Pero voy un poco más allá, y explicaré por que además me parecía una crítica estúpida: porque incluso desde un punto de vista nacionalista español, se estaba desenfocando la situación. Esos aficionados que acarreaban consigo una bandera con los colores de España y el toro lo hacían seguramente con el orgullo de sentirse españoles. En ningún caso estaban maltratando ningún símbolo tan fuerte como para sentir que esa bandera fuera un insulto. Es más, la estaban empleando con la voluntad de exaltarse como españoles. Así que criticarles por un mal uso de la bandera, desde un punto de vista nacionalista, me parecía totalmente absurdo.

De hecho, es que incluso en el caso de competiciones representando a España me parece una buena manera para intentar imbuir al deportista de la "bravura" del pobre animalico. Me podría parecer ofensivo si a alguien se le ocurriera emplearla con algún viso de oficialidad. Pero en un partido o en una competición deportiva sin mayor trascendencia, desde la grada ¿de verdad debería importarme un pepino lo que agitaban unos tipos que animaban sin ningún acto de mal gusto a quien yo mismo animaría?

Pues no, honestamente y confesando mi desapego por cualquier nacionalismo, no creo que fuese un asunto ni para discutir ni siquiera para observar mínimamente.
Deduzco que hay mucho de educación en ambas posturas, y que el que mis padres y mi tía estuviesen de acuerdo no es una casualidad (y eso que son de tendencias políticas opuestas). Pero creo que sería mucho mejor para todos que pudiésemos observar según que cosas desde mucho más lejos, y que no nos sintiésemos tan implicados con símbolos que, hoy por hoy, tienen cada vez menos sentido y menos recorrido.

Que luego, cuando se quieren racionalizar sentimientos atávicos, resulta harto complicado...

martes, 17 de junio de 2008

Luces de guía.

Como los Rolling Stones no necesitan presentación, no me voy a molestar en contar nada de ellos. Cualquier cosa que dijera sonaría a viejo, conocido e incluso, quizás, erróneo. Y seguramente solo conseguiría ofender a los que son verdaderamente fanáticos del grupo...
Bueno, yo no pertenezco al club.

A mí me gustan moderadamente. Lo suficiente como para tener un recopilatorio del que tirar cuando busco uno de sus clásicos. Y hoy me voy a centrar en uno de ellos, una de esas canciones que por encima de lo bien que suenan tienen un significado. Uno propio y otro personal.

La canción toca política, amor, vida, dicen que incluso drogas... Y siempre acaba con su pragmático mensaje, ese que nos dice que aunque uno no siempre consiga lo que desee, buscando lo suficiente acaba encontrando lo que necesita.
Pues para mí representa una canción de esperanza, una especie de idea en la que creer, algo que te pueda ayudar cuando las cosas no van bien. Sin más, me dice que siga adelante, porque si sigo adelante acabaré logrando algo bueno.

A algunos le puede parecer una idea demasiado conformista, pero me ayuda a seguir creyendo en cosas, en personas, en mí mismo a veces. Y en realidad no lo es en absoluto, pues obliga a continuar, aunque sea por otro camino.

Evidentemente, la canción es "You can't always get what you want"... but if you try sometimes, you just might find you get what you need...
(El vídeo está bien para verles de jóvenes, pero el link a la canción suena... suena como debe)



Con todos ustedes, sus satánicas majestades...

lunes, 16 de junio de 2008

San Antonio.

El viernes pasado estuve de concierto. Otro más de La Casa Azul, que ya he dejado claro que me encanta y del que no insistiré por ahora. Simplemente, tengo la suerte de que últimamente viene a Madrid cada 2 meses y nos hace saltar a todos sus fans con conciertos que son cada día mejores (pese a que el viernes a nadie con responsabilidad se le ocurriera acallar el chumba-chumba proveniente de la atracción del Pulpo). Y además, también últimamente, con eso de haber ganado cierta trascendencia por lo de Eurovisión, tengo la suerte de que le llevan a actuar a celebraciones gratuitas para el público.

Pero como digo, hoy me voy a centrar en la festividad por la que fue invitado a tocar, una de las fiestas madrileñas más típicas y con más tradición, las fiestas de "San Antonio de la Florida".

Para saber un poquito más de San Antonio, lo mejor es buscarle en la Wikipedia, por el nombre más conocido de San Antonio de Padua. Aquí uno se entera de detalles tan curiosos como que se llamaba Fernando y que es el patrón de las "aeromozas", que viene a ser como llaman en latinoamérica a nuestras azafatas de vuelo. Pero a mí me interesa más la tradición que se celebra aquí en Madrid, con su verbena, sus chulapos y chulapas y la búsqueda de la bendición del santo.

Cada 13 de Junio es típico que se formen tremendas colas en la Ermita de San Antonio de La Florida, casi en la rivera del Manzanares. Aunque en realidad las colas se forman en la copia que se construyo a su lado para preservar sus murales, pintados por Goya, y para mantenerla como panteón del artista, pues sus restos están depositados allí.
Son colas de mujeres que buscan novio, pues la tradición marca que se debe meter la mano en una pila llena de alfileres y que la moza que lo hace tendrá ese año tantos novios como alfileres se lleve clavados. Aunque sospecho que debe haber medios menos dolorosos y supersticiosos.

El caso es que uno de los amigos que me acompañó, desconocedor de que la tradición es solo para mujeres, pensó que igual era una buena forma de encontrar novia. Y se dispuso a ponerse en la cola.
Pronto otro amigo le hizo ver que quizás le sería mucho más fácil encontrar novia allí usando un cartel del tipo "No busques más" o "Me has encontrado", y en lluvia de ideas se nos ocurrieron cosas como "Soy yo", o algo más poético como "El santo te ha respondido". Aunque quizás fuera mejor algo más directo como "En tu casa o en la mía", que hoy en día no hay tiempo que perder... Y a mí, personalmente, se me ocurría algo más salvaje, del tipo "Yo te lo clavo". El alfiler, se entiende, aunque igual podría provocar confusiones...
Eso sí, en cualquier caso, el cartel debería tener un reverso con el que cubrirse las espaldas. Una solución ante mozas interesadas que no te resultaran afines y en el que se pudiera leer cosas como "Sigue buscando", "No, tú no, tu amiga" o "Sigue adelante que al fondo de la ermita aun hay sitio".

Sea como sea, ya puestos a pensar, convenimos que lo de la pila de alfileres era una guarrada, y que ,al final del día, allí más que pillar novio las chicas podrían pillar cualquier enfermedad contagiosa. Por lo que después del concierto hicimos mutis por el foro, no fuera a montarse una de esas películas de zombies infectos a las que nos hemos acostumbrado recientemente, en las que se lo van pasando unos a otros a base de mordiscos. Más vale prevenir...

Pero ahora que lo pienso bien, combinando todas estas ideas me sale una peli de serie C de lo más graciosa, e igual no debería postearlo en el blog, que nunca se sabe de donde pueden salir los imitadores. O mejor, lo dejo por aquí, abierto, a ver si algún comentario me ofrece un final y acabo forrándome vendiéndoselo a Bollywood (os imagináis una de zombies con bailes a lo hindú, la bomba, ni el Thriller de Michael Jackson).
Lo dicho, comenten, comenten...