viernes, 13 de junio de 2008

Persépolis.

Hace unos años, cuando nació mi sobrino el granadino, visité a mi hermana en su casa de la costa y pasé unos días allí con ellos.
Por aquel entonces El País estaba editando una pequeña colección recopilatoria de cómics, y mi hermana se había comprado algunos álbumes que le habían resultado interesantes. Y entre ellos estaba el primero de Persépolis, de Marjane Satrapi, un cómic cuya historia le había enamorado y que había decidido adquirir en su totalidad.

Visto su interés, una de aquellas mañanas me cogí el álbum de la librería y descubrí por mi mismo los motivos que habían impulsado a mi hermana a leerlo: una historia ajena fascinante, de la que poco podía imaginar al ver aquellos dibujos tan simplones, y un compendio de situaciones sentidas y sufridas que hacían del cómic todo un descubrimiento de expresión vital. No me compré la historia, pero me la leí de cabo a rabo.

El año pasado, la película que la autora y Vincent Paronnaud realizaron basándose en el cómic, ganó el premio del jurado en Cannes, y en octubre sacaron la película en España. Pero no me decidí a verla, y no ha sido hasta hace unos días, cuando la han editado en DVD, cuando he podido hacerlo, tras comprarme la edición especial y cumplir con el compromiso que me había impuesto con ella.

La película conserva todo el espíritu del cómic y mejora algunos aspectos de aquel, dándole una mayor calidad a los dibujos y una mayor complejidad a las escenas. Y es una maravilla que consigue que te sientas perfectamente identificado con el dolor tan lejano de la protagonista y su familia. Basada como está en la vida real de la autora, Marjane Satrapi, narra con una aparente sencillez pero una tremenda profundidad la existencia de una familia iraní de clase medio-alta, liberal y alejada de los extremismos islámicos, desde los años 70 hasta hoy. Primero en los ojos de una niña que malentiende el dolor que le rodea. Luego en los de una adolescente alejada por sus padres de lo que más quiere para evitarle sufrimientos. Y después en los de una adulta que pelea por que le dejen ser sin tener que pedir perdón por ello.
Y ataca como una carga de profundidad las injusticias sufridas, con la máxima de la integridad personal como bandera, tal y como predica el personaje de la abuela (fundamental pivote moral a lo largo de la historia).


Resulta una película de obligado visionado. Con calma y con ganas de aprender. Con respeto por los personajes y por sus vivencias. Una película que algún día merecerá la pena enseñar a los sobrinos para que aprendan que la vida puede tornarse dura en ocasiones sin haber hecho nada para buscárselo. Y que esperarás que les enseñe a ser mejores y a valorar lo que tienen. Una preciosa obra de arte.

Ahora que la tengo, me arrepiento de no haber ido a verla al cine, aunque después me la hubiese comprado igual solo por disponer del documental que cuenta como se hizo. Por eso desde aquí quiero recomendárosla a todos, que para algo tengo mi pequeño espacio de expresión.
Disfrutadla.

jueves, 12 de junio de 2008

Pura magia.

Ayer por la tarde anduve viendo a Juan Tamariz, en el Teatro Marquina, en la minitemporada que está haciendo en Madrid. Una actuación que llevaba tiempo deseando ver, aunque solo consiguiéramos entradas de anfiteatro, arriba, con menor visibilidad de la magia de éste gran genio.

La actuación fue muy divertida, tal y como me esperaba de alguien como Tamariz. Es especialmente bueno en el manejo de la distracción y el entretenimiento del público de cara a preparar sus trucos, y es algo que se agradece.
En este aspecto he de decir que, pese a que su elocuencia y trato con el público dé la sensación de que es todo muy natural y espontáneo, lo cierto es que tiene casi todo meticulosamente preparado. He podido verle hacer en televisión alguno de los números con los que nos deleito ayer, y usaba los mismos chistes y las mismas gracias, de lo que deduzco que trabaja su guión con tanto interés como trabaja sus números de magia. Pero lejos de parecer forzado y artificial, la verdad es que resulta tan efectivo y cercano como siempre me había parecido en la tele, y el saber el grado de mecanización de su espectáculo solo me produce una mayor admiración.

En cuanto a la magia, hubo un poco de todo, y los resultados fueron también dispares. Hizo un típico truco de aros metálicos que me resultó muy forzado, aparte de demasiado visto. Y otro en el que un compañero hizo "desaparecer" a su hija tras conseguir que flotara en el escenario tampoco fue de los mejores números, y se vio a la legua donde estaba la magia.
Pero me dejó boquiabierto con los de mentalismo, en los cuales logró adivinaciones más que asombrosas (genial sobre todo un número, telefónico, en el que todo era remoto), y me hizo disfrutar como un enano en los de magia de cerca, en la que es sin duda un verdadero experto. Para ésta última variante de magia, colocó un proyector que mostraba en todo momento sus manos y la baraja, y los trucos fueron excelentes (quizás no tanto por ser inconcebibles, pero sí por su habilidad).

En conclusión, una experiencia estupenda que espero repetir de nuevo alguna vez en mi vida. Especialmente recomendable, para todo tipo de público, aunque espero conseguir entradas de patio la próxima vez.
Os dejo una pequeña muestra de lo que tuve ocasión de ver, actuando recientemente en un programa de televisión que no termina de convencerme:



Magia en estado puro.

miércoles, 11 de junio de 2008

Monólogos.

Como ya he comentado por aquí alguna vez, uno de mis mejores amigos es humorista. Un humorista demasiado implicado con su concepción del arte como para tener éxito, pero un magnífico humorista. Que voy a decir yo, ¿no?, cuando llevas años desarrollando un determinado sentido del humor con los amigos y al final uno de ellos es capaz de ganarse la vida con él, te parece bueno sí o sí. Pero me fío de lo que le he oído a algún compañero suyo de profesión que llegó a ser alguien en el mundo de los guionistas de humor, y que le considera especialmente bueno. En realidad, el problema de mi amigo es que encuentra el humor alejándose de los estereotipos. Y eso no se premia...
El caso es que, a través de este amigo, de la gente que ha ido conociendo en el mundillo y que ahora son sus amigos y de tantos otros con los que ha compartido los escenarios, he acabado viendo una gran cantidad de monólogos, muchísimas actuaciones y muchas formas diferentes de afrontarlas.

Pero no fue hasta ayer que encontré un genial extracto de una conferencia de Kevin Smith, el director de películas tan divertidas como "Clerks", que me hizo reír como ningún monólogo que haya visto en vídeo (en directo las sensaciones cambian).
Kevin Smith es un tipo cuyo cine frecuentaba con disciplina hasta que hizo Dogma, y del que me quedo con "Persiguiendo a Amy" como mejor película, aunque en cualquiera de las suyas demuestra un indudable talento para los diálogos.
Era previsible que, con ese talento, tuviera también buena labia y capacidad para hacerse con el público en un escenario (Silent Bob es solo un personaje). Y en este speech que se echa, en relación a su frustrada participación como guionista en una nueva película de Supermán que la Warner estuvo preparando en 1997, y que se suponía que iba a protagonizar Nicolas Cage y a dirigir Tim Burton, demuestra unas tremendas dotes para la improvisación, el manejo de los tiempos en la narración de una historia y el control del ritmo para meter los chistes.

Dura 20 minutos, así que hay que buscar tiempo para verlo del tirón. Pero, si te gustan los cómics, el humor, el cine, Supermán y las historias de Hollywood, has de saber que sería un crimen no hacerlo:



Disfrutadlo.

martes, 10 de junio de 2008

Ella es el partido.

La película de esta semana fue, por fin, después de varios fracasos seguidos, un gran acierto.
No es que sea la mejor película del mundo, ni siquiera del año, pero es una de las más genuinamente graciosas que he visto últimamente, y de las pocas con un paquete de diálogos suficiente como para forrar una carpeta. Y eso, hoy en día, es decir muchísimo...

La primera escena de la película deja claro que se trata de una obra bastante payasa. Una vaca cuerni-bizca compartiendo el prado con unos jugadores profesionales de fútbol americano, a los que observa con interés según pasan a su lado.
Y lo cierto es que resulta bastante divertida de principio a fin, si bien peca de falta de ritmo en algunos momentos.

Pero retrocedamos para iniciar el comentario como se debe. La película en cuestión es "Ella es el partido", con George Clooney y Renée Zellweger como absolutos protagonistas y John Krasinski como accesorio necesario. La dirige, coproduce y coguioniza el propio Clooney, en una demostración de personalidad múltiple de lo más interesante. Y narra la lucha de un hombre maduro, Clooney, primero por lograr engrandecer el fútbol americano y su propia vida, su sueño, y después por conseguir el amor de una independiente reportera, Zellweger, inicialmente más interesada en la escabrosa vida de una joven promesa, Krasinski.

Entre medias de las historias que se narran en la película, ésta se convierte por momentos en una especie de divertido vodevil, en el que destacan los diálogos que se cruzan Zellweger y Clooney. Ella interpreta a una dura mujer que pelea en un mundo de hombres (años 20) por hacerse el hueco que su talento merece. Y aunque está muy rara, con demasiado botox, demuestra que es una magnifica actriz. Mientras que Clooney, por su parte, cumple aquello que este fin de semana entrescuche en un programa de radio: que es un hombre del que ellas gustan por su atractivo físico y por el que nosotros no sentimos serios prejuicios, habiendo conseguido resultar un tipo entrañable por su carácter asequible y burlón. Un poco a medias entre Cary Grant por la elegancia que tiene a veces y de Burt Lancaster por su presencia física.


Envuelta constantemente en una fotografía color sepia, que ayuda a meterse en la época que se nos narra pese a resultar finalmente algo cansina, la película no termina de centrar muy bien su argumento, pues no queda muy claro si al final lo importante es la relación entre los protagonistas o la historia de fama y desarrollo del fútbol americano.
Pero divierte y entretiene, haciendo que se salga del cine con un buen sabor de boca y la sensación de que, por una vez, no nos han dado lo mismo de siempre. Y a veces uno se pregunta porque motivo no se hacen más películas con diálogos entretenidos y mínimamente inteligentes.

Sin duda una magnífica opción para aprovechar en parte el fin de semana. Disfrutadla.

lunes, 9 de junio de 2008

Ofertas de trabajo.

El otro día uno de mis compañeros de trabajo recibió un email muy curioso que nos llamó mucho la atención.

Era uno de esos que te propone un trabajo, en este caso vendiendo relojes de lujo, para el cual debía rellenar una serie de datos y tras lo cual prometían ponerse en contacto contigo.
Y, como es habitual, ofrecían un buen sueldo por una jornada laboral tirando a corta.

Pero lo que de verdad nos llamó la atención del email fue su asunto:
"Necesitamos empleados en su provincia. Ofrecemos 4051143793611-546536576281Euros por semana."

Por si no han sido capaces de captarlo de un golpe de vista, el email viene a ofrecernos entre medio billón y cuatro billones de euros de sueldo semanal. Vamos, lo que gana cualquiera en un mal día. O, más posiblemente, todos los cualquieras del mundo juntos...

Si uno se pone a hacer cálculos, tomando que el sueldo que nos fuesen a pagar fuese la media aritmética del rango propuesto, cobraríamos 2.298.840.184.946 euros a la semana (unos dos billones y... mucho).
Lo cual, a 40 horas por semana, nos sale a 57.471.004.623,65 euros por hora (algo más de cincuenta y siete mil millones).
Por minuto, 957.850.077,06 euros (casi mil millones de euros), y por segundo, 15.964.167,95 euros (casi dieciséis millones de euros).


Cuando uno juega a los euromillones todas las semanas, se juguetea con la posibilidad de que algún día, a lo mejor, con mucha suerte, habrá un segundo en el que gane esa cantidad de dinero. Pero si llego a saber que era tan sencillo, ni me lo hubiese planteado, hubiese cogido el trabajo de comercial de relojes por internet hace mucho tiempo. Eso sí, para trabajar un par de minutos y hacer caja, que tampoco es cuestión de arruinar a tu propia empresa.

Nosotros estamos bastante bien en nuestra empresa, pero la verdad es que se trata de un sueldo muy competitivo. Y no se si se refieren a eso cuando dicen que todos tenemos un precio...
Aunque igual mi jefe lee esto, confieso que me han dado ganas de contestar a Timothy FEKYYCIBKMEJD, el gerente de recursos humanos que ofrecía el puesto, para aceptar su oferta e intentar colocar a mis hermanos y amigos. Y para plantearle la posibilidad de emplear por turnos a todos los ciudadanos del mundo, que seguro que así acabábamos con la crisis económica (a veces me da la sensación de que los políticos no tienen ninguna imaginación). Porque, los que me conocéis podréis atestiguarlo, soy un tipo muy altruista...

Pero luego me he dado cuenta de que mi plan acabaría fallando, y he desestimado la idea. Y seguiré con mi humilde sueldo. Por que si todos cobrásemos lo que oferta Timothy, la inflación iba a ser de caballo, y no me apetece ver el pan a millón como en Zimbabue, donde este año los productos ya han subido más de un 9000%. Y porque mis padres se iban a hacer un lío con las monedas y los cambios, y seguro que acababan timándoles, son ya mayores...

Además, no tengo muy claro porque, pero me da la sensación de que el anuncio igual era falso. Y sospecho que quizás, llámame loco, se trataba de SPAM...

viernes, 6 de junio de 2008

Un pajarillo enjaulado.

Debía correr alguno de los primeros años de los años 90, y yo todavía estaba forjándome mi propio gusto musical. No recuerdo exactamente el año en cuestión, pero el caso es que ese verano mis padres me enviaron a pasar el verano a los EEUU para mejorar mis conocimientos de inglés (gracias, estimados progenitores), y yo aproveché parte del dinero que me dieron para mis gastos en comprarme un par de discos.

Si no recuerdo mal, los discos en cuestión fueron el "Sunshine on leath" de The Proclaimers, en el que se encontraba la archiconocida y archiescuchada canción "I'm Gonna Be (500 Miles)", pero que debería ser conocido por el resto porque todo él es un disco magnífico, y el disco "Vanessa Paradis", de la francesa de mismo nombre, que me había robado el corazón (bueno, probablemente más bien parte de la entrepierna) con el vídeo de "Be my baby":



Yo, que renegaba de mitomanías siendo un adolescente y que presumía de llevar mis carpetas del colegio limpias de las típicas fotografías de chicas con las que muchos de mis compañeros tapizaban las carátulas de las suyas, he de reconocer que la única foto que jamás llevé en una de ellas (eso sí, bien guardada en su interior) fue una de la señorita Paradis promocionando un perfume de Chanel, vestida como un pájaro sobre la barra de su jaula... Me gustaba su aspecto a lo Brigite Bardot, e incluso ese defectillo suyo con sus paletas separadas me hacía especial gracia.

Con el paso de los años perdí interés en ella. Creo que ella perdió kilos o yo gané cabeza, no sé, pero el caso es que con el tiempo me pareció que estaba enfermizamente flaca, y dejó de gustarme. Aunque aquel disco y aquella canción aun perduran en mi memoria. Y sigo pensando que fue un dinero muy bien invertido: el mío al comprarlo y el de Lenny Kravitz al empeñarse en producírselo a la Paradis (aunque bueno, digamos que no le salió gratis y que había muchos intereses de por medio).

Hoy por hoy la Paradis lleva mucho tiempo de pareja de Johnny Depp, un tipo muy interesante del que cada vez que me acuerdo de la seriecilla en la que salió, me sorprendo de su meritoria progresión artística. Y ya no se parece en casi nada a la niña de 19 años que era en mi foto. Pero no puedo evitar seguir viéndola como un pajarillo enjaulado cada vez que aparece en la tele o en un anuncio.
Memoria selectiva, supongo, o buenos recuerdos que jamás se irán para siempre.

jueves, 5 de junio de 2008

Una placentera estancia.

En el salón, los dos sentados en sendas butacas muy anchas y mullidas, cómodas, lujosas. Dentro de una esplendida casa londinense del más puro estilo victoriano:

- Y dígame, Hans, ¿no tiene usted interés en conocer algo más de nuestro pais? Tan grande, tan hermoso...

- No Mr. Charrles - contesta Hans con su forzado acento nórdico- , en cuanto empiezan los calorres es mejorr no viajarr nada y quedarrse en el hogarr...

- Pues parece que empieza a entrar el verano, quizás sea momento de regresar entonces...

- Si, el verrano. Bonita época parra conocerr Londrres...

- Ya, ya, claro... Aunque estaba pensando retirarme a descansar unos días en mi casita de Higham, ya sabes, "la campiña inglesa" , je, je, je...

- ¡Oh! Porr supuesto... Aunque en esta ocasión no podrré acompañarrle, Mr. Charrles.

- ¡¡No me diga!! ¿Acaso nos abandona ya? Porque para mí es un honor atenderle en esta mi humilde casa...

- No, no, me quedarré aquí a esperrarr su vuelta. Tengo numerrosas conferrencias que atenderr, así como varrios espectáculos teatrrales, y algunos comprromisos... Ya sabe, aquella actrriz...

- Entiendo, entiendo... ¿Y no se va a sentir un poco solo aquí en la casa? Quiero decir, al irme yo... con mi familia... y mis criados... de mi casa... igual queda un poco triste...

- ¡Oh no, no, mi amigo! No se prreocupe porr nada... Sabrré como encontrrar compañia, ja, ja ,ja, ya me entiende... En esta ciudad es imposible estarr a solas. Aprrovecharré parra leerr un poco la magnífica colección de su biblioteca, a la luz de los candiles, con su estupendo vino de Burrdeos. Y supongo que no le molestarrá si uso su dorrmitorrio alguna noche... Ya sabe, aquella actrriz...

- ¡Eh! ¡No!... ¡No!... No... podría negarme, claro... - replica Mr. Charles, con su impoluta educación inglesa.

- Ya saía yo, amigo Charrles. ¡Ah! amistad, divino tesorro, ¿no crree?...

- Divino, si... divino...


Y así fue como Hans Christian Andersen acabó pasando cinco semanas en casa de Charles Dickens, y no dos, como en principio estaba previsto. Lo demás, periodistas sacándolo todo de quicio. Como son...

miércoles, 4 de junio de 2008

Evolución.

Para un biólogo como yo, hablar del creacionismo es algo así como hablar del mayor anatema posible (en su acepción de cosa maldita). Casi casi como comparar la ciencia con las supersticiones y la magia.
No en vano, Theodosius Dobzhansky, uno de los más importantes genetistas del siglo XX y codesarrollador de la Teoría Sintética de la Evolución, tituló uno de sus artículos más famosos de la siguiente manera: "Nada tiene sentido en biología si no es visto a través del prisma de la Evolución". Una verdad que se ha convertido en una especie de tantra para muchos evolucionistas.


El caso es que el creacionismo es, sin más, la negación de la Evolución (nótese el distinto tratamiento que le doy a cada una, el que merecen). Una idea inaceptable para cualquier cerebro mínimamente abierto a la ciencia y, mucho más, para cualquiera que tenga ciertas nociones de biología y sepa lo que es una secuencia fósil.

Eso no quiere decir, ni mucho menos, que se sepa todo en relación a la Evolución. De hecho, han ido a dar con un biólogo especialmente reacio a aceptar el Neodarwinismo (asimilable a la Teoría Sintética) como la teoría definitiva de la Evolución. Uno que cree que nos quedan muchas cosas por conocer para explicar determinados procesos de especiación masiva como la explosión cámbrica o la aparición de algunas estructuras corporales cuyo origen dudo que pueda ser interpretado como un cambio secuencial y progresivo.
Sospecho que nos quedan cosas por saber en el campo de la genética, en la expresión de los caracteres genéticos en los organismos (lo que viene a ser el fenotipo) y en el papel de otras estructuras diferentes de los genes propiamente dichos, para obtener una versión más definitiva de la Evolución. Y creo también que se encontraran mecanismos puntuales que hayan servido para la evolución de especies concretas, que supondrán excepciones a la norma absolutamente válidas.

Pero en los últimos tiempos, impulsado por erróneos preceptos religiosos, el creacionismo está misteriosamente creciendo en algunos lugares científicamente muy desarrollados, envuelto en el concepto del diseño inteligente (de nuevo, obsérvese el tratamiento dado a la teoría). Y es por ello que, sin olvidar del todo mi ateísmo, estoy dispuesto a abrazar la fe de manos de la religión del "Pastafarianismo". Y me proclamo determinado a adorar al "Flying Spaghetti Monster" (FSM) como único dios en el que poder creer (algún día os enseñaré mi Ipod).
Para quién no lo sepa, la iglesia Pastafariana fue fundada en el año 2005 por Bobby Henderson, como protesta ante la decisión de la Comisión Escolar de Kansas de impartir el diseño inteligente como teoría de la Evolución. Lo hizo a través de una estupenda carta, en la que postula las bases de su iglesia, y explica como diferentes hechos se relacionan entre si de maneras que a veces no podemos comprender, todo gracias a los designios del FSM (el poder de su "Tallarinoso Apéndice" - Noodly Appendage - es, simplemente, omnímodo) . Cosas como, por ejemplo, la relación directa entre el descenso de piratas en los océanos y el aumento de la temperatura del globo (lo cual demuestra que si hubiese más piratas resolveríamos cualquier atisbo de cambio climático), de una linearidad tal que parece mentira que no nos hubiésemos percatado antes.

En cualquier caso, sea cual sea la teoría de la Evolución escogida, el camino que llevará el hombre en su transcurso hacia la extinción parece, hoy por hoy, que vendrá determinado por sus propias obras. Hemos conseguido llegar a tal nivel de control de nuestro entorno que tenemos la capacidad de destruirlo totalmente. Y es más que posible que lo logremos.
Por eso quiero haceros la última recomendación de hoy, una suministrada por mi compañero franastor y que no sé si tomarme como invitación para desaparecer de este mundo, pero seguro que haría las delicias de Siniestro Total : el VHEMT (The Voluntary Human Extinction Movement, los vehementes), un movimiento sin líderes que propone que los humanos dejemos de procrear (que no de copular, no se preocupen) para ir extinguiéndonos poco a poco y liberar así al resto de la naturaleza del yugo que suponemos. Una idea cuanto menos interesante...

Ya saben, no dejen de evolucionar pero no se creen malas ideas...

martes, 3 de junio de 2008

Salir del armario.

Aunque mi vida no me ha llevado por esos caminos, entiendo que salir del armario debe ser algo complicado.
Pero andar entrando y saliendo, y usar uno como alojamiento no es que sea complicado... es retorcido.

Pues eso precisamente es lo que se supone que ha estado haciendo Tatsuko Horikawa, una homeless japonesa que aprovechaba las ausencias de un humilde vecino de Fukuoka para entrar y salir de uno de sus armarios, en el que tenía instalada su "vivienda habitual". Para que luego digan que las casas japonesas son pequeñas...

Leí la noticia el otro día y la verdad es que no podía creérmelo. Al parecer la mujer llevaba cerca de un año viviendo en la parte superior de uno de los armarios de la casa del pobre japonés, y salía cuando éste se iba al trabajo, para estirar las piernas y buscar algo de comer en la nevera.
Pero claro, ante la desaparición de la comida, surgieron las sospechas, y el japonés se hizo instalar una cámara de seguridad para averiguar a donde iba a parar.

Más allá de lo terrible de las circunstancias de esta mujer, lo cierto es que la situación es realmente peculiar. Por un lado, demuestra lo educados que pueden llegar a ser los japoneses, que hasta cuando okupan una casa lo hacen ordenadamente, sin llamar la atención del propietario y quedándose en un triste armario. Pero además, no dejo de ponerme en el sitio del okupado, que debía estar pensando que se estaba volviendo loco.
Me lo imagino pensando: "A ver, yo ayer cocine un 'oden' del que iba a comer toda la semana. Y no estoy engordando... Algo falla, o Glutamato Yeye eran profetas, o tengo fantasmas". De hecho, después de haber visto varias películas japonesas de fantasmas, me planteo la idea de que un día le saliera la mujer del armario, en camisón, con la cara pálida, los ojos pintados en negro y el pelo lacio cayéndole sobre los hombros. Seguro que al pobre hombre le daba un infarto, porque, lo que es a mí, esa imagen típica del fantasma japonés (yureis) me aterra...

Por lo que investiga la policía, es posible que la mujer tuviera varios escondrijos más en otros armarios del vecindario. Lo cual concuerda con la supuesta promiscuidad de los que salen del armario, claro (vale, el chiste no vale mucho, lo sé).
Pero en nuestro caso creo que la mujer midió mal sus paseos por la cocina. A fin de cuentas, en una casa con varios habitantes, si algo falta en la nevera no te planteas si se lo ha comido tu esposa, tu hijo o el perro. Pero cuando vives solo, es fácil llevar la cuenta de los alimentos almacenados. Está claro que a la pobre Tatsuko le venció el hambre.

Sea como sea, el caso es que no dejo de maravillarme por la capacidad para sorprenderme de los humanos del mundo. Algún día descubriré que soy un extraterrestre, porque cuando doy con historias como estas siempre dudo en incluirme en la misma especie que los protagonistas. Aunque, pensándolo bien, igual una situación así es de un ingenio tal que, más que asombro, debería producirme admiración y orgullo de pertenencia...

lunes, 2 de junio de 2008

Largo fin de semana...

Este fin de semana ha estado bastante ocupado, como el resto de la semana. Semana larga, bastante agotadora, no tanto por cuestiones laborales como por las que me dio por hacer después del curro y me dejaban tocado de un día para otro...

Comencé el fin de semana el jueves, como cuando estudiaba biología y casi nunca tenía clase en esos días, que al final siempre acababa saliendo. Por entonces, eran salidas diferentes, a un par de locales que nos gustaban bastante a mis amigos y a mí ("Wild Thing", sobre todo) pero que apenas frecuentábamos el resto del fin de semana. Aprovechábamos sus ofertas de jueves noche, y abaratábamos la semana.
El caso es que el jueves, tras salir del trabajo y realizar una visita muy esperada, me fui de concierto. Un concierto que llevaba algún tiempo esperando, el de la presentación del tercer disco de Ellos. Como es habitual en este tipo de conciertos, siempre compro más de una entrada y al final acabo invitando a alguien (en este caso a una buena amiga que cumplió años justo el miércoles). Cosas de que mis amigos no suelan ser del todo afines a mis gustos, que a veces hay que obligarles.
Os dejó su canción más famosa:



El concierto, en "El Sol", no estuvo mal, aunque no me gustó demasiado la actitud del cantante, Guille Mostaza. Sobre el escenario muy bien, dando espectáculo, que es lo que se le pide, gesticulando en su peculiar amaneramiento, divertido, sobrado. Lo que pasa es que, con el disco recién sacado, pretendía que todos los fans se supieran las canciones, y eso puede resultar excesivo. Y sus peticiones para que la gente estuviese más animada fueron, para mi gusto, un pelín desafortunadas.
Al final acabaron cambiando el orden de las canciones, para darle más presencia a las de sus discos anteriores, que fueron profusamente coreadas, pero eso provocó algo de desconcierto con los bises. Por lo demás, sonaron bien (excepto algún chasquido no achacable al grupo) y respondieron a lo que se esperaba.

El viernes, tras conseguir terminar la jornada laboral (el concierto de Ellos empezó a eso de las 23:45) acabé por ahí, danzando por el "Costello", hasta no demasiado tarde, aunque terminé agotado por el cansancio acumulado. Nada reseñable.

Y el sábado acompañe a un amigo a un concierto que daban otros amigos suyos, un grupo muy novel y todavía desconocido llamado "Doctor Murciélago". Sonaron bien, especialmente por las guitarras y la voz del cantante, más que decente. Un tipo de pop bastante ligero, estilo "Danza Invisible", para hacerse una idea, con muchas versiones para animar a un público que no conoce todavía sus propias canciones. Les falta tablas, manejar el ritmo de un concierto y saber conjuntar una actuación más allá de cantar canciones una detrás de otra, pero tampoco se le puede pedir más a un grupo que acaba de empezar. Prometen, aunque no sea mi estilo predilecto.

Y para terminar la noche, fui al cine a continuar mi máster en películas tontas y comedias románticas. Me tiré a ver "La boda de mi novia", la superpromocionada película de Patrick Dempsey y Michelle Monaghan.
Alguien me había dicho que, por lo que había leído, era como "La boda de mi mejor amigo", pero cambiando los sexos. Algo de eso hay, y también mucho juego de contraste de culturas, algo de "El equipo G" (ya que los amigos de él son algo así, solo que sin ser gays) y, sobre todo, de verdades enquistadas. Porque el hace de una especie de rico vividor, un crápula, que lleva muy a gala decir la verdad, pero que vive ocultándose su dependencia de su amiga. Y la descubre tarde.
La verdad, nada que no se haya visto antes y nada especialmente gracioso (si hubiese tenido algo, hubiese hecho una referencia completa para la película).

Y creo que con eso completo el relato. Porque el domingo lo estoy dejando para el descanso, que mañana vuelve a empezar la semana y todavía queda tiempo para tomarme vacaciones. Toca cama, sofá y poco más, que hay que cargar pilas...